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Mostrando entradas de noviembre, 2014

Envidia

Jesusa barría la acera ágilmente y con rapidez, ahuyentando las hojas mustias del otoño. Un sonido chirriante se fue aproximando hasta ella. Del viejo automóvil, bajó una escuálida y decidida mujer joven, quien, amenazante, le clavó los ojos. La envidia trasuntaba su mirada. Era Sara. Desde niñas, había existido una barrera infranqueable entre ellas.
Sara siempre soñó con ser la preferida del escritor moribundo. Cuando éste cayó enfermo, hubo que designar a alguien que le acompañase en su última enfermedad. Todas las opiniones familiares recayeron en Jesusa. Nadie pensó en Sara. Ese pesar por lo ajeno, ese deseo de algo que no se posee, la caracterizaba. Nunca le perdonaría a Jesusa, que cuidara de su abuelo.

2014






El balcón

Entre nubes tenues de color rosa,  Magdalena se movía lentamente sin poder acelerar su marcha. Los pies le pesaban, las piernas no le respondían y ya casi se resignaba a no llegar  hasta el amplio balcón con macetones de florecillas azules y petunias rojas, donde su abuela tejía al atardecer.  De repente,  una brisa fresca onduló sobre su cara y se sintió mejor, a tal punto que logró asirse de la baranda de madera de su destino final. Cuando se asomó al vacío, divisó el mar azul, ése que tanto amaba y que le engullera su esperanza adolescente.  Volaría hasta él.  Pero un zamarreo en su hombro la hizo reaccionar. Cuando despertó, su abuela había abierto el ventanal y regañándola, la invitaba a levantarse.
2012

Cotidiano

Guardo y olvido el blanco delantal, por horas apenas. Cierro el bolso bastante cargado que llevo y traigo conmigo a diario y, con la fatiga propia de la jornada laboral casi terminada me esfuerzo en la última sonrisa del día. Luego, espero en la esquina a Ricardo, él me buscará y llevará a casa. En la espera, no me abaten ni el smog, ni los automóviles atestados en largas filas, ni sus bocinazos, expresiones angustiadas de sus conductores, locos por llegar a destino, como yo. Aprieto mi cartera pequeña contra mi costado izquierdo, me acomodo el bolso pesado en el hombro derecho y desafío en interminables minutos, a este otro atardecer que se parece al de ayer y se repetirá mañana, apostando consumirme entre sus sombras. Mentalmente, trato de prepararme proyectando el día que viene y elaboro listas de preferencias. Pero las listas no se fijan en mi memoria, se desvanecen y, mi mente ladina me recuerda que mañana es día de cobro. “¡Mañana cobramos!” me auto-anuncio y trago saliva. Niego …

Buscando anuncios

Manuela se había levantado malhumorada esa mañana. Su cabellera negra revuelta y su salto de cama raído le daban un aspecto de mujer cansada. Se sirvió el café vaciando la cafetera eléctrica en una tazota de loza y se sentó a leer el diario que, por debajo de la puerta del departamento, asomaba. Pronta, fue directo a la sección del clima y de allí a los avisos clasificados: Inmuebles, casas, departamentos en venta, alquiler. . . “¡Ni qué!” murmuró. Autos,  nuevos, usados, deportivos, utilitarios. . . “¿Para qué?” preguntó. Trabajo, profesionales, artistas, artesanos,. . . “Todos locos”, afirmó. Encuentros, citas, amistades. . . “¡Ésta es la mía!” dijo. El café se enfriaba y lo terminó a sorbos. Marcó varios anuncios  con un círculo y  se encerró en el baño. A la media hora otra Manuela salía del apartamento. Bella y con mejor cara. Llegó a la primera Agencia circulada, husmeó desde afuera y siguió. Así con la segunda y tercera hasta que la cuarta, le pareció confiable. Decidida, entró a pa…

Consecuencias

Todo brillaba en la Estancia "La Chiquita". Después de la lluvia, el cielo había quedado tranquilo con un color celeste abrumador y escasas nubes arrinconadas en el horizonte. El campo, había renacido en distintos tonos de verde. Era nuevamente enero, mes de vacaciones familiares, de veranos ardientes, de juegos para los niños y de sosiego para los mayores. Se vacacionaba siempre,  bajo el ojo vigilante de los padres. Las reglas de la familia tradicional se cumplían a rajatabla y eran impuestas por el padre, a la vieja usanza. Aquel domingo de enero de 1950, el automóvil del patrón llegó a los bocinazos, anunciando la época esperada durante todo el año, por grandes y chicos. Para estos últimos impregnada de aventuras y secretos nunca contados. Clara no vino esta vez. La sonrisa de  Pedro se perdió en el desconcierto de la ausencia. Nada preguntó. Nadie dijo nada sobre la hija mayor. Se fue con la cabeza gacha, rumbo a la puerta principal, cargado de valijas de cuero y bolsos …