Sin soñar un Poema. Sin conocer un lugar. Sin admirar una pintura

Del Poema "Alma venturosa"

“Al promediar la tarde de aquel día,

cuando iba mi habitual adiós a darte,

fue una vaga congoja de dejarte

lo que me hizo saber que te quería.”

De Leopoldo Lugones (1874-1938)

Poeta argentino

Aviso de "Un Cambio"

A partir de 2017, los Microrrelatos o Mini cuentos dejarán de ser una expresión en este Blog y, junto con los poemas brevísimos, también hijos de mi pluma, formarán parte de otro proyecto. Espero poder concretarlo.

Como hojas al viento

Las entradas de este Blog se publican en 2017, cada martes a la medianoche, desde la República Argentina.

Coordenadas 31°4000S 64°2600O

sábado, enero 25, 2014

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Paula permanecía acostada entre las sábanas blancas del hospital, plácidamente dormida. Había pasado largo tiempo en él, acompañada de la valentía de su Ser y del dolor de su enfermedad. También personas la acompañaron, pero sólo de a ratos. Las veinticuatro horas de penurias muchas veces le resultaron eternas. Siempre tuvo esperanza, pero un miedo secreto pretendía atraparla en las noches, cuando su mente volaba por el Universo interrogándose: “¿Por qué a mí? ¿Por qué tanto sufrimiento?”
Sin embargo, Paula nunca lo demostró. Cumplió con oriental paciencia las recomendaciones de sus médicos y se entregó en cuerpo y alma a la ciencia y a las creencias de quienes la ayudaban en la distancia.
Había terminado el último tramo de su rehabilitación y ya comenzaba a alimentarse mejor. Sus familiares lejanos siempre le escribían o le hablaban para decirle que estaban presentes, que estaban a su lado, que no la abandonaban y que no los abandonara.
El día anterior, Paula había sido sometida a distintos estudios y análisis de rigor. Había terminado abrumada por tanta plática de los profesionales y por tantas idas y venidas que había sobrellevado su frágil cuerpo. Las pestañas largas que adornaban sus ojos cerrados parecieron moverse ante la inclinación del Dr. Pacheco sobre su cuerpo.
No se incorporó, pero movió su cabeza de lado a lado como no queriendo despertar.
“Corra la cortina” ordenó el médico a la enfermera de mirada baja, que lo acompañaba.
Cumplida la orden, un manto de luz dorada muy parecida a la celestial entró por la ventana y cubrió el cuerpo de Paula.
“¡Buen día Señorita!” Se ve que ha dormido Ud. muy bien esta noche, ya que remolonea tanto y desaprovecha este sol bendito que cada día está más débil.
Paula se restregó los ojos y con una insinuada sonrisa, contestó:
_ ¡Buen día Doctor, sí, he dormido bien gracias a Dios y a sus cuidados!
   ¿Tiene algún resultado de lo de ayer? Preguntó con zozobra.
_ De eso quiero hablarte Paula, aclaró el médico joven aún, pero con incipiente pelo blanco, dejando en la pausa, introducirse el frío temor de la sospecha.
“Bueno, bueno, no se asuste Señora, los tres principales estudios de ayer, han dado bien. Los otros, ya sabes que demoran. Pero, agregó, después de todo lo que has luchado por tu vida te mereces eso y mucho más, Paula.”
Si todo sigue como hasta ahora, hemos decidido con el Equipo que dejarás el Hospital el 14 de diciembre y recibirás el Nuevo Año con tu familia.
La alegría, antes disimulada, se expresó en el rostro del profesional y la enfermera levantó su vista también con satisfacción, después de tamaño anuncio.
Paula no pudo menos que derramar muchas lágrimas de felicidad y se incorporó en su cama, compañera de tantas noches en vela. 
Faltaba muy poco para que llegase el día catorce y de repente comenzó a hacer planes cuando se quedó sola. El frío no le importaba, la nieve del hemisferio Norte, menos.
Un nuevo Mundo la esperaba afuera, un Mundo creado por ella misma con la energía sutil de su Alma y de su Mente. Una nueva mirada sobre el entorno y las circunstancias la llenaba de motivos para la lucha final.
“¡Me iré el 14 de diciembre, caminado!” se aseguró a si misma.
Una nueva mujer había despertado. Su aura ya no era pálidamente gris, sus destellos casi podían verse con los ojos del afuera. Con los del adentro los verían todos aquéllos que la querían y admiraban.
2010
Versión 2013   


Este cuento fue escrito con la intención de dar ánimo a una mujer que ya no está entre nosotros en presencia física y que dejó un dolor muy hondo en la Blogósfera. Era vecina mía. Era de Uruguay, pero radicaba en España.


Dedicado a una valiente Uruguayita

sábado, enero 18, 2014

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El Centro de Diagnóstico por Imágenes quedaba a unas pocas cuadras del radio céntrico de la ciudad, cuyos altos edificios, se perdían en el gris borrascoso de la tarde. Decidida pero temblorosa, Amalia no quería fallar al turno que había obtenido hacía veinte días atrás. Paraguas en mano, cruzó lentamente en un mini-bus la distancia que separaba el alejado barrio en que vivía de aquel moderno edificio. Fue pasando uno a uno los escritorios numerados donde se tomaban los turnos para diferentes estudios especiales. Se ubicaban sobre el lado derecho de un largo y sinuoso pasillo flanqueado por impecables paredes blancas, iluminado por claraboyas de colores en el techo bajo.
Prolijos asientos largos, tapizados en cuero ecológico marrón, ofrecían descanso a pacientes que por diferentes motivos asistían al Centro médico especializado.
Había en el lugar, un callado ir y venir de personas con similares expresiones en sus rostros que leían los carteles indicadores y se detenían en el que les correspondía. Amalia los fue leyendo uno a uno: “Cámara Gamma”, “Radiología”, “Mamografía”, “Densitometría”, “Tomografía axial computada”, “Resonancia magnética nuclear”, mientras sus ojos se agrandaban ante palabras nunca leídas; así, llegó al último sector desde cuyo techo colgaba el cartel que buscaba: “Ecografía”. Entregó su constancia de turno a la empleada y se dirigió hacia la puerta identificada con la silueta rosa de una mujer. Se lavó varias veces las manos con un champú con olor a violetas, acomodó su cabello y advirtió que en su rostro, un nerviosismo temeroso se había instalado que le agrandaba los ojos y le marcaba una profunda arruga en su ceño. Era propio del momento. Volvió al escritorio y completó sus datos personales, entregando la tarjeta magnética de su obra social. “Aguarde, unos minutos, señora, por favor” le indicó la secretaria. El término inusual en sus oídos caló muy hondo. Durante la espera, Amalia se preguntó qué era el tiempo, ese inasible parámetro de la vida, que si la mente se propone, puede medir a su antojo. Para ella, los minutos fueron horas.
Acostada en la camilla, con todo el vientre desnudo, la mirada fija en el cielorraso, el suave desplazamiento del gel frío sobre esa parte de su cuerpo, la volvió a la realidad.
“Está todo bien, querida, todo en orden, este bebé va a ser muy lindo”, afirmó la médica.
¿Qué es?   Preguntó Amalia, cortante.
_ ¡Un hermoso varón! respondió la profesional, con más alegría que la aparecida sutilmente en el rostro de la joven y agregó: “El padre se va a poner muy contento, porque los hombres, querida, siempre quieren varones, por lo menos el primero.”
Amalia se quedó sin palabras y se extravió en la melancolía. . .

2011
Con correcciones en 2013



sábado, enero 11, 2014

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Recorriendo el largo pasillo de aquel modernizado hospital, poblado de gente que pululaba por curación, en un claro, dentro de tanto movimiento de profesionales y enfermos, la vi. Estaba parada, de espaldas y sola. Su pelo parecía muy corto pues no se asomaba del pañuelo con el que envolvía su cabeza, su figura desgarbada. Llevaba un vestido largo de color gris, con mangas también largas. Me acerqué hasta el ventanal por donde la mujer parecía mirar y quise hablarle; mis palabras se ahogaron en la sorpresa de su inesperado giro. Sus ojos oscuros, sin brillo, enmarcados en ojeras color borgoña me miraron con tristeza, como alertándome: “Vete, te puedo contagiar”

2013


sábado, enero 04, 2014

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Todas las mañanas pasaba por la misma esquina rumbo a su trabajo. Un día, tropezó con Ella. Se disculpó y pensó que su cara no le era extraña. Una tarde, en otro lugar, volvieron a encontrarse bajo una torrencial lluvia que calaba los huesos. Ella lucía empapada, quietecita, esperando el bus. Se acercó a la fila de personas y la cubrió con su paraguas, un rato. Cuando la mujer ascendió al transporte, Él, se despreocupó y siguió su camino hasta la cochera donde había dejado su automóvil para protegerlo. Dos años habían transcurrido desde aquel tropezón y no tuvo problemas para reconocerla, sin embargo no lograba ubicar tiempo, ni modo, ni lugar, donde la hubiese visto por primera vez. Terminó por convencerse que le recordaría a alguien parecido. Una noche de invierno, las sirenas ululantes quebraron el silencio de aquel barrio. Rápidamente lo trasladaron hasta el Hospital donde lo esperaba un revuelo de uniformes, verdes, lilas, blancos. Vio todo negro y no recordó nada más. Entre tinieblas y cuerpos nebulosos, un rostro conocido se le presentó. Era Ella, que aparecía y se esfumaba, pero esta vez, le decía: "Vamos, vamos, ya pasó todo, despierte, despierte. . ." 


2011


No te duermas sin un cuento. . .by Zuni Moreno. Con la tecnología de Blogger.

Este Blog. . .


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Por

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Mi Propósito


La vida nos reúne en cualquier lugar y nos cuenta historias cotidianas.

Yo las he interpretado a través de los cuentos breves y los microrrelatos.

Y, a los sentimientos que fluyen de aquéllas, los he expresado en simples poemas.

Aquí, mi trabajo, para ustedes.

Zuni Moreno

Reconocimiento II


Todas las pinturas que acompañarán las entradas de "No te duermas sin un cuento", durante 2017 pertenecen a uno de los pintores argentinos más reconocido a nivel nacional e internacional, no sólo por la calidad de sus obras sino además por su particular temática: Benito Quinquela Martín (1890-1977)

Barcos de Quinquela Martín

Barcos de Quinquela Martín

De QM

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De QM

De QM

Reconocimiento I


Todas las pinturas que acompañan las entradas de "No te duermas sin un cuento" pertenecen a uno de los artistas rusos contemporáneos más admirado: Vladimir Volegov.

Este pintor nos acompañará durante el año 2016.

Mujeres de Volegov

Mujeres de Volegov

Un regalo

No te duermas. . .

Candela por la Paz

Candela por la Paz

Quien escribe

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Zuni Moreno

Conjunción


Las fotografías que ilustran este Blog, son de mi cámara.

Los cuentos y poemas, de mi pluma.


Capturando la vida

Capturando la vida
Mi cámara y Yo

Pensamiento en rosa


"He mirado las rosas y me he acordado de ti"

Juan Ramón Jiménez,

escritor y poeta español, (1881-1958)


Rosas, rosas

Rosas, rosas
Rosas de Vladimir Volegov

Poemas en flor


Este Blog trae al lector también poemas y, como un árbol en flor, supone la siembra y anuncia la cosecha, mientras se deshoja la vida.

Escribiendo con el pensamiento desde el alma

Pintando la vida

Antigua como la humanidad misma, la Pintura, responde a un impulso innato en el hombre de comunicación.

Recogiendo los frutos

Recogiendo los frutos
Tres de mis poemas y un cuento obtuvieron el 17-11-2012, el 3er. Premio en el Concurso Internacional,"Elegidos 2012" organizado por El Instituto Cultural Latinoamericano, de Junín, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

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