¡Pobrecito!

Pasaba por el frente del local, cuando escuché una voz femenina que sollozante gritaba: "¡Asesino! ¡Pobrecito, pobre angelito, lo has matado!" Angustiada, con miedo, pero decididamente curiosa, sin nadie a la vista que me acompañase, entré a la tienda.
Ningún cliente. Sólo la mujer entrada en años, aparentemente propietaria del lugar, acuclillada sobre el piso de  antiguo parquet  donde yacía un hunter muerto y, junto a ella, un perro cocker spaniel de lánguidos ojos marrones que la miraba sin entender sus exabruptos llorosos.


2011


Comentarios

  1. ¡¡Como se les llega querer!!!, como uno mas de la familia, el compañero incondicional, el buen amigo..

    Un abrazo, Zuni

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  2. Gracias María, un gusto que me visites. Un abrazo para ti.

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