Sin soñar un Poema. Sin conocer un lugar. Sin admirar una pintura

Del Poema "Alma venturosa"

“Al promediar la tarde de aquel día,

cuando iba mi habitual adiós a darte,

fue una vaga congoja de dejarte

lo que me hizo saber que te quería.”

De Leopoldo Lugones (1874-1938)

Poeta argentino

Aviso de "Un Cambio"

A partir de 2017, los Microrrelatos o Mini cuentos dejarán de ser una expresión en este Blog y, junto con los poemas brevísimos, también hijos de mi pluma, formarán parte de otro proyecto. Espero poder concretarlo.

Como hojas al viento

Las entradas de este Blog se publican en 2017, cada martes a la medianoche, desde la República Argentina.

Coordenadas 31°4000S 64°2600O

domingo, abril 29, 2012

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Ese verano Efraín había decidido pasarlo en la posada de su abuelo. Estaba harto de la ciudad y vacacionar en el mar otra vez, no lo entusiasmaba. En cambio, mirar las sierras, cubiertas de verdes oscuros, escuchar el sonido cantarino de un arroyito saltarín, distraerse con los turistas que van y vienen por el hotelito, eso sí lo reconfortaba. Por otra parte lo había hecho muchas veces en su niñez y parte de su adolescencia, siempre al amparo de su abuela Alicia que lo llenaba de mimos y complacía su gusto con las riquísimas empanaditas de queso.
Llevaría, por supuesto, su Notebook para divagar entre números y cálculos. Para proyectarse y entretenerse en la Red con sus amigos cibernautas a quienes dedicaba parte de su tiempo, luego del regreso a casa, pasada la jornada laboral.


Se adaptó rápido al movimiento diario de la Posada. Había elegido, para desayunar, una mesa junto al gran ventanal para ver la gente pasar y disfrutar de los hermosos ejemplares autóctonos y exóticos de la tradicional plaza que se ubicaba justamente enfrente.


La camarera tenía todo listo para cuando él llegaba. Cumplía un ritual: Primero desayunaba tranquilo mirando hacia fuera ensimismado en sus pensamientos, entrecortados por algún, ¡Buen día! y luego de saborear el rico café con leche con tostadas calentitas, humeantes, manteca y dulce de algarroba, miel o arrope de chañar, abría su equipo y permanecía horas, trabajando en lo personal y compartiendo con personas, quienes virtualmente, solían arrancarle alguna sonrisa o gesto de preocupación.


Una mañana de la primera semana de estadía, en su última mirada hacia la plaza, antes de conectarse, la descubrió caminado apurada por la avenida embaldosada que desembocaba, casi justo enfrentada con el Hotelito. Allí cruzaba ella todos los días en un repetitivo trayecto diurno. Un día, de tanto mirarla, los ojos de Efraín se encontraron con los de la mujer. A través del vidrio y la distancia, él sintió cómo, una especie de estremecimiento se apoderaba de la joven.


Poco a poco fue observando su cabello ensortijado, casi rubio, su cuerpo gentil, sus ojos que no desviaban la mirada.


Ella, todas las mañanas, cruzaba a la misma altura, la ancha calle que separaba la plaza de la Posada y giraba en ángulo recto hacia el sur. Efraín la contemplaba absorto a través del ventanal de vidrio fijo, con una estrecha banderola en su parte superior, que su abuelo abría todas las noches, para que entrara “el fresco”. Cada desayuno traía una emoción contenida para Efraín que no compartía con nadie. Se apuraba a beber el café, para esperar a la mujer y mirarse en sus ojos claros.


Siempre se miraban, cada vez comenzaban desde más lejos hasta casi enfrentarse rostro con rostro ante la vidriera inmóvil. Una mañana diáfana, Efraín levantó su mano en señal de saludo y ella le contestó con un aleteo de la suya. Más tarde, se saludarían con un desapercibido movimiento de cabeza y una franca sonrisa.


Pasaban los días y el visitante iba sintiendo una necesidad cada vez mayor de divisar a la muchacha, apenas se sentaba a la mesa del desayuno. Como todas sus cuestiones personales, esta extraña relación con la joven que cruzaba todos los días por el mismo lugar, le pertenecía y la callaba, cerrándose al saber.


Cada noche Efraín, contaba los días que le restaban en la Posada familiar y soñaba con el nuevo encuentro por la mañana.


¿Qué magia imperceptible y recíproca se apoderaría de estos dos seres que, sin hablarse, con solo mirarse se conectaban? ¿Qué hilos invisibles los acabarían uniendo, sin tocarse, sin olerse, sin juntarse cuerpo con cuerpo? ¿Qué razones escoge el alma humana para elegir el momento y el lugar, la persona y el entorno destinados?


Esa mañana, la joven se acercó como nunca al ventanal y apoyó su mano sobre el vidrio, sumergiéndose en los asombrados ojos marrones de Efraín. Él le contestó el gesto y apoyó su mano sobre la de ella, como si ningún elemento los separara. Y pudo sentir la vibración de su amada y ella advirtió, dando un respingo hacia atrás, casi asustada, el palpitar del hombre. Se fue presurosa rumbo al sur.


Dos días negros consecutivos llenaron de angustia el corazón de Efraín, cuando al ritual cotidiano le faltó la presencia de la mujer.


Su abuelo, preocupado, le preguntó si se sentía mal, porque lo veía callado y pálido como si no hubiese dormido bien, a lo que Efraín respondió desviando la atención del anciano, alegando un malestar estomacal. El abuelo sonrió y ordenó: "Entonces, hijo, no tome café, hoy tomará té de hierbas serranas que lo van a componer rápido."


Las hierbas, por más sanas y acertadas, no tuvieron efecto. No ver a la joven de pelo rubio a la cual se había unido y comunicado a través del inimaginable poder de su mente, era suficiente para no permanecer en el lugar un solo día más. Llegó el último desayuno. Había mirado reiteradas veces hacia la plaza, pero no la detectaba, sin embargo la presentía.


Vuelto a su café con leche de la despedida, con la Notebook cerrada, se había quedado quieto, pensando en razones infundadas, en respuestas insuficientes, en la trama imperceptible que ocupa los espacios de la vida.


No miraba hacia la plaza, menos al ventanal. Había fijado su vista en un punto blanco que sólo él distinguía.


De repente, el prana que todo lo ocupa se agitó, sus sentidos se agudizaron y sus labios se abrieron para beber todo el sentimiento de esa boca húmeda que le acababa de estampar el más cálido de los besos que hubiese recibido nunca.


El tiempo que duró el contacto le pareció infinito e insignificante a la vez. Ella le tomo el rostro entre sus manos blancas y, lo miró tan dulcemente que sintió como si se le partiese el corazón.


No hubo palabras. La joven de pelo casi rubio ensortijado, salió rápidamente del salón comedor del hotelito y apurada siguió su rutinaria caminata calle abajo.


Efraín no intentó alcanzarla, en realidad no la alcanzaría. Manejar con velocidad su silla de ruedas, aunque moderna, no se lo permitiría.


El abuelo, presente detrás de la barra, fingía repasar con una limpísima servilleta las copas lavadas de la noche anterior.


El huésped preguntó:


_Abuelo, ¿quién es esa chica?


El anciano contestó:


_Es la joven con la que te has estado mirando todo este tiempo, hijo. Va todas las mañanas a aprender lengua de señas en la escuela Municipal, porque es sordomuda, la pobrecita. . .


2010

sábado, abril 21, 2012

/


Caminando por el Boulevard, esa gran avenida dividida en dos anchas vías, diseñadas entre una explosión de petunias azules y margaritas blancas, Ismael miró su reloj y supo que todavía había tiempo. El glamour del lugar, aceleró su ímpetu de retroceder. Las luces se proyectaban tras las amplias vidrieras que  alcanzaban la acera misma y dibujaban formas entre las copas de los frondosos árboles. Sofrenó sus deseos de volverse sobre sus pasos y, un poco nervioso, decidió que entraría igualmente. Las Galerías de Arte, no eran de su total agrado y nunca había podido explicarse la razón, ya que  sus dotes de escritor en ciernes, deberían ser compatibles con aquéllas. “Tal vez, no” pensó, pero las tendencias insinuaban que  estaba equivocado. Los artistas se reúnen en sus propias áreas y se mezclan en las ajenas, porque todo es expresión del Arte. En la ocasión, haber asistido resultaría la mejor opción, desde cualquier esquina de su vida que lo mirase. Se había marchado de la oficina, apesadumbrado. La oquedad de su pensamiento depositado en esa relación enfermiza a la que le costaba poner término, le exigió oxigenar sus venas para darse cuenta que aún su sangre corría por ellas.  Un certero golpe dejó su confianza aniquilada y en tinieblas, al amor que sintió por Silvia. No había podido superar sus celos ante el repetido coqueteo de ella, nada menos que con persona tan conocida por ambos. No obstante, siempre había triunfado su disimulo. Tampoco la dejó, aunque el vínculo estaba  más que endeble, pendiendo sólo de su última palabra. Mientras discurrían sus indeseados pensamientos, recordó que la invitación provenía de su compañera del taller literario, el segundo que compartían. Si la hubiese tenido que bautizar, le hubiese puesto por nombre: “Elegía” Así era ella, pero no estaba en el Olimpo. Era un ser sufriente y a él no le importaba. Disfrutaba de sus comentarios sobre lo aprendido en cada clase, a pesar de que no veía en ella grandes cualidades literarias. Muchas noches pensó en los ojos oscuros y el porte latino de la mujer, cuando la traía a su vigilia para sepultar la imagen de aquella otra que trataba de arrancar de su existencia. Un excéntrico asistente entabló conversación con él y le acercó una copa de vino espumante. “Antes le llamábamos, champagne,” se dijo asimismo con dejo de consternación. En segundos zafó de su interlocutor y buscó a su amiga, moviéndose entre gente que utilizaba un lenguaje desacostumbrado para sus oídos. Exponía Tianne Goite. No la conocía. Se detuvo frente a una de sus obras y se quedó observándola, luego observó otra y otra, para terminar regresando a la primera pintura. Un óleo, que a partir de bocanadas púrpuras y naranjas, marcaba un zigzagueante sendero en cuyo aparente final amanecía una luz dorada. Sencillamente lo atrajo.
“Es muy hábil en el ámbito de esta técnica pictórica”  escuchó decir a sus espaldas. “Además de artista consumada, también se dedica a restaurar cuadros al óleo” fue el segundo comentario. Casi con recelo, Ismael se volvió y preguntó a la señora mayor que contemplaba y comentaba la obra:
_ Disculpe mi atrevimiento y mi escaso conocimiento ¿La pintura al óleo se caracteriza porque emplea aceite para disolver los colores, verdad?
_ Efectivamente joven, y ha sido la más importante técnica pictórica desde el siglo XV hasta nuestros días, si bien algunos autores afirman que fue utilizada, también en la antigüedad, respondió con satisfacción la mujer.
_Qué interesante, repuso Ismael,  y se apresuró a aclarar que no tenía información al respecto y que había recalado en la Exposición cumpliendo con la invitación de una amiga. Estimulada su interlocutora con la confesión del joven se apresuró a informarlo sobre los pintores flamencos y su tremendo trabajo desarrollado entre los siglos XV y XVI, época en la que se dedicaron a consolidar y difundir la técnica a través de sus obras. “La pintura al óleo, si bien exige un gran dominio y una gran experiencia, proporciona al artista un resultado maravilloso, una representación inmediata y fresca”, terminó con vehemencia la mujer.
Agradeció con cortesía y liberó a la visitante de su ignorancia. Continuó dando vueltas por el salón en busca de su amiga. No la veía y comenzó a preocuparse. Se detuvo frente a otra de las obras expuestas, pero esta vez, con un brillo distinto, resplandeciente. Si le hubiesen pedido opinión seguramente elegiría el primer cuadro, es decir la pintura al óleo. No lo motivaba tanto refulgere.
La mujer de las explicaciones, ubicada en un ángulo del primer salón, lo vio un poco desorientado y suponiendo que no entendía aquel acrílico, se acercó y con cierta confianza y amabilidad, le preguntó:
_ ¿Le gusta este acrílico?
_ No me conmueve tanto. ¿Es otra técnica distinta, verdad? respondió, rindiéndose ante la sabiduría de su interlocutora.
_ Efectivamente, como sabemos, la pintura al óleo emplea como medio el aceite. En cambio cuando el material usado es sintético, viene en tubos, igualmente que los óleos, y se diluye en agua, la viscosidad puede ser de consistencia similar a la del óleo. Muchos artistas actuales prefieren la pintura acrílica a aquél, por distintas razones, principalmente por su modernidad e innovación, con sus ventajas y desventajas, (su secado rápido, por ejemplo). Se podría decir, joven que el acrílico es el sustituto moderno del óleo, concluyó la experta, rematando con un  ¿Satisfecho?
_ Totalmente, Señora. Hoy he aprendido muchas cosas, entre ellas he captado los sentimientos del autor impresos en su obra. Me ha gustado más el óleo. Ha sido Ud. muy amable y con una reverencia en desuso, se retiró del lugar, dejando a la mujer degustando unos bocadillos que se veían muy sabrosos.
Nuevamente se detuvo en la colección expuesta, eligiendo una segunda obra que le había sugerido un estado espiritual de paz, necesario en esos momentos de su vida. No pensó más y se zambulló en la marea azul peltre del cuadro. Desilusionado, por la ausencia de su amiga, aunque no incómodo, se disponía a dar su última ronda antes de retirarse, cuando un amontonamiento efervescente de personas frente a la primera obra  que lo había impactado, atrapó su atención.
Allá vio correr a varias muchachitas e incluso a la Señora mayor de las explicaciones.
La pintora Tianne Goite acababa de ingresar al salón en medio de algunos flashes  y de la algarabía de la gente. No podía distinguirla dentro del círculo apretado que la encerraba, pero en cambio divisó los ojos marrones oscuros de su compañera que también estaba contenida en el tumulto. Se dirigió hacia ella y con una sonrisa a flor de piel la alcanzó y la abrazó. Nunca lo había hecho antes, pero esta vez, se sintió feliz al verla, se sintió acompañado. Sorprendida, Tianne Goite, también lo abrazó, largamente, ante la mirada atónita de su profesora, que no alcanzaba a entender nada. . .
2012

sábado, abril 14, 2012

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¿Qué podía hacer ella? La vida se le había escurrido como agua entre las manos. ¡Se le había gastado tanto! ¿Estaba loca?
Una intensa carrera por los andariveles del tiempo con aciertos y desengaños, la depositaban en ese Café de la pintoresca Avenida de Mayo, en la capital de su país natal. Los espejos ribeteados en oro que adornaban las paredes devolvían la imagen de una mujer cercana a la sexta década, de ojos empequeñecidos, finamente vestida, envuelto su cuello en una caricia de gasa azul lavanda que daba a su rostro surcado por discretas arrugas, un toque romántico. La melena le llegaba a los hombros en cascada de mentirosos reflejos azabaches, destacando el blanco mate de su tez.
Sobre la mesa redonda de roble y mármol, unos sobres grandes de papel madera, un cuaderno, un libro gordo de tapas rojas y la humeante taza de café, cuyo aroma con sonido a tango se esparcía en el ambiente, confundiéndose con la nostalgia. Sí.
Estaba sentada allí para tomar una determinación. Recordó la historia que apenas contaba con siete días de antigüedad y que por obra del destino la arrastraba hacia un pasado que pugnaba por resucitar:
Había estado en México varias veces desde jovencita, siempre por intereses turísticos, con su familia primero, con amigas después y sola más tarde. Luego, ya profesional, casi por obligación, impulsada por sus colegas tuvo que viajar nuevamente a un Congreso Internacional de Especialización. En el evento conoció y compartió mucho tiempo con Megan, una norteamericana viviendo en la capital más grande del mundo con quién consolidó una tibia amistad. Escasas semanas atrás, llegaba la invitación con tintes amenazantes de la ahora ciudadana mexicana. ¡Había pasado tanto tiempo! Y casi sonreía mientras recordaba. No lo haría con gusto ya que aquel hermoso país traía a su realidad inmediata, recuerdos de amores y fracasos, preguntas que nunca tuvieron respuestas, halagos que se despegaron de su memoria, lágrimas que guardó en su alto corazón, esperando que no tuviera que reclamarlas nunca. No obstante, consideraba injusto no aceptar la invitación que siempre había rechazado con distintos argumentos. Ni antes, cuando la conoció, menos ahora, habría de confesarle a Megan los verdaderos motivos que la desalentaban a viajar. Nunca sabría que en pleno centro de la gran ciudad, cobijada por una ángel de bronce, alto y luminoso, cuando ya no creía en el amor, después de la desilusión de convivir varios años con un hombre casado sin saberlo, en los finales de sus cuarenta, lo había reencontrado, pero así como llegó sin esperarlo se fue fugazmente sin saber dónde y por qué. Sin embargo, Ella cumplió y viajó. Visitó unos días a Megan.

Pero, el agobio que le causaba el Distrito Federal, la ciudad con mayor población del mundo, la había llevado a reducir su estada en casa de su amiga, ubicada en un barrio céntrico, una colonia como le llaman los mexicanos a sus barrios, llena de estatuas de bronce, grandes árboles, multitud de puestos de frutas frescas o de fruta seca o de comida típica desde “enchiladas” hasta guacamole y tortillas de maíz, cuyo olor le descomponía el estómago. Si bien, la Capital  la atraía y  en éste como en viajes anteriores había disfrutado de la belleza extraña de “El Zócalo”, de sus paseos, monumentos, museos, ruinas, parques, y sobre todo de “su” majestuoso y brillante Ángel de la Independencia, sabía de antemano que no resistiría mucho tiempo.
Decidió, pues, tomarse un respiro antes de comenzar el año laboral y viajar hacia el mar. Megan, no podía acompañarla.
_Ve a Cancún o a Playa del Carmen o a Tulúm que ahora cuenta con hermosos hoteles, aconsejó la amiga.
Ella, no eligió el mar turquesa que baña las costas de la península de Yucatán, en el Estado de Quintana Roo. Prefirió volver a su país y encontrarse con sus viejas colegas en Mar del Plata, como lo hacía casi todos los años. En la bonita ciudad, tomaría sol en hermosos balnearios, caminaría por la costanera, comería en restaurantes del Puerto aunque el aroma penetrante del pescado invadiera sus ropas, charlaría mucho y sería acompañante, sólo eso, en las noches de Casino de sus compañeras que despilfarrarían sus ahorros en tentativas de apuestas con resultado casi siempre negativo. 
Nada de lo pensado pasó.
En el inmenso y moderno aeropuerto internacional “Benito Juárez”, luego de varios días de trámites ante la Agencia de viajes para cambiar la fecha de su billete de vuelo, la voz de la operadora por el altoparlante, le anunciaba su partida.
Se acomodó en la butaca 131 y en la espera del despegar de la aeronave se adormeció.
Una azafata esbelta y morena, le rozó el brazo intentando explicarle que ese asiento correspondía a un apuesto caballero de pelo blanco, que parado a su lado la miraba fijamente.
Resuelto el incidente con la buena voluntad de otro pasajero que hizo un canje con el hombre de pelo gris, casi blanco, Ella terminó sentada en el mismo lugar y junto al desconocido.
Prontamente ambos advirtieron un hilo conductor que los sujetaba y unía a través de las conversaciones que pasaron por el turismo, la historia, los derechos humanos, la gastronomía, el cine, la ecología y mil temas más.
Nunca un vuelo desde el Distrito Federal Mexicano hasta Buenos Aires le había resultado tan corto.
Él, viajaba por razones comerciales y permanecería una semana en la gran capital casi europea del sur del continente.
Al arribar al aeropuerto internacional de Ezeiza, Ministro Pistarini, no podían separarse. Primero el café, luego el almuerzo en el Hotel reservado por él. Más tarde la cena romántica en un restaurante elegante de la zona de “La Recoleta”. Y otro día y otro día de amables atenciones, de breves tours por la ciudad, de pedidos inconfesado y pensamientos fervorosos.
Pero llegó el inmemorable cuarto día de encuentros amistosos. La cena otra vez en el moderno hotel y unas copas de más del Malbec incomparable, hicieron que el postre lo tomaran en la habitación del interesante caballero de pelo gris.
Pero el “desert” no vino solo, por el contrario, llegó acompañado por una helada botella de vino espumante (champaña) de la mejor marca y dos copas de fino cristal con un delicado corazón grabado que sólo el ojo de un joven podría notar.
Degustaron el postre y bebieron en el balcón de un séptimo piso, riéndose por cualquier cosa. Y cuando la botella quedó vacía, Él, la estrechó en sus brazos y la besó con ternura y respeto. Un interrogante destelló en su mente: ¿Qué estoy haciendo? ¿A mi edad?
Él la llevó a la cama anchísima, pasó el brazo debajo de su cabeza y le contó su vida. Ella, lo escuchó con escasa atención en una confusión mental que burbujeaba en su cabeza y le respondió con algunos pocos pasajes de su historia personal.
Y de pronto, el momento pensado, deseado, calculado, dudado, en el silencio de su mente. El delicado intento de poseerla la asustó. Pidió dulcemente pasar al baño como dándole un gesto de afirmación y encerrada entre paredes de bellas cerámicas blancas con guardas de arabescos azules, como una chiquilla, lloró.


-Y ahora ¿Qué hago? ¿Qué le digo? Si hace diez años que tuve la última relación, se dijo a si misma. Y continuó achacándose culpas: ¿Por qué habré dejado de tomar hormonas? ¿Por qué no le hice caso a Liliana y fui a la ginecóloga en este último año?
¡Qué vergüenza! Se repetía a si misma incansablemente, mientras el corazón se desbocaba en su pecho. ¿Qué pasará con mi vagina? Liliana me habló de ese gel que ella siempre lleva en la cartera y que nunca logra usar. ¿Cómo no lo compré? Se preguntó. Y cuando iba a responderse, un golpe suave en la puerta acompañado de    una dulce pregunta:
_ ¿Estás bien querida? la hizo reaccionar y contestó lo más calma que pudo:
_ Sí, Óscar, estoy bien. En un minuto salgo.
La noche de amor, entre finas sábanas blancas, llena de temores recíprocos, se repitió en los tres días subsiguientes.
Después de recordar la noche anterior en la que su vagina había funcionado a las mil maravillas gracias a la respuesta de las últimas hormonas que le quedaban, movidas por la pasión inesperada, sin ningún gel que la ayudase, bebió el café, casi frío. Pidió otro que le aclaró aún más sus reflexiones: Él era viudo, Ella soltera. Él pronto dejaría sus negocios y a Ella no le interesaba trabajar más. Su departamento quedaría a cargo de su sobrina mayor recientemente separada.  No vivirían en el Distrito Federal sino en una casa que Óscar había heredado de un tío en Mérida. ¡Una vida nueva! ¡Una vida nueva! ¡Una locura! ¿A esta edad? ¿Y qué?  Si después del desengaño con el otro mexicano había vivido en un mundo gris y solitario. Abandonó el Bar casi corriendo con su decisión a cuestas.
_ A Ezeiza, por favor, lo más rápido que pueda, imploró al taxista que escuchaba atento la radio.
En el apuro por bajar, poco le faltó para perder su amado pañuelo azul lavanda de gasa que le cubría el cuello y las horribles arrugas que siempre se resistieron al “Botox”. Dejó atrás el Fiat negro y amarillo y se encaminó hacia uno de los Bares del aeropuerto dónde habían quedado en encontrarse.
La desilusión se plasmó en el rostro de Óscar al verla llegar sin equipaje.
_ Pero, ¿qué pasó, querida?
_ Nada, sólo que quiero comenzar una nueva vida, sin nada de esta otra. Con tus maletas, basta. Y lo abrazó tiernamente, pensando en que otra mujer impredecible acababa de expresarse.
El mozo se acercó para servir a la señora recién llegada, pero ya tenían que subir al avión. Se fueron con prisa, tomados de la mano como dos adolescentes. Y ya ubicados en la fila que ordenadamente esperaba para ascender a la aerolínea mexicana, Ella le preguntó:
_ ¿Y en qué ciudad de México naciste Óscar?
_ Pero quien te dijo que soy mexicano, amor. Yo soy colombiano y mi familia se trasladó de Barranquilla a Mérida cuando yo tenía dieciocho años. Después me fui al Distrito Federal a estudiar,  volví a Colombia y. . . ¿Pero no te he contado esto ya?
Ella rebozaba de alegría y con gesto tierno pero aparentemente desinteresado, le contestó:
_ Por nada, Óscar, por nada. ¡Amo a Colombia!
2010

Posted by Millz M in 

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sábado, abril 07, 2012

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Dedicado a mi amigo Tinta Roja


Óleo de la pintora argentina,  Graciela Godoy

Tamborileaban sus dedos sobre la mesa, mientras leía el Diario de la mañana. Un sorbo de café, cortado con dos gotas de leche, como él lo prefería, la melancolía dulzona de un tango que ondulaba en el ambiente y su corazón destrozado, componían un cuadro del “Ruso Gorky” que lo pintaba. Dejar a una “mina”* era una cosa, pero que la “mina”* lo dejase a él, era otra, y muy distinta. Por primera vez, sus hermosos ojos negros lucían tristes. O la traía de los pelos, pensaba o la dejaba ir.
_ ¿Y por qué se fue? Se preguntaba. ¿Qué no le habría gustado? si todas las mujeres del barrio se morían por él. Pero, no era de hombre, salir corriendo detrás de una “papusa”* que lo plantó. Ya con eso tenía demasiado.
 De pronto, la puerta vaivén con toma-mano de bronce bien lustrado, del Bar “Tristes Angelitos” se abrió de golpe y como un remolino, ingresó Pedro, a quien lo apodaban “Cabeza”.
_ ¿Qué hacés Ruso? Saludó vociferando, el recién llegado.
_ Nada, respondió Gorky, aquí estoy nomás.
_ ¿Es cierto que la Lola se te “rajó”*
_ ¿Qué decís, estúpido? ¿Estás “piantao”*, vos? Se le crisparon las manos sobre la mesa. Tamaña respuesta, encendida por el fuego de una mirada despechada, asustaron al “Cabeza”.
_ Nada, Che, te preguntaba, nomás, porque en el Barrio comentan. . .
_ Bueno, ahora vas, y les decís a todos los que comentan: Que la Lola se fue unos días a Bahía Blanca, a visitar a su familia ¿Me entendés?
_ Sí, sí, respondió casi temblando el otro y ni siquiera llegó hasta la barra del Bar. Achicado como una gallina, salió presuroso. Pero antes, el “Ruso” le recomendó: Tenés que decirlo bien clarito pa´que te entiendan, sino te aplasto como a una cucaracha, amenazó.
Terminó el cortado y dobló el Diario, fijó su mirada en la calle sin verla. No podía dejar de pensar en Lola. Con ella era diferente: le había “picado el bichito”1 por primera vez. Lola era distinta a las otras “putas”*, así calificaba a cualquier mujer que llevase a su “Bulín”*, se dedicaran o no al negocio del placer.
¡Qué tonto había sido!, se reprochaba. Perder una “mina”* así. Con ella podía pensar en tener una familia, empezar otra vida, irse del Barrio. Ya todos lo tenían cansado: sus hermanos vagos, los alcahuetes que le ofrecían mujeres, la policía que le pedía “coimas”. . Hubiese sido la oportunidad de su vida.
_ Bueno, se dijo casi en voz alta: “el que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen”2. Pero en el fondo de su dolido corazón, sabía que eso no era verdad.
_Ella se fue porque quiso, muy bien plantada, pa’ desafiarme, rezongó.
_ ¿Ruso, te sirvo algo más? Se animó a preguntar el “mozo”3, viejo conocido de Gorky.
_Sí, traeme un fernet con coca, que estoy pensando, che, respondió sin mirarlo a la cara
_ Sí jefe, enseguida, dijo casi con admiración Humberto, el mozo.
No sabía si hacerle caso a su “cucuza”* o al “bobo”*. Los años se me están viniendo encima, reflexionó, me estoy aflojando como las viejas, o ¿será que a ésta la quiero más que a las que tuve?, se preguntó. Y se le apareció en su mente la carita de un bebé sonrosado con los ojitos verdes como los de la Lola. Suficiente. Bebió el fernet que le quedaba de un sorbo, dejó una propina para Humberto y salió con paso firme y rápido.
 – Chau Ruso, le gritó el mozo, pero él ya estaba subiéndose a su coche.
_ ¡Pucha lo que vengo a descubrir! Se dijo para su adentro y arrancó el motor de su viejo Falcon, mantenido como de origen. Anduvo unas cuadras por las calles desiertas de la siesta porteña. Encontró un kiosco abierto y se bajó.
_ ¿Tenés puchos? Preguntó al muchachito que con un mp3 conectado a sus oídos se movía al ritmo que escuchaba.
_ ¿Si? Dijo el joven con voz afinada, quitándose un auricular de la oreja. Encima de pelotudo, puto, pensó Gorky.
_Sí, te pregunté: Si vendés puchos.
_No, no vendemos, sólo golosinas y regalitos, replicó el muchacho.
_ ¿Y planos, planos de viaje? Insistió nervioso el Ruso.
_ ¡Menos!, gritó el joven y se le agudizó la voz. La furia que destellaba por los ojos del cliente lo hizo agregar:
_ Pero si sigue cinco cuadras por esta Avenida va a encontrar una Estación de Servicio YPF. Ahí tienen puchos y planos.
_ Gracias, contestó secamente, el asesorado y se marchó.
Cargó gas, que afortunadamente tenía la Estación, (el gas no le gustaba, pero era más barato) compró los cigarrillos que necesitaba imperiosamente para calmar sus nervios y compró también, el Mapa de la Provincia de Buenos Aires.
Después de pagarle al hombre que lo había atendido y desde la ventanilla del Falcon, como para tranquilizarse, le preguntó:
_ Oiga, Don, para ir a Bahía Blanca, tomo la Ruta 3 ¿No?. . .


2010
Aclaración de la autora


Posted by Millz M in 

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No te duermas sin un cuento. . .by Zuni Moreno. Con la tecnología de Blogger.

Este Blog. . .


Un Blog de Cuentos

Un Blog de Poemas

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Un Blog de Pinturas

Por

Zuni Moreno

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Mi Propósito


La vida nos reúne en cualquier lugar y nos cuenta historias cotidianas.

Yo las he interpretado a través de los cuentos breves y los microrrelatos.

Y, a los sentimientos que fluyen de aquéllas, los he expresado en simples poemas.

Aquí, mi trabajo, para ustedes.

Zuni Moreno

Reconocimiento II


Todas las pinturas que acompañarán las entradas de "No te duermas sin un cuento", durante 2017 pertenecen a uno de los pintores argentinos más reconocido a nivel nacional e internacional, no sólo por la calidad de sus obras sino además por su particular temática: Benito Quinquela Martín (1890-1977)

Barcos de Quinquela Martín

Barcos de Quinquela Martín

De QM

De QM

De QM

De QM

Reconocimiento I


Todas las pinturas que acompañan las entradas de "No te duermas sin un cuento" pertenecen a uno de los artistas rusos contemporáneos más admirado: Vladimir Volegov.

Este pintor nos acompañará durante el año 2016.

Mujeres de Volegov

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Un regalo

No te duermas. . .

Candela por la Paz

Candela por la Paz

Quien escribe

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Zuni Moreno

Conjunción


Las fotografías que ilustran este Blog, son de mi cámara.

Los cuentos y poemas, de mi pluma.


Capturando la vida

Capturando la vida
Mi cámara y Yo

Pensamiento en rosa


"He mirado las rosas y me he acordado de ti"

Juan Ramón Jiménez,

escritor y poeta español, (1881-1958)


Rosas, rosas

Rosas, rosas
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Poemas en flor


Este Blog trae al lector también poemas y, como un árbol en flor, supone la siembra y anuncia la cosecha, mientras se deshoja la vida.

Escribiendo con el pensamiento desde el alma

Pintando la vida

Antigua como la humanidad misma, la Pintura, responde a un impulso innato en el hombre de comunicación.

Recogiendo los frutos

Recogiendo los frutos
Tres de mis poemas y un cuento obtuvieron el 17-11-2012, el 3er. Premio en el Concurso Internacional,"Elegidos 2012" organizado por El Instituto Cultural Latinoamericano, de Junín, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

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