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Mostrando entradas de enero, 2012

Silvana

Esa mañana de primavera Silvana estaba sola y un poco nostálgica. El viento del sur todavía traía fresco en sus oleadas, agitando los durazneros en flor, poblando de pétalos rosados la quinta de su padre. Añoraba su presencia y su compañerismo, pero al mismo tiempo sabía que debería abrirse camino con firmeza por las etapas de la vida que tenía por delante. No se encontraba muy entusiasmada, menos convencida de aceptar la invitación que su prima Genoveva, quien tal vez para levantarle el ánimo le había propuesto. Si bien el mar no le desagradaba hubiese preferido viajar al Norte del país; Volver a la Quebrada de Humahuaca en Jujuy, disfrutar de su colorido mineral de las montañas, de a ratos rojas con vetas amarillas o marrones con reflejos azules, dorados y verdes. Un arcoiris en las piedras. Y, tal vez se animaría a cantar una zamba, acompañada por un buen vino de Cafayate en medio de una Peña Folklórica en donde a nadie conocería. Seguro sería una pieza de su juventud. *** Con su “nido…

El Placero

Antonia estaba sola y cabizbaja con un papel entre sus manos, el que,  aparentemente acababa de leer. Sus ojos oscuros y humedecidos por lágrimas destiladas entre resignación y rabia, lanzaban un mensaje elocuente. El placero la observaba desde un lugar, donde el cúmulo de arbustos le aseguraba no ser visto, detrás de los “siempreverde”,  mientras, regaba con una vieja manguera a rayas, las petunias recién plantadas. Ésa era su Plaza y todo lo que ocurría en ella, era de su incumbencia: desde un banco que se rompía, o  las  hortensias que se secaban o el pequeño que quedaba llorando en las sendas embaldosadas, cuando caía de su bicicleta o patineta, hasta la historia de amor más turbulenta o el chisme más sabroso que se gestara bajo sus sombras, al amparo de hermosos ejemplares autóctonos.
Unos niños que jugaban una competencia con sus bicicletas, casi aplastan a la mujer de mediana edad, quien pudo esquivar el encontronazo, gracias a su agitada intervención que los alertó a gritos. So…

Dame fuego. . .

I
En un minúsculo baño de un restaurante de medio pelo, en Valparaíso, cuyo muro no dividía totalmente entre el destinado a las damas y el propio de los caballeros, ya que no llegaba hasta el techo, pude escuchar una voz varonil que canturreaba: “Dame fuego, dame, dame, fuego, dame el fuego de tu amor”. Inmediatamente mi corazón se aceleró y reconocí el tema: Era de Sandro, Sandro de América, como se lo llamaba al afamado cantante argentino, recientemente fallecido por una larga dolencia que tenía mucho que ver con su obstinado vicio de fumar. Terminé de arreglarme, apurada, poniéndome un poco de brillo en los labios y salí presurosa en busca de mi mesa. Durante el almuerzo traté de reconocer a la persona que cantaba, pero muchos estaban de espaldas a mí, asimismo el lugar estaba repleto de gente, hombre solos, mujeres solas, parejas, turistas jóvenes y maduros, todos tras el precio económico que ofertaba el bodegón y la deliciosa comida que se publicaba en una pizarra expuesta en la v…