Luciana



Luciana escuchaba el silencio, vivía en un mundo especial, tenía 16 años cuando la conoció. Ella regaba unas margaritas de  su jardín  y rápidamente lo percibió cuando entraron con su tía, de visitas. Los ojos de ambos se encontraron y el hilo conductor brilló sin luz real.
“Éste es mi sobrino, que hacía mucho que no venía por aquí. Ya está en la Universidad, Zulema”, dijo oronda la tía a la madre de Luciana “. . . y va a ser médico. . .”, remató para disgusto del joven.
“¡Qué bueno! Qué no daría yo para que Luciana pudiese estudiar algo”, respondió la mujer, acostumbrada a acongojarse.
En ese instante entró su hija, bella, con sus bucles rubios recogidos en su nuca perfecta y una sonrisa de ángel, buena y dulce, dirigida a al futuro profesional. Desde ese momento supo cuál sería su destino. Más allá de lo concreto y de lo abstracto, ella era poseedora de una calidez humana inigualable y un reprimido deseo de participar en la realidad que co-creaba a través de su mirada y de sus asonantes monosílabos. Luciana era sorda. La hipoacucia había sobrevenido después de una escarlatina feroz a los cuatro años. La amó a pesar de mil advertencias y se prometió que lucharía en contra de su resistido aislamiento. Sus estudios, cambiaron de rumbo;  se orientarían para ayudarla. Nunca la abandonaría. Con el tiempo, la lengua de señas formó parte de sus vidas.
2011


Correcciones en 2013


Comentarios

Entradas populares de este blog

Rosas

Rumbo al Sur

Enamorándonos