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Mostrando entradas de junio, 2014

El Postre

No era cosa fácil que “el Anastacio” viniera para el pueblo, menos que dejara su rancho y campito en manos de otros todo para llegar hasta lo de su prima Clotilde. A su manera,  la quería de verdad y no porque fuera su única pariente. Le molestaba sin embargo, su repetida  insistencia en presentarle alguna de sus amigas porque según ella, pasando los sesenta y cinco le sería cada vez más difícil encontrar compañera. Tanto había hecho la mujer esta vez que no  podría decirle que No. Le prepararía su comida favorita, seguramente. El mensaje con la invitación le había llegado a través del Alberto, el chico medio mozo ya, que criara Clotilde a pesar de haber dado vuelta la curva de la vida. “Cosas de mujer soltera”, pensó. _ A ver che, leé lo que dice tu madrina en este papel ordenó Anastacio, alegando que veía poco. _ Sí tío, contestó con frescura el joven que no siendo muy ducho en la lectura fue deletreando las palabras. _ Más rápido muchacho, que no está contando vacunos, apuró el invitado…

Silvana

Esa mañana de primavera Silvana estaba sola y un poco nostálgica. El viento del sur todavía traía fresco en sus oleadas, agitando los durazneros en flor, poblando de pétalos rosados la quinta de su padre. Añoraba su presencia y su compañerismo, pero al mismo tiempo sabía que debería abrirse camino con firmeza por las etapas de la vida que tenía por delante. No se encontraba muy entusiasmada, menos convencida de aceptar la invitación que su prima Genoveva, quien tal vez para levantarle el ánimo le había hecho. Si bien el mar no le desagradaba hubiese preferido viajar al Norte del país; volver a la Quebrada de Humahuaca en Jujuy, disfrutar de su colorido mineral de las montañas, de a ratos rojas con vetas amarillas o marrones con reflejos azules, dorados y verdes. Un arcoiris en las piedras. Y, tal vez se animaría a cantar una zamba, acompañada por un buen vino de Cafayate en medio de una Peña Folklórica en donde a nadie conocería. Seguro sería una pieza de su juventud.
Con su “nido vacío” …

Volver a Eldorado*

Era joven aún, su figura esbelta, su ropa sencilla y ese pelo tremendamente rubio y vaporoso, mezclado con hilos blancos brillantes que anunciaban el paso del tiempo y al que llevaba sujeto en la nuca, a manera de una “cola de caballo” (como se le llama a ese peinado), ciertamente la rejuvenecía. Sólo la vi de atrás, me quedé con las ganas de mirarme en sus ojos supuestamente claros.
Apenas se marchó del Supermercado, le pregunté a la cajera que la había atendido si conocía a esa mujer que acababa de retirarse y su respuesta fue lacónicamente negativa. Dejé el comercio y comencé a caminar sin rumbo mientras pensaba que seguramente al otro día me presentaría ante Rebeca Rothschild, simplemente para que supiera quien era yo.
Llovía en Eldorado, llovía en esa inmensa y joven ciudad de la Provincia de Misiones, fundada en la segunda década del siglo XX con puerto sobre el alto Paraná, por un alemán*, cuya fecha de nacimiento se impuso como aniversario de la colonia primero y ciudad después. …