Maniquí


IV
Silvia Lainez, estaba realmente sorprendida cuando vio llegar a Lisandro, su esposo portandolivianos maniquíes bajo sus brazos. En ese momento no quiso revelar los temores que le producían esos extraños seres que cobraban vida ante ella.
_ Los dejo sólo por hoy, en el altillo, querida, mañana los cargo en el auto y los llevo. Tengo prisa en entregarlos.
_ Sí, Lisandro, pero sólo quedan dos estantes vacíos. Necesitarás escaleras, sentenció Silvia, tratando  de disuadir a su esposo de alguna forma. Sin embargo, el podría acomodarlos, su talla se lo permitiría. La mujer, se resignó y sólo atinó a asentir amablemente, casi sin poder respirar. No iba a plantearle ninguna cuestión a su esposo, debido a esa confusión de su mente que,  la había hecho padecer en ocasiones pasadas. Pero indiscutiblemente sabía que la guerra entre los maniquíes  y ella estaba declarada, pues ahora, ya no se trataba de una batalla fuera de su casa. Ahora, habían tomado posición en su propio terreno. Un cruel presentimiento la abrazó.
Después de cenar, el matrimonio pasó a la sala para beber un té de tilo que preparó el hombre, “Para conciliar el sueño” ya que deberían descansar para emprender otro viaje de negocios, a la mañana siguiente.  Casi dormidos, marcharon a su dormitorio, luego de haberse abrumado con noticieros y burdos programas televisivos. La noche se presentó tranquila. Pero, llegando el amanecer, un sacudón despertó a Silvia. “Es un movimiento de Lisandro” pensó. Sin embargo, al abrir lentamente los ojos, apesadumbrados por el sueño, dramáticamente vio la realidad que se le presentaba. Los cuatro maniquíes rodeaban la cama, mirándola fijamente. Su esposo no estaba en ella. Lo llamó con un hilo de voz pero nadie respondió, sólo la risa de los seres de plástico que la escrutaban con sorna. Otra vez estaban desnudos, sin embargo, su sexo no estaba marcado.
Sorpresivamente, uno de ellos hizo el intento de acercarse a ella. Silvia saltó de la cama y corrió a la cocina, tomo el cuchillo de la carne que era el más afilado y descargó cuchillazos a diestra y siniestra. En esta ocasión, Silvia estaba enloquecida, una fuerza inusual la dominaba y sus contrincantes no lograban sujetarla. Poco a poco fueron cayendo, uno a uno hasta que el último, el más alto de los maniquíes se abalanzó sobre ella, tomándola del cuello. Luego, logró arrastrarla de los cabellos hasta su cama donde bruscamente la depositó, aplicándole, de inmediato, una de las almohadas sobre su rostro. Los brazos de Silvia se agitaron como alas luchando por su vida hasta que despaciosamente se aquietaron.
Esa noche, no pudo escapar de la tragedia, había sido claramente vencida.
A la mañana siguiente el médico de la familia firmó el certificado de defunción de Silvia Lainez justificando su muerte a raíz de un paro cardio-respiratorio.
_ No te quedes solo en la casa, Lisandro, puede hacerte mal, recomendó el profesional amigo. Si quieres, puedes venir a mi departamento después del velatorio, agregó.
_ Gracias, amigo, lo pensaré. Ahora, he de  acomodar un desorden que hay en la cocina y  me daré una ducha. Luego, voy para la casa mortuoria.
_ Allí te espero, respondió el médico.
Lisandro juntó los restos de sus maniquíes cortajeados y con lágrimas contenidas, que al fin rodaron sobre su rostro, murmuró: “pobrecitos, pobrecitos. . .”
Fin
2012




Comentarios

  1. Millz, versión completa y renovada.

    Buena historia, sabes crear un ambiente tenso con estos maniquís.

    Un abrazo.

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  2. Ya sabía que no estarías ausente, J.Río. Muchas gracias por tus palabras. Un abrazo, amigo.

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  3. Un digno relato de terror. Me he estremecido y he disfrutado mucho con su lectura. Ya decía yo que los maniquies sin pelo no son de fiar y cada vez ponen más en los escaparates Agggggh. Un beso.

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  4. Millz, Excelente relato. Tu prosa es dinámica y la trama succiona al lector desde el comienzo. Es una historia inquietante, surrealista y sobrecogedora con un inteligente final. Muy feliz de volverte a leer.
    Un abrazo

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  5. Gracias Karras, comparto, ¡No me gustan esos maniquies sin pelo! Un abrazo mi fiel amigo.

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  6. Bueno, bienvenida por tercera vez en esta tarde que ya es noche. Estoy revisando mis Blogs porque no había publicado comentarios, ya que he sido, vilmente, atrapada y vencida por no sé qué virus.¡Gracias Felicidad por volver luego de tu merecido descanso! y gracias por estar. Una alegría para mí.

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  7. Conocí el blog por los amigos de Hogar Crecer y la verdad es que ya lo tengo guardado porque es muy, pero muy bueno, mis saludos y felicitaciones.

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  8. Un gusto viajes sola que te hayas quedado por aquí. Te visito. Un saludo cordial.

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Mi agradecimiento por tu conexión.

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