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Mostrando entradas de 2013

Naturaleza

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Como desafiando su talento de buzo, la gran ballena franca, nadaba jugueteando frente a las costas del Golfo San José, en la remota Península de Valdés. Asomaba su cabezota, resoplando un torbellino de gotitas de espuma empujadas por el oxigeno en cada exhalación, o se ponía panza arriba para ahuyentar al macho que deseaba copular. Él no era  de su agrado y por eso ella flotaba, descubriendo sobre el oleaje, su parte de abajo, su panzota, de tal manera que él no la alcanzara. Más tarde, seguramente elegiría. Estar dedicado al mar y su marea alta, le permitía a Pedro gozar del espectáculo de las madres jugando con sus crías y de algún ballenato mayorcito y celoso, golpeando las aguas azules con su cola o brincando en ellas. No esperó más, la ballena lo requería. Las aguas azules claras y transparentes lo atraían. Buscó su traje de neopreno, lo calzó y se sumergió sin llevar siquiera el tubo de oxígeno. Ella estaba cerca. El ballenato también. De pronto se le nubló la vista y se le acabó …

Un oso

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A los ocho meses de un embarazo feliz recibió la noticia del accidente de Héctor. Sin el padre de su hija, tuvo que encontrar las fuerzas que le faltaban en cualquier lugar: su hogar,  la oficina, la casa de la abuela, el departamento de mamá viuda, el consultorio de su psiquiatra y luego el más reconfortante, el de su psicóloga. Todo era menester para criar a la niña. Afortunadamente, si bien no había superado aún la tamaña pérdida, poco a poco, pensando siempre en su hija, se había ido recuperando. Era diciembre y los cinco años que se habían diluido en el tiempo convencional no habían quitado el luto de su corazón. Esa tarde, Anabel quedaría con su abuela y ella podría salir de compras para Navidad. El centro comercial era un infierno y todavía restaban cinco días para la fiesta.  Sandra iba  decidida a conseguir un peluche enorme que remedara y reemplazara al oso bebé que la niña había visto en el zoológico y que pretendía para sí.
Recorrió galerías y el Shopping de la ciudad, pero …

En el bosque

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Atardecía. Los verdes del bosque no se distinguían tan claramente como cuando los iluminaba de pleno el sol. Una soledad abrumadora de silencios vespertinos, dominaba el paisaje. Harriet no podía avanzar, estaba quieta y comenzando a entumecerse en aquella fresca tarde de septiembre. Acurrucada contra el tronco esbelto de una lenga, esperaba el auxilio milagroso y humano. Esa delgada raíz saliente, probablemente de una enredadera trepadora la había tumbado, retorciendo su tobillo al punto de no poder incorporarse. Arrastrándose, casi reptando había logrado un apoyo. La inflamación y el dolor de un esguince ostensible, la postraron junto a las lengas; sin embargo pudo elegir la más añosa y, en ella se quedó. El guardaparque pasaría más tarde, en su cuadriciclo desvencijado y ruidoso, cumpliendo la última ronda, para entonces, nocturna. El miedo, al que la joven se resistía, fue ganado terreno poco a poco a medida que el tiempo transcurría. Comenzó a sentir sus manos húmedas y un dolor …

Tres hijos

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Si los hubiese visto antes, tal vez no estarían  en el estado en  que los descubrí. Una madre sola, poco puede hacer. El señor padre, un ejemplar de alta sociedad, bien distinguido, sin penurias de ningún tipo, recorriendo las calles de Lagoa, orondo, con su traje impecable de color canela. La madre, delgada, de grandes ojos verdes, sencillamente ataviada, hacía lo que podía por criar a sus pequeños hijos, dos de ojos celestes por herencia paterna. Los miré con amor y creo que lo advirtieron. No entendieron mi lengua. Ellos eran brasileños. Pedí permiso a su madre y les tomé una foto. Nada más.  2012


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En el Jardín circular

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María Dolores: Nada más adecuado a su aspecto y personalidad que su nombre. Vivía sola en el inmenso palacete de marcado estilo neoclásico francés mandado a construir por su abuelo a principios del siglo XX. Sólo cuando descansaba en el jardín circular del inmenso parque que rodeaba la casona, podía llegar a  soltar una leve y fugaz sonrisa. Ella cambiaba su carácter hosco cuando el sol de la siesta iluminaba su tez transparente y blanca. No obstante su guardada historia, con amores desencontrados, gustaba de recibir visitas a diario,  lo que le daba sentido a la sexta década de su vida. **** Ese mechón blanco que, desde su cabeza renegrida, caía sobre su rostro generando la forma de antifaz, le daba un aire señorial, muy similar al que portaba su primo texano. Ni qué hablar del mexicano y el uruguayo. Todos llevaban la “marca” familiar. Ellos gozaban de gran capacidad de adaptación al medio, lo llevaban en la sangre, así que se habían diseminado a lo largo y ancho de Sudamérica. Eso sí, c…

El nido

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Un joven aromito, fue testigo de la preocupación de ambos, más acentuada en el masculino. Ella lo miraba pudorosa. Él, impaciente, esperaba con ansias que ese nubarrón oscuro descargara de una vez, el elemento que tanto necesitaba. Caminaba de un lado a otro, inquieto, alborotado. De repente, ella lo alcanzó y musitó en su oído: "No te preocupes, la obra continuará, tenemos tiempo". Una luz zigzagueante y casi roja se dibujó en el cielo oscuro y al rato el sonido profundo del trueno puso el punto final. La lluvia se deslizó entre brisas y un canto a dúo y de pura alegría se escuchó en la tarde. 2013

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¡Pobre!

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Caminaba por la calle apesadumbrado, mirando de aquí para allá, con un cadencioso andar que inspiraba pena. Daba la impresión que había perdido algo. “¡Pobre!” me dije, pero mi solidaridad se contuvo. En un momento nos enfrentamos y sus grandes ojos marrones me consumieron. Me corrió frío por las venas y sólo atiné a quedarme quieta frente a él. Una voz de hombre a mis espaldas me desentumeció y con sorpresa vi cómo ambos, el recién llegado y el otro, se fundían en un abrazo. El de los ojos marrones se marchó con el hombre, meneando alegremente su cola.

2012
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Alazán

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Lo vi desplazarse altivo, me gustó su pelo claro como canela molida, su mirada buena. Elena no permitía que nadie se le acercase, era suyo, injuriosamente suyo. “Nadie puede disponer así”, pensé. Mi amiga, entraba en cólera si me animaba a hablarle de él. Realmente la soberbia desmedida la dominaba. Sentadas frente al jugo de naranja fresco, podía percibir su satisfacción y envanecimiento en seguir sus movimientos. _ ¿Irás a la exposición? Pregunté débilmente. _ Seguro, acotó, para eso estamos ambos listos, dijo con un exceso de suntuosidad en sus palabras. Muy probablemente “Lucero” habría de obtener el primer puesto.  2013
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Señoronas

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Estas seis trabajadoras que se desempeñaban en el mismo lugar, bajo las órdenes de Don Sixto eran, según la opinión del hombre, muy buenas obreras, de ley, como se jactaba.  Tenían mucho a su favor, pero también algo en contra. Gregarias por naturaleza, vivían en una especie de conventillo, todas juntas, pero a la vez cada una en su recinto, en el mismo barrio. Su principal virtud radicaba en que no les gustaba salir de noche. Sólo andaban de día. Compartían gustos comunes, por ejemplo, su vestimenta un poco suntuosa. Cuando tuviesen descendencia, criarían a sus hijos con amor y esmero. Otra característica virtuosa era que comían de todo, todo les gustaba,  lo cual significaba un problema menos para Don Sixto. Éste,  todas las mañanas hacía el acostumbrado recorrido para controlar el producto que ellas fabricaban. Siempre estaba en buenas condiciones, perfectamente diseñado y producido. Él las apreciaba mucho, hasta puede decirse que su trato hacia las trabajadoras era cariñoso. Les l…

¡Pobrecito!

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Apurada, con la neblina encima de mi cabeza, pasaba por el frente de la tienda, rumbo a mi casa. Una voz femenina y sollozante me detuvo. Agudicé mi oído y escuché: "¡Asesino! ¡Pobrecito! pobre angelito, pero si lo has matado". Angustiada y  con miedo, pero decididamente curiosa, sin nadie a la vista que me acompañase, entré. Ningún cliente. Sólo una mujer entrada en años, acuclillada sobre el piso de  antiguoparquet,  donde yacía un huntermuerto y,  completando la escena un perrocockerspaniel, de lánguidos ojos marrones que miraba interrogante a su dueña, como pretendiendo saber la causa de sus exabruptos llorosos. 2011
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Vigilante

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Muy cerca del cielo deambulaba como nutriéndose de las corrientes de aire y del sol. Era lugareño y conocía a la perfección el entorno que lo rodeaba. Podía reconocer cada recoveco del río y las sendas de las cabras perdidas en la montaña. Sabía perfectamente cuando había extraños y entonces se volvía loco. La tarde avanzaba sobre los cerros reverdecidos con la lluvia. Las formaciones geológicas propias del terciario parecían vigías de altura, sobresaliendo en la extensa pampa serrana a cientos de metros de altitud. El automóvil* de los desconocidos se detuvo, prácticamente en medio de la ruta de ripio poco transitada. El lugareño revisó la escena con su aguda mirada. Se quedó tranquilo y partió raudo hacia su morada cuando ya todo entraba en penumbras y el sol apenas se veía, recortando con sus tenues rayos el perfil de las Sierras Grandes. En el quieto silencio del atardecer, uno de los pasajeros que acababa de descender para estirar sus cansadas piernas, gritó: ¡Un cóndor! 2012
No de…

Ojos azules

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Parecíamos embelesados  perplejos, atónitos, deslumbrados, cuando nuestras miradas se cruzaron encontrándose, en esa tibia tarde de primavera. Valían la pena esos ojos, azules y seductores como pocos, que me recorrían de arriba abajo, dominándome.  No pude dar un paso.  Como clavada a la acera,  esperaba. Daba la impresión que ninguno de los dos sabría qué hacer cuando recíprocamente dejásemos de mirarnos. Ya me había dicho Clara que era atento, servicial y cariñoso y además, para rematar, complaciente. Sin embargo, inmediatamente recordé que también me dijo, que solía ser un poco testarudo, algo orgulloso y bastante independiente. No me preocuparon las opiniones. El feed-back entre los dos permaneció indemne en los escasos segundos que duró. Debo haber parecido una pobre tonta al punto que,  no fui capaz de escuchar a la empleada que me decía:" Pase, pase por favor señorita, es un Husky siberiano, no le va a hacer nada. . ." 2011
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Plan A

Esas vacaciones habían sido un poco forzadas. Pero, el llamado del mar pudo más que nuestros desencuentros. Volviendo, entre las ciudades chilenas de  San Felipe y Los Andes, los ojos se me llenaron de verdes. El cerro a un costado y los viñedos y flores y árboles a la vera de la carretera ponían un tinte pintoresco y a la vez angustiante al viaje. Faltaba poco para llegar a Los Andes y el contraste del angosto y antiguo camino de dos carriles con las modernas autopistas y autovías que dejamos atrás, me distrajo. De pronto, me identifiqué con un cerro cubierto de cactus erguidos con sus brazos elevados hacia el cielo celeste puro, sin nubes, pidiendo, clamando, tal vez por una lluvia renovadora que no llegaba. Los maizales verdes y las parras a la espera de que sus frutos fuesen cortados para ser llevados a la mesa familiar y varias casitas de adobe me trajeron recuerdos de mi infancia y volé con mis pensamientos hasta un tiempo, también de verano, de tardecitas que se prestaban para …

Mentiras

Aquella mujer, ubicada frente al gran ventanal del lobby del hotel miraba indiferente las palmeras y la gran piscina de aguas termales. Un vaso alto de Fernet con Coca-Cola, la acompañaba. De vez en cuando observaba su reloj con gesto nervioso. Pronto llamarían a cenar y sin embargo ella no tenía apetito. En cambio, un nudo emocional que recordaba historias repetidas cerraba su estómago. El sol de la tarde se había perdido tras nubes negras y encrespadas. Quedó sola. Los que estaban próximos a ella, marcharon al comedor. Pronto, optó por retirarse a su habitación para desplomarse sobre la confortable cama matrimonial. Consultó por última vez la hora. Una lágrima, la convenció: Otra vez, él le había mentido.
2011


Esa Mujer

Pasaba por la calle de la tristeza enfundado en el recuerdo de otras horas, caminaba despacio, meditabundo, extraño, perdido en el objetivo que no lograba perfilar. De pronto, vio la belleza en sus ojos; la dulzura arreboló sus mejillas y la simpleza dibujó su sonrisa, exactamente cuando sus miradas se encontraron. Sintió una débil alegría circulando sin prisa por sus venas y arterias en un suave entrar y salir de su palpitante corazón. Se detuvo. La brisa vespertina alzó su bufanda a rayas y tapó su rostro. La vida pasó a su lado y no pudo verla, menos detenerla. Apretó bajo su brazo el bastidor de madera que contenía el óleo con el retrato de una mujer y continuó su marcha implacable. Luego, cayó la noche.


2012


Elección

La joven de pelo negro y corto estaba parada a la orilla del camino junto con otros compañeros. Esperaban a alguien, un retrasado. Ellos iban en automóvil y el retrasado en moto. Todos estaban alegres comentando sobre los días que pasarían en el campamento. Llevaban dos carpas inmensas donde dormirían muy cerca de un río caudaloso que corría entre cerros verdes y húmedos. La atmósfera, se impregnaba de murmullos juveniles, de risas y planes. Un integrante se apartó del grupo y desde el medio de la carretera de ripio, gritó: “Ya llega, lo veo.” El que arribaba era una pieza clave para el grupo ya que sería quien habría de indicar el lugar justo donde acamparían. Cuando detuvo su moto y quitó su casco, un mechón de pelo casi rubio flotó en el viento de enero. Erguido sobre su alta estatura, alejó sus antiparras de sus ojos y el verde intenso se reflejó en ellos. La jovencita de pelo corto experimentó una emoción desconocida, un fuerte calor le subió desde su estómago y se alojó en su gar…

Nostalgia

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Apoyada en el muro de la costanera, miraba el ancho río marrón. Sus ojos oscuros se perdían en la lejanía de pequeñas olas que dejaba la estela de un lanchón. Su canoa de madera, pintada de rojo no se divisaba. Ésa, donde tantas noches, a la luz de la luna, recogieron juntos los espineles plateados de tanto pescado. Ahora estaba sola: sin él, sin su canoa y la saudade había cobrado vigencia. 2011


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Auxilio

La mujer estaba realmente sorprendida cuando vio llegar a su esposo portando cuatro livianos maniquíes bajo sus brazos. En ese momento no quiso revelarle los temores que le producían esos extraños seres que cobraban vida ante ella. Era una sensación de pánico que la ahogaba, la misma que sentía cuando Lisandro le planteaba un cambio de vida, más tiempo separados en virtud de viajes comerciales más largos. Él, nunca los había llevado a su casa, si bien eran parte de su trabajo.


_ Los dejo sólo por hoy en el altillo, querida, mañana los cargo en el auto y los llevo. Tengo prisa en entregarlos.

_ Sí, claro Lisandro, atinó a decir amablemente Silvia casi sin poder respirar. No iba a plantearle ninguna cuestión a su esposo debido a esa confusión de su mente quela hacía padecer en ocasiones. Pero, irremediablemente, sabía que la guerra entre los maniquíesy ella se había anticipado, pues ahora ya no se trataría de una batalla fuera de su casa. Ahora, habían tomado posición en su propio terren…

Sesión de peluquería

Silvia Lainez, a pesar de sus temores no revelados, a pesar de la confusión de sus pensamientos, había decidido acompañar una vez más a su esposo en su nuevo viaje de negocios. Ninguno de ambos había hablado acerca de los últimos acontecimientos, pero cada quien tenía su estrategia planteada y pensaba ponerla en práctica en cuanto hubieren de separarse. La mujer, no entendía cómo su esposo parecía no advertir su sufrimiento. Se sintió sola. Había pensado en ir a la peluquería más cercana de los comercios que visitaría su esposo y lo más próximo, era un mall o shopping. Afortunadamente Lisandro se proponía visitar a dos clientes allí, así que contentos ambos por la coincidencia y el alivio no expresado de sus propios temores, se separaron frente a un moderno y confortable local de peluquería. Lisandro tenía para un largo rato ya que las vicisitudes financieras que se vivían requerían de un mayor esfuerzo en su propósito de convencer y vender. Silvia entró al Salón y pronto supo que deb…

La llamada

Silvia Lainez había viajado nuevamente con su esposo, esta vez y a su pedido, con un plan bien acordado: Lisandro haría las entrevistas a sus clientes más temprano y no regresarían de noche. Bajo esas condiciones propuestas por la esposa iniciaron el recorrido. Ya casi estaba cumplido el trabajo de la jornada y el mediodía sugería un descanso reparador, para lo cual nada mejor que un fresco y liviano almuerzo en un restaurante vegetariano.  Sólo restaba un cliente y Lisandro habría de visitarlo a la siesta, ya que a esa hora la actividad menguaba. Llegaron al lugar y el ruido atronador de una tormenta de verano acuciaba sobre los árboles. El desplome de un rayo a lo lejos y luego la lluvia refrescante, motivó a Silvia a apoltronarse en el asiento del acompañante, contemplando la lluvia que corría por el parabrisas desde abajo hacia arriba mientras las ramas cubiertas de hojas se bamboleaban con el viento. Con este escenario, aguardaría a su esposo. El cielo se oscureció aún más. Grues…

La vidriera

Silvia Lainez había viajado con su esposo sin mucha ilusión en ese derrotero de clientes a convencer, pero igualmente conociendo que se cansaría, decidió acompañarlo. Llegaron al lugar de la última visita y se apoltronó en el asiento finamente tapizado del coche nuevo, imprescindible para el trabajo de su marido.  _Me demoraré un rato, Silvia, ¿No quieres bajar y tomar un café?  Preguntó él, con tono cansado, presuponiendo que su esposa no lo haría. _No gracias, no te preocupes, yo estoy bien en el auto y si me aburro sigo leyendo el libro que traje, contestó Silvia tranquilizándolo.
Primero atinó a quedarse en silencio con los ojos cerrados. Contrariando el intento, pronto los abrió y contempló la calle casi desierta transitada sólo por unas pocas personas. Se detuvo en la vidriera de una Casa de Modas frente a la cual habían estacionado. El escaparate ostentaba una colección de maniquíes luciendo ropas magníficas. La sorprendió que no llevaran pelucas como la generalidad. En un fugaz rec…

Rosa

Micros motivados por la palabra"rosa"



*La habitación había sido pintada con color rosa. Todo fue algarabía cuando llegó la pequeña.
*Unarosaroja y su penúltima carta, dejó en su ventana. Se marchó al amanecer.
*La joven quedó desolada, luciendo su vestido y su bouquetrosa, junto al altar.
*En el ojal del saco, el apuesto caballero lucía unarosarococó. Era su seña.
*El jardín de casa lucía por sus perfumados y prósperos rosales. Nunca corté unarosa.
*Llevaba unarosa,detrás de su oreja, entre sus cabellos. Era todo amor y perfume.
2012 Versión 2013


Amor en tiempo de Independencia

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Homenaje al 9 de julio de 1816, "Día de la declaración de nuestra Independencia"

En tiempos en que corría el año 1816, en las lejanas tierras del sur de la América hispana, el Coronel Bernabé Aráoz, hombre entusiasta de la causa de la independencia y dueño de una importante fortuna personal, gobernaba la Intendencia del Tucumán, vasto territorio que comprendía entonces, varias de las actuales provincias norteñas argentinas. La sede de gobierno se había asentado en San Miguel del Tucumán. Precisamente, esta bonita ciudad fue la elegida para que funcionara y deliberara en ella, el  Congreso de diputados representantes de las Provincias Unidas del Río de la Plata con el cometido de declarar la independencia de España y establecer un definitivo régimen de gobierno. Era menester, pues, encontrar una casa con las comodidades suficientes, por ejemplo, una amplia sala de reuniones donde los congresales cumpliesen el mandato otorgado. La mayoría de las casas de esa época tenían una sola …