Sin soñar un Poema. Sin conocer un lugar. Sin admirar una pintura

Del Poema "Alma venturosa"

“Al promediar la tarde de aquel día,

cuando iba mi habitual adiós a darte,

fue una vaga congoja de dejarte

lo que me hizo saber que te quería.”

De Leopoldo Lugones (1874-1938)

Poeta argentino

Aviso de "Un Cambio"

A partir de 2017, los Microrrelatos o Mini cuentos dejarán de ser una expresión en este Blog y, junto con los poemas brevísimos, también hijos de mi pluma, formarán parte de otro proyecto. Espero poder concretarlo.

Como hojas al viento

Las entradas de este Blog se publican en 2017, cada martes a la medianoche, desde la República Argentina.

Coordenadas 31°4000S 64°2600O

viernes, octubre 31, 2014

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¡Buenas noches!

Vacío

Las luces de abajo serpenteaban con la bruma del anochecer. A lo lejos, el puente iluminado sobre el ancho canal, parecía un castillo. La escasa brisa daba un respiro al calor de la tarde que moría. Azucena observaba el paisaje desde su octavo piso, sin poder precisar la longitud que la separaba de la calle, muy transitada a esa hora. Acababa de tomar su dosis de morfina y el pensamiento nublado por la medicación y la enfermedad, no lograba posicionarse en un punto concreto. Rita la observaba de atrás. Una enfermera fiel y especial que la cuidaba. La mujer, otrora anfitriona de deslumbrantes fiestas en su bonito piso, se levantó a tientas del sillón en el que se columpiaba. Apoyada sobre la baranda del florido balcón, miró el vacío, sin dimensionar su profundidad. Se inclinó más aún ante la mirada aprobadora de la enfermera. Ésta, la recordó en los comienzos de su enfermedad, rubia, esbelta, joven aún. Era una crueldad del destino que terminara así. La enferma se irguió y escrudiñó el horizonte repleto de rascacielos de veinte pisos. El edificio donde había vivido desde que se separara de Rogelio, sólo llegaba a once. Volvió a inclinarse apoyada en sus crispadas manos, ahora con más inclinación y fuerza. Justo en el instante en que decidía incorporarse de nuevo, una mano regordeta y fuerte, la inclinó aún más hacia el precipicio urbano y con un certero empujón, la lanzó a la oscura distancia entre la vida y la muerte. Una lágrima resbaló por el rostro enjuto de Rita y sus ojos se perdieron en el directorio telefónico buscando el número de Rogelio. “Así estará mejor”, se dijo mientras marcaba.


2014
¡Dulces sueños!

sábado, octubre 18, 2014

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Él, esperaba paciente en aquel Bar donde se servía el verdadero café colombiano que cada mañana  lo hacía sentir tan bien. El diario a un costado y su agenda abierta lo acompañaban. Una música instrumental de fondo, recordaba a Piazzola y el aroma especial del lugar, mezcla de distintos olores, ofrecía un ambiente acogedor para la espera. Él le había enviado un e-mail en el que le confesaba su amor, después de largos meses de conquista tácita y virtual. Tras ello,  había llegado el día propuesto y aceptado para recibir la respuesta. Ella, se insinuaba como mujer difícil para establecer una relación con el sexo opuesto. La separación cruel que la abatiera durante mucho tiempo, seguida de un fulminante divorcio le jugaba en contra. Afortunadamente, de esa  unión no quedaba descendencia. Él, tuvo sus amoríos pero nunca se había enamorado. Ahora era distinto. No podía explicarse el embrujo que lo mantenía pendiente de cada palabra, acción o propuesta suya. Sus encuentros reales motivados siempre por razones de trabajo se fueron haciendo cada vez más amenos y la intimidad terminó por invadirlos ante la silenciosa complicidad de ese Café. Un poco de temor oprimía el pecho del declarante y el tiempo se empecinaba en demorar el encuentro. Divagaba en reflexiones vanas, cuando de repente, Ella entró por la antigua puerta del Bar, ubicada en una esquina donde dos calles muy transitadas se encontraban y la acera pululaba de gente. Se arregló el pelo y decidida, con una insinuada sonrisa, encaró hacia la mesa dónde Él la esperaba. No se sentó, provocando estupor en el joven. Le tomó la mano y la sintió fría. “¿No te quedas, preguntó?” “No puedo”, respondió Ella, “Me ha surgido un inconveniente y te he venido a avisar”, aclaró. Ante la mirada desconcertada de su interlocutor, la mujer se apresuró a decir: “Te he enviado un e-mail, ábrelo cuando llegues a la oficina” y despidiéndose con un agitar de manos, se marchó. Él se quedó boquiabierto y al instante reaccionó rápidamente. Pagó su café, guardó su agenda y olvidó su diario. Salió presuroso, sin admirar como siempre, el fino marco de gruesa madera de nogal que sostenía la salida.


Ya frente a su Notebook, se llevó las manos al pecho como queriendo sujetar su corazón, mientras leía: “Mi respuesta es afirmativa, es sí, sí, sí. Yo también te amo. Te espero esta noche a las 21 hs en casa”. Era la primera vez que entraría a su departamento. Allí, la besaría y abrazaría hasta el hartazgo. Su mente acababa de iniciar la cuenta regresiva. Lejos, Ella caminaba sin rumbo, con una amplia sonrisa dibujada en su rostro, presuponiendo la actitud de aquel hombre que le había devuelto su fe en el amor.


2012



viernes, octubre 17, 2014

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¡Buenas noches!

Parada de bus

Pasó cerca de mí como una ráfaga. Corría a tal velocidad que si fuera de mi conocimiento o amistad y quisiera alcanzarle, no lo hubiere logrado. Una estela de zozobra dejó en el aire, una impotencia inmovilizante en cada uno de los que esperábamos el minibús a metros de esa maldita esquina. Vestida de sensación, la "cosa" se metió de lleno en el encontronazo de la moto con el flamante utilitario cargado de verduras. El pobre jovencito, voló, sin casco, en una desgraciada pirueta.

 2014

¡Dulces sueños!

sábado, octubre 11, 2014

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El joven que atendía la fotocopiadora, tenía los ojos más tiernos que Elena, jamás había visto. Hacía dos meses, desde que se había mudado al barrio, concurría casi diariamente al lugar.


Conforme con sus escasos recursos, se acomodaba para disponer de las fotocopias que le permitirían, salir del paso en el estudio. Era un cotidiano placer reflejarse en la mirada de Juan. Comenzaron hablando de sus pueblos de origen y terminaron entonando juntos un canción rockera y popular, alentados por una cerveza escondida. Sin embargo, un mostrador siempre los separaba. Aquel sábado al mediodía, sin clientes en la librería, Elena asistió igualmente por sus copias. Esperó que se fuera el personal, pagó a Juan el trabajo y comenzó la conversación, esta vez sobre los árboles frutales de la quinta del abuelo del joven. Entre risas y relatos, un movimiento oportuno, motivó la cadenciosa caída de las fotocopias. Se apresuraron a recogerlas y, a  pocos centímetros del suelo, sus alientos y miradas se encontraron. Entonces, el entorno desapareció y Juan solo vio la boca húmeda de Elena, la que entreabierta, le recordó esa fruta madura rebosante de miel y aroma que gustaba cortar del duraznero en verano. El beso fue atrapante. 

2012



sábado, octubre 04, 2014

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Aquella mañana, Sara estaba feliz. Acababa de comprar los pasajes de avión para hacer realidad su tan soñado viaje a Cancún. Había ahorrado desde la debacle del país en el 2002 y de su padre recibiría el premio a la buena hija que era y a la constancia que le permitió recibirse, después de tantos años de estudio. El premio eran dos mil dólares.
En abril, en Córdoba, hay muchos días grises. Ése era uno de ellos.
Un aleteo de manos, quedó atrás cuando el avión comenzó a carretear por la pista.
A Sara, casi le faltaba el aire y el nudo de su estómago se apretaba cada vez más, mientras el Boeing apuntaba hacia un cielo plomizo, rumbo a Santiago de Chile. Las nubes bajas le impidieron disfrutar el impresionante cruce de los Andes, que tanto le hubieron recomendado sus compañeros de trabajo. El viaje fue breve. Casi no advirtió al apuesto joven de traje azul que ocupaba el asiento contiguo. A las 9 y 30 del día siguiente partiría hacia Cancún, en el Estado de Quintana Roo, México.
Abrió lentamente los ojos, cuando el avión se enderezó. Se estiró la falda, se acomodó el pelo y se sobresaltó ante una voz que le preguntaba:
-¿Es la primera vez que viaja en avión?
Miró a su izquierda y se sonrojó al encontrarse con una cara bronceada, de sonrisa amplia que la miraba con simpatía, desde el marco azul de su perfecto traje.
Poco a poco se fue desligando de esa timidez absurda a sus años.
La agradable compañía del joven, unas buenas películas y la calidad del servicio hicieron que a Sara se le volaran las horas del vuelo. Se sobresaltó con la voz del Capitán que aconsejaba al pasaje no dejar de ver la hermosa Isla de Cozumel a sus pies. Un manchón verde oscuro en el azul claro e inmenso del mar.
Los ojos se le llenaron de verde en el trayecto desde el aeropuerto de Cancún hasta el lujoso hotel. Más tarde, no pudo disimular su emoción cuando un camarero, rigurosamente vestido de blanco, recibió su equipaje.
Deslumbrada por un lobby con pisos de mármol y sorprendida por la majestuosidad del mar infinito de aguas turquesa que no terminaba de abarcar desde su habitación, cayó rendida.
Hacía unas horas que había amanecido y ella quería disfrutar al máximo esta oportunidad, quizás irrepetible, por eso desayunó un colorido plato de frutas acompañado por yogur y un claro café de agradable sabor.
Salió, con el sol pegándole fuerte en su rostro. La Avenida Kukulcán, limitada por una inmensa laguna marina de un costado y por un collar de suntuosos hoteles, del otro, se extendía como columna vertebral de la estrecha isla.
Perdida su mirada en el boulevard perfectamente parquizado, bajo un cielo sin nubes, Sara se sintió en el paraíso. Caminó bastante hasta Plaza Caracol, un deslumbrante shopping, donde una multitud de turistas se agolpaba en los negocios de artesanías y de ropas finas. Cuando Sara alzó la cabeza, luego de haber elegido una entre mil pulseras de plata, no pudo contener su sorpresa. Escaparate de por medio, la misma cara bronceada del avión le sonreía. Después del saludo se perdió en el gentío. Le agradó el fugaz encuentro, pero apartó rápidamente el tropel de alocadas ideas que le vinieron a la mente. No…ella no… pero, ¿por qué no?
Las excursiones eran todas prometedoras: Playa del Carmen y Cozumel, Tulum, Xcaret, Xe-lá, Isla Mujeres, Chichen-itsa. Tenía que elegir algunas porque además de ellas, Sara deseaba fervientemente disfrutar de las playas caribeñas. Esas angostas pero largas playas de arena tan fina y blanca como el talco. Y esnorkear, ¿cuándo? Los días volarían. Volaron.
En una atrapante carrera contra el tiempo y las fuerzas, Sara pasó de una experiencia multicolor bajo el mar a la indescriptible sensación de encontrarse frente a un vivo pasado maya, en Chichen-itsa.
Fue justamente allí, casi llegando a la cima de la gran pirámide, cuando el joven bronceado del avión le tendió la mano para sortear el último escalón. Sara abandonó rápidamente la respiración yoga que le permitiera el ascenso y se sintió otra vez en el paraíso. Apenas podía respirar y eso que había dejado el cigarrillo hacía diez años. Se sentaron juntos. La coincidencia no dejaba de sorprenderla. Él le habló entonces de su trabajo para un operador turístico argentino y de sus frecuentes viajes a México. Se despidieron sin haber intercambiado mayor información personal.
Sara no podía creerlo. Había dejado para el viernes la excursión a Xcaret y había elegido permanecer todo el día en esa maravilla natural hábilmente explotada para el turismo. Escuchó los sonoros clarinetes mariachis de la entrada. Recorrió la plaza del juego de la pelota donde los antepasados mayas jugaban a la vida o a la muerte. Se sumergió en los ríos subterráneos a 17º de temperatura, sintiéndose la heroína de Indiana Jones. Almorzó acompañada de papagayos y aves del paraíso en un romántico restaurante al son de un xilofón folklórico… Y cuando en el magnífico espectáculo musical de la noche, las luces se apagaron y el público se iluminó sólo con la tenue luz de una vela, el movimiento de cuerpos dejando pasar a alguien que pretendía sentarse a su lado, la dejó boquiabierta. Era acaso, ¿una señal del destino? Esta vez, intercambiaron información toda la noche.
De nuevo el color esmeralda hacia el aeropuerto. Aquél joven que aparecía y desparecía no estaba en la sala de espera. Voló con los ojos cerrados y el pensamiento perturbado hasta el Distrito Federal.
La escala fue de una hora. Mientras los pasajeros ascendían y la azafata verificaba sus asientos con afable disposición, Sara apretó los ojos y se ovilló en el asiento, bajo el amparo del cinturón de seguridad. El Boeing despegó.
Era de noche. La tibieza de una mano varonil sobre la suya le arreboló las mejillas. Sus ojos se encontraron con los de él que hablaban de muchos viajes por delante. Abajo ya casi no se veían las luces de la ciudad más grande del mundo.


2010

No te duermas sin un cuento. . .by Zuni Moreno. Con la tecnología de Blogger.

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Por

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Mi Propósito


La vida nos reúne en cualquier lugar y nos cuenta historias cotidianas.

Yo las he interpretado a través de los cuentos breves y los microrrelatos.

Y, a los sentimientos que fluyen de aquéllas, los he expresado en simples poemas.

Aquí, mi trabajo, para ustedes.

Zuni Moreno

Reconocimiento II


Todas las pinturas que acompañarán las entradas de "No te duermas sin un cuento", durante 2017 pertenecen a uno de los pintores argentinos más reconocido a nivel nacional e internacional, no sólo por la calidad de sus obras sino además por su particular temática: Benito Quinquela Martín (1890-1977)

Barcos de Quinquela Martín

Barcos de Quinquela Martín

De QM

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Reconocimiento I


Todas las pinturas que acompañan las entradas de "No te duermas sin un cuento" pertenecen a uno de los artistas rusos contemporáneos más admirado: Vladimir Volegov.

Este pintor nos acompañará durante el año 2016.

Mujeres de Volegov

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No te duermas. . .

Candela por la Paz

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Las fotografías que ilustran este Blog, son de mi cámara.

Los cuentos y poemas, de mi pluma.


Capturando la vida

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"He mirado las rosas y me he acordado de ti"

Juan Ramón Jiménez,

escritor y poeta español, (1881-1958)


Rosas, rosas

Rosas, rosas
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Poemas en flor


Este Blog trae al lector también poemas y, como un árbol en flor, supone la siembra y anuncia la cosecha, mientras se deshoja la vida.

Escribiendo con el pensamiento desde el alma

Pintando la vida

Antigua como la humanidad misma, la Pintura, responde a un impulso innato en el hombre de comunicación.

Recogiendo los frutos

Recogiendo los frutos
Tres de mis poemas y un cuento obtuvieron el 17-11-2012, el 3er. Premio en el Concurso Internacional,"Elegidos 2012" organizado por El Instituto Cultural Latinoamericano, de Junín, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

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