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Mostrando entradas de agosto, 2014

Despedida

La apretó muy cerca de él, como el tango dulzón y nostálgico lo indicaba. En el pasional encuentro de sus piernas y brazos, las palabras se esfumaron y la cadencia del dos por cuatro, encendió la llama del percal arremolinado en una cama de Lugano. La radio de la mañana sonaba y sonaba, alardeando noticias de toda índole. La botella que rodó en el viejo piso entablonado, lo trajo a la realidad. La noche anterior se había llevado su último tango.

2012

El escritor

El escritor había dejado caer su cabeza sobre la destartalada mesa de cocina. La noche y su oscuridad lo sorprendieron dormido y babeante. A su lado, un escrito que parecía una carta y junto a él, una botella de ron vacía. Desde el atardecer, no dejaba de beber, del pico nomás, en rebeldía con el mundo y su suerte. Así, se introdujo en la brumosa soledad del sueño, sólo para acallar la pena que le corroía el alma. Esa pena tenía un nombre: Ruth.
2011

Corregido en 2014


Improbable

Pasó a su lado y la saludó con un triste semblante, bajando la cabeza y rozando apenas el ala de su sombrero.Furtivamente, dejó caer una violeta a los pies de la dama y siguió su camino, saltando charcos sin pegar la vuelta, hasta que se perdió en la esquina sin ochava.
La joven se quedó mirándolo.
Un carruaje, de los pocos que circulaban en la época, lentamente comenzó a desplazarse por  la calle anegada de tanta lluvia, salpicando con barro su vestido de raso celeste. Inmutable, la dama hizo ademán de recoger la pequeña flor. Para entonces, la voz áspera de su esposo la detuvo en el intento. Acababa de terminar el horario de su función como Notario Público, y tomándola del brazo la dirigió, posesivo, hacia el tablón de madera de barco hundido por el que ascendieron a la calesa. El cochero jaló las riendas y acompañados por el relincho jadeante de los caballos, marcharon con cierta dificultad, rumbo a la casa marital. El hombre leía unos documentos, tras el grueso vidrio de su monóculo…

Culpable

¡Culpable!: Fue la sentencia que escuché de sus labios. Los fundamentos no podían ser mejores. Fueron pocas palabras y la Prueba, contundente. El proceso se había desenvuelto respetando todos sus estadios, las formas guardadas, las réplicas no existieron. ¡Qué podía decir yo! Sin demoras, la notificación fue expresa y formal. Erigido en Tribunal, él la dijo a “viva voce”. Eterna sería mi condena: Debería amarlo para siempre.
2011 Modificado 2013

Duelo

Estaba ahí. Lo sentía. Sentía su aguda y tierna mirada sobre mi espalda. El salón, como siempre, estaba en penumbras, especialmente producido para encuentros de amor. Por esa razón había concurrido tantas noches en su busca, y lo seguiría haciendo de no ser porque la ausencia, aquí o allá, duele lo mismo. Luego de beber una copa, seguía la misma rutina: me daba vueltas, husmeando hacia atrás, y  la densa soledad del lugar a pesar de la gente que pululaba en él, terminaba por abrumarme y me marchaba. Ofrecían acompañarme, pero yo no aceptaba. Al otro día regresaba enfundada en el deseo de sentirlo tras de mí, mirándome, cuidándome, como si con eso pudiera resucitarlo. Hoy lo pensé mejor,  el recuerdo y el sentimiento, se llevan acurrucados en lo profundo del alma. No regresaré al Bar de nuestros encuentros.
2011
Corregido 2014