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Mostrando entradas de noviembre, 2012

Tres hijos

Si los hubiese visto antes, tal vez no estarían en el estado en  que los descubrí. Una madre sola poco puede hacer. El señor padre, un ejemplar de alta sociedad, bien distinguido, sin penurias de ningún tipo, recorriendo las calles de Lagoa, orondo, con su traje impecable de color canela. La madre, delgada, de grandes ojos verdes, sencillamente ataviada, hacía lo que podía por criar a sus pequeños hijos, dos de ojos celestes por herencia paterna. Los miré con amor y creo que lo advirtieron. No entendieron mi lengua. Ellos eran brasileños. Pedí permiso a su madre y les tomé unas fotografías. Nada más.

2012




¡Pobrecito!

Pasaba por el frente del local, cuando escuché una voz femenina que sollozante gritaba: "¡Asesino! ¡Pobrecito, pobre angelito, lo has matado!" Angustiada, con miedo, pero decididamente curiosa, sin nadie a la vista que me acompañase, entré a la tienda.
Ningún cliente. Sólo la mujer entrada en años, aparentemente propietaria del lugar, acuclillada sobre el piso de  antiguo parquet  donde yacía un hunter muerto y, junto a ella, un perro cocker spaniel de lánguidos ojos marrones que la miraba sin entender sus exabruptos llorosos.


2011

Catamarca

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La imponencia de la Sierra de Ancasti, casi rozando el cielo, se desplaza hacia un valle multicolor, extenso, apacible, cuna de “La morenita” como suelen apodar a la Virgen del Valle, patrona de  Catamarca, movilizadora de almas de distintos lugares y dueña de una historia que se pierde en los misterios de la evangelización de los pueblos originarios que habitaron esta zona de la Argentina. Desde la cuesta del Portezuelo, mirando abajo parece un sueño. . .Y era cierto: “Un pueblito aquí, otro más allá, y un camino largo que baja y se pierde. . .” Efectivamente, como dice la canción: “Paisajes de Catamarca” de Polo Giménez, contemplar desde la Cuesta del Portezuelo, el valle, es realmente un sueño.
Subí a la traffic y me llevé en los ojos los mil verdes del valle. Mi asiento estaba del lado del pasillo del vehículo, así que me dormí en las primeras curvas del descenso. A la mañana siguiente, ya repuesta, decidí visitar los Museos de San Fernando del Valle* y comencé por el Antropológico …

Noticia

La joven mujer estaba parada con los brazos en jarra, mirando desde el ventanal de su Oficina, un horizonte no pensado, un futuro incierto, un camino insospechado. Su cuerpo robusto pero esbelto se perfilaba, de espaldas, alentador. Su falda  a la rodilla tenía un tajo que mostraba parte de sus sensuales piernas. Corrió suavemente el vidrio enmarcado en aluminio y el aire húmedo y frío de junio entró en sus pulmones en un suspiro profundo, tajante como un cuchillo. Unos papeles blancos que se apoyaban en su escritorio cayeron al suelo movidos por la brisa. Se agachó a recogerlos presurosa, cuando un compañero de trabajo le anunció la hora de salida. Agradeció el aviso, se puso su chaqueta y colgó de su hombro izquierdo la cartera, no sin antes guardar en ella los papeles recogidos que lentamente metió en un sobre. Sus ojos verdes estaban enrojecidos, una lágrima resbaló de uno de ellos, mojando el sobre, justo cerca del membrete donde podía leerse: "Laboratorio". Ese día, La…

En el aeropuerto

El vuelo le había resultado largo, tal vez, el más largo de su vida. En Ezeiza, la cabeza ya le giraba en derredor y su estómago se le encogía, casi doblándola. Evelyn viajaría a Toulouse ese fin de semana, luego de pasar unos días con Sebastiana,  su tía abuela,  en Madrid. Rebeca Spillman se lo había pedido por tercera vez, quería presentarla en su grupo de amigos y parientes para terminar de definir una situación clandestina llevándola a la luz de las opiniones. Ello significaba blanquear la relación entre ambas y por supuesto le originaba un miedo disimulado y le planteaba mil interrogantes. ¿Estaba ella preparada para enfrentar tamaño conflicto? ¿Podría dar el paso ante gente conocida sólo a través de algunos videos caseros sin haber ahondado en sus creencias? ¿Se evaluaba realmente madura para la ocasión? Muchas preguntas y pocas respuestas, en torno suyo. Rebeca no claudicaría como en otras ocasiones, estaba totalmente decidida.  Evelyn tomó desde Barajas el vuelo de Air France …

Jacarandaes

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Micros motivados con la palabra: Jacarandá




Ha terminado noviembre y casi no quedan flores azules de jacarandá* en las calles y veredas de mi ciudad.

Me gusta caminar a la siesta cuando no hay nadie que pase, para zambullirme, sola, en el mar azul-índigo-liláceo de las flores del jacarandá.
Las flores del jacarandá son celestes, algunas pueden verse casi azules y otras casi lilas, como un colchón en las veredas y jardines.
Me traen recuerdos de la adolescencia, cuando al amparo de su sombra, entre fábulas y esperanzas, jugábamos a ser grandes, junto al jacarandá del patio de la escuela.
Son hermosas las calles de mi ciudad vestidas de azul en octubre y noviembre con su tinte azul primaveral del jacarandá, atrayendo los recuerdos.
Hoy me siento tan joven como ayer cuando veo en la vereda del colegio secundario, otro jacarandá, añoso, de grueso tronco oscuro, cubriendo con su lluvia azul-celeste, la calle y la gente.Y pienso en la belleza de este árbol, duradera, imperturbable, tanto como la d…

Esquela

La mujer no era joven, tampoco vieja, pero contaba unos cuantos años. Poco a poco dejó de hablar hasta que quedó muda. Llegó el día en que no pudo decir ni un sí ni un no. Su esposo comenzó a preocuparse y la llevó al médico. Se sintió defraudado por el profesional, ya que nada le encontró. Sin embargo la había derivado a un especialista y así comenzó el derrotero en busca de una solución a la mudez de su esposa. Los resultados se presentaban casi siempre con tintes negativos, hasta que siguiendo la última recomendación, terminaron en el consultorio de un psicoanalista. El prestigioso profesional de importantes honorarios que perturbaban aún más al hombre, comenzó a tratar a la mujer no permitiendo la participación de su marido durante las sesiones, hasta que él lo creyese conveniente y necesario. Luego, la paciente acudiría a la entrevista  semanal, sola, aunque su esposo, ofuscado la aguardase en el auto, a pocos metros de la Institución. Una de las veces se cansó y subió hasta la s…