Sin soñar un Poema. Sin conocer un lugar. Sin admirar una pintura

Del Poema "Alma venturosa"

“Al promediar la tarde de aquel día,

cuando iba mi habitual adiós a darte,

fue una vaga congoja de dejarte

lo que me hizo saber que te quería.”

De Leopoldo Lugones (1874-1938)

Poeta argentino

Aviso de "Un Cambio"

A partir de 2017, los Microrrelatos o Mini cuentos dejarán de ser una expresión en este Blog y, junto con los poemas brevísimos, también hijos de mi pluma, formarán parte de otro proyecto. Espero poder concretarlo.

Como hojas al viento

Las entradas de este Blog se publican en 2017, cada martes a la medianoche, desde la República Argentina.

Coordenadas 31°4000S 64°2600O

sábado, diciembre 28, 2013

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Como desafiando su talento de buzo, la gran ballena franca, nadaba jugueteando frente a las costas del Golfo San José, en la remota Península de Valdés. Asomaba su cabezota, resoplando un torbellino de gotitas de espuma empujadas por el oxigeno en cada exhalación, o se ponía panza arriba para ahuyentar al macho que deseaba copular. Él no era  de su agrado y por eso ella flotaba, descubriendo sobre el oleaje, su parte de abajo, su panzota, de tal manera que él no la alcanzara. Más tarde, seguramente elegiría.
Estar dedicado al mar y su marea alta, le permitía a Pedro gozar del espectáculo de las madres jugando con sus crías y de algún ballenato mayorcito y celoso, golpeando las aguas azules con su cola o brincando en ellas.
No esperó más, la ballena lo requería. Las aguas azules claras y transparentes lo atraían. Buscó su traje de neopreno, lo calzó y se sumergió sin llevar siquiera el tubo de oxígeno. Ella estaba cerca. El ballenato también. De pronto se le nubló la vista y se le acabó el aire. El mar se volvió blanco-amarillento y espeso.  Un chorro tibio, fuerte e impetuoso, desperdiciado en gran cantidad en las aguas frescas del golfo, había brotado de una de sus dos mamas. Estaba alimentando a su hijo y quiso mostrárselo.
Ése fue el mensaje que Pedro entendió y recordó luego, cuando medio ahogado, afloró a la superficie arrastrado por dos compañeros de la profesión que, pasaban por el lugar haciendo un avistaje desde la lancha. Afortunadamente, pudieron verlo cuando se lanzaba desde la barranca. Más tarde irían en su  auxilio. Una señal divina, le aseguraba que la vida puede ser vivida. La Naturaleza, le había regalado una experiencia inolvidable. Mientras, la dueña de esa cola erguida y colosal, acompañaba a su bebé en la empresa de crecer.

2013

sábado, diciembre 21, 2013

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A los ocho meses de un embarazo feliz recibió la noticia del accidente de Héctor. Sin el padre de su hija, tuvo que encontrar las fuerzas que le faltaban en cualquier lugar: su hogar,  la oficina, la casa de la abuela, el departamento de mamá viuda, el consultorio de su psiquiatra y luego el más reconfortante, el de su psicóloga. Todo era menester para criar a la niña.
Afortunadamente, si bien no había superado aún la tamaña pérdida, poco a poco, pensando siempre en su hija, se había ido recuperando. Era diciembre y los cinco años que se habían diluido en el tiempo convencional no habían quitado el luto de su corazón. Esa tarde, Anabel quedaría con su abuela y ella podría salir de compras para Navidad. El centro comercial era un infierno y todavía restaban cinco días para la fiesta.  Sandra iba  decidida a conseguir un peluche enorme que remedara y reemplazara al oso bebé que la niña había visto en el zoológico y que pretendía para sí.

Recorrió galerías y el Shopping de la ciudad, pero entendió que el mejor lugar para buscar calidad y buen precio lo obtendría en el comercio de una amiga sirio-libanesa, compañera en los cercanos años de la Universidad.
Cuando entre anaqueles y góndolas dio con el peluche,  comprobó que era el único de su especie que quedada. Apretujada por los adquirentes de los juguetes más modernos, intentó llegar al fondo del salón donde había divisado al oso. Poca fortuna tuvo la ansiosa madre en ese contorneo entre personas, pretendiendo llegar a su destino ya que cuando estaba por lograrlo la mano de un hombre lo aprisionó de una de sus patas dejando perpleja a la joven.
La discusión subió tenuemente de tono en una réplica recíproca de argumentos y razones que apoyaban el derecho de cada uno sobre el “objetivo”. Ambos, estaban firmes en que cada quien lo había visto primero, pero fue inútil. Después de unos segundos de una educada confrontación, Sandra perdió la batalla. Se quedó desilusionada, sin comprender la actitud de su contrincante, mirándolo avanzar con el peluche a cuestas rumbo a la Caja para pagar su precio. De pronto, el joven  giró intempestivamente hacia la  mujer y volviéndose sobre sus pasos llegó hasta ella y le abandonó el oso entre sus brazos con cierto reproche en la mirada triste. Sandra permaneció atónita mientras él abandonaba el local comercial con apuro. Furiosa, con tal actitud que le había generado un sentimiento confuso, mezcla de pena y culpa al resultar al fin triunfante se acercó hasta su amiga quien había presenciado la escena desde el mostrador y vertió su versión. Salma le contó entonces  que conocía accidentalmente a quien le disputara el regalo de Navidad, puesto que hacía unos meses se había mudado al mismo edificio donde ella vivía. El portero le confesaría con mucha pena que aquel muchacho vivía desde comienzos de año en esa zona de la ciudad porque acababa de perder a su esposa y a su pequeño hijo de tres años en un descarrilamiento de trenes. Desesperado, alquiló un departamento después de haber permanecido  internado dos meses en un centro de recuperación psicológica.
Cuando Benjamín regresó al mostrador para recoger su porta-tarjeta que en el trajín olvidara, Sandra todavía se encontraba esperando que empaquetaran su compra en una enorme caja de color rosa con moño al tono. Al verlo llegar su corazón se encogió y acercándose al joven le ofreció sus disculpas por el histérico empeño en quedarse con el oso. Más tranquilos, entrelazaron miradas con calma y ternura recíproca. Decidieron pues, a sugerencia de Salma tomar una bebida en el Fast Food de la esquina para aclarar y conocer el origen de los impulsos dominantes de cada uno, desatados en la puja librada entre ellos. Cinco días más tarde, el hilo conductor de la vida acabaría reuniéndoles junto a sus hijos, en una particular, discreta, familiar y nueva cena de Navidad.
2012
Alguna corrección en 2013


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sábado, diciembre 14, 2013

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Atardecía. Los verdes del bosque no se distinguían tan claramente como cuando los iluminaba de pleno el sol. Una soledad abrumadora de silencios vespertinos, dominaba el paisaje. Harriet no podía avanzar, estaba quieta y comenzando a entumecerse en aquella fresca tarde de septiembre. Acurrucada contra el tronco esbelto de una lenga, esperaba el auxilio milagroso y humano. Esa delgada raíz saliente, probablemente de una enredadera trepadora la había tumbado, retorciendo su tobillo al punto de no poder incorporarse. Arrastrándose, casi reptando había logrado un apoyo. La inflamación y el dolor de un esguince ostensible, la postraron junto a las lengas; sin embargo pudo elegir la más añosa y, en ella se quedó. El guardaparque pasaría más tarde, en su cuadriciclo desvencijado y ruidoso, cumpliendo la última ronda, para entonces, nocturna. El miedo, al que la joven se resistía, fue ganado terreno poco a poco a medida que el tiempo transcurría. Comenzó a sentir sus manos húmedas y un dolor opresor en centro del pecho, que por momentos le cortaba la respiración. Pensaba en su corazón queriendo aquietarlo, pero la carrera ya se había largado. Recordó que en alguna clase de meditación, a la que había asistido con su amiga Rebeca, la respiración abdominal pausada y profunda podría controlar su ascendiente espiral de pánico. Sola, luchaba contra la crisis que pronto se desencadenaría. Estaba en eso de respirar en tres pasos y retener el aire, cuando lo vio llegar, ostentando su salvación en el trote elegante por el sendero agreste. Caían las últimas luces de la tarde. Recordó cuando lo había visto por primera vez, algunos años atrás, en casa de su abuelo. Había quedado prendada de él, de su mirada dulce y expresiva. ¡Esos ojos grandes, de color y forma de avellana, se le metieron en el corazón! Su pelo, fino y sedoso, brillante, ondulado pero nunca rizado y su cuello erguido, largo y musculoso, le daban un majestuoso aspecto. El abuelo le había dicho al oído: “Éste sí que es el caballero, de los caballeros”, mientras imprudentemente, coqueteaba con la mujer que lo presentara. Desde aquella vez, Harriet, le vería cada verano, en algunos días de sus vacaciones en el sur del país. Sabía que su amigo era de buen talante y que a pesar de los meses que distaban entre cada visita, él seguiría siendo el mismo de siempre: amistoso, tranquilo, fiel, aunque en algunas ocasiones haya sido testarudo y le reclamase que no le gustaba que lo dejasen solo. Un gran compañero en sus caminatas por el bosque y también en las nochecitas, cuando ella esperaba la cena leyendo, y él se apoltronaba a su lado en el sillón de mimbre de la galería. Harriet continuó con la respiración en esos instantes eternos que mediaron hasta que ambos se fundieron en el abrazo de la salvación. Al fondo del sendero ocupado, ya, por las sombras irremediablemente sospechosas de la noche, las luces de dos faros amarillos y una linterna, anunciaron al guardaparque que habría de llegar en el tiempo preciso para recogerla, cargarla en el vehículo descubierto y llevarla hasta la casa de su abuelo, acompañados por el hermoso Setter inglés que los escoltaba.
2012



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sábado, diciembre 07, 2013

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Si los hubiese visto antes, tal vez no estarían  en el estado en  que los descubrí. Una madre sola, poco puede hacer. El señor padre, un ejemplar de alta sociedad, bien distinguido, sin penurias de ningún tipo, recorriendo las calles de Lagoa, orondo, con su traje impecable de color canela. La madre, delgada, de grandes ojos verdes, sencillamente ataviada, hacía lo que podía por criar a sus pequeños hijos, dos de ojos celestes por herencia paterna. Los miré con amor y creo que lo advirtieron. No entendieron mi lengua. Ellos eran brasileños. Pedí permiso a su madre y les tomé una foto. Nada más.
 2012



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No te duermas sin un cuento. . .by Zuni Moreno. Con la tecnología de Blogger.

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Mi Propósito


La vida nos reúne en cualquier lugar y nos cuenta historias cotidianas.

Yo las he interpretado a través de los cuentos breves y los microrrelatos.

Y, a los sentimientos que fluyen de aquéllas, los he expresado en simples poemas.

Aquí, mi trabajo, para ustedes.

Zuni Moreno

Reconocimiento II


Todas las pinturas que acompañarán las entradas de "No te duermas sin un cuento", durante 2017 pertenecen a uno de los pintores argentinos más reconocido a nivel nacional e internacional, no sólo por la calidad de sus obras sino además por su particular temática: Benito Quinquela Martín (1890-1977)

Barcos de Quinquela Martín

Barcos de Quinquela Martín

De QM

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De QM

De QM

Reconocimiento I


Todas las pinturas que acompañan las entradas de "No te duermas sin un cuento" pertenecen a uno de los artistas rusos contemporáneos más admirado: Vladimir Volegov.

Este pintor nos acompañará durante el año 2016.

Mujeres de Volegov

Mujeres de Volegov

Un regalo

No te duermas. . .

Candela por la Paz

Candela por la Paz

Quien escribe

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Zuni Moreno

Conjunción


Las fotografías que ilustran este Blog, son de mi cámara.

Los cuentos y poemas, de mi pluma.


Capturando la vida

Capturando la vida
Mi cámara y Yo

Pensamiento en rosa


"He mirado las rosas y me he acordado de ti"

Juan Ramón Jiménez,

escritor y poeta español, (1881-1958)


Rosas, rosas

Rosas, rosas
Rosas de Vladimir Volegov

Poemas en flor


Este Blog trae al lector también poemas y, como un árbol en flor, supone la siembra y anuncia la cosecha, mientras se deshoja la vida.

Escribiendo con el pensamiento desde el alma

Pintando la vida

Antigua como la humanidad misma, la Pintura, responde a un impulso innato en el hombre de comunicación.

Recogiendo los frutos

Recogiendo los frutos
Tres de mis poemas y un cuento obtuvieron el 17-11-2012, el 3er. Premio en el Concurso Internacional,"Elegidos 2012" organizado por El Instituto Cultural Latinoamericano, de Junín, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

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