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Mostrando entradas de diciembre, 2014

Noche de enero

Aquella noche de pleno verano, entre el calor agobiante de enero y la ansiedad que generaba lo secreto y esperado, un ruido sobre el techo de chapa de la casa de mi abuela,  me sobresaltó. Di vueltas en la cama y aunque no lo deseaba, acabé  despertando, sin poder, por lo menos por un buen rato volver a dormirme. Mientras, bajo la tenue luz de una lámpara que alumbraba desde uno de los rincones de la habitación, detuve mi adormilada mirada en aquella cama, cómoda y más grande que las demás, de plaza y media, creo, y de bello bronce reluciente, que siempre correspondería a la mayor de las nietas. Con un ojo cerrado y otro semi-abierto para poder espiar, divisé a través del vidrio de la ventana que daba a la larga galería perfumada con "jazmín del país", unas sombras moviéndose. “¡Son ellos!” me dije, “¡Ya llegan!”Y con los nueve primorosos años a cuestas, vi camellos, en espaldas humanas cargadas con bolsas de juguetes, no advertí el cántaro que aún guardaba el agua que los an…

Un cuento de Navidad

Guillermina Diciembre, último mes del año. Navidad. Año Nuevo. Llegan las fiestas, los compromisos, los deseos por satisfacer y las expectativas por cubrir. Sin embargo, Guillermina, aquella niña huérfana criada por su tía Margarita con escasos recursos siempre esperaba poco o nada. “Este año no habrá de ser distinto”, era el pensamiento de ella y su tía. Vivían a la vera del camino secundario que comunicaba la villa con la ciudad, más allá de las afueras, en una casita de piedra con un gran parque bien cuidado herencia de su padre. Su tía le había anunciado que no recibiría nada en estas “fiestas”, que eran pobres y no habría regalos esta Navidad. Pero, la huerfanita no perdía la esperanza. Su deseo, esta vez, era tener un oso de peluche grande como si fuera de verdad y dormir abrazada a él. Acababa de cumplir nueve años y a pesar del ambiente rígido y austero en el que había crecido era generosa, alegre y servicial. De vez en cuando su tía la halagaba con un mínimo cumplido. “Sigue a…

Un oso

A los ocho meses de un embarazo feliz recibió la noticia del accidente de Héctor. Sin el padre de su hija, tuvo que encontrar las fuerzas que le faltaban en cualquier lugar: su hogar,  la oficina, la casa de la abuela, el departamento de mamá viuda, el consultorio de su psiquiatra y luego el más reconfortante, el de su psicóloga. Todo era menester para criar a la niña. Afortunadamente, si bien no había superado aún la tamaña pérdida, poco a poco, pensando siempre en su hija, se había ido recuperando. Era diciembre y los cinco años que se habían diluido en el tiempo convencional no habían quitado el luto de su corazón. Esa tarde, Anabel quedaría con su abuela y ella podría salir de compras para Navidad. El centro comercial era un infierno y todavía restaban cinco días para la fiesta.  Sandra iba  decidida a conseguir un peluche enorme que remedara y reemplazara al oso bebé que la niña había visto en el zoológico y que pretendía para sí.
Recorrió galerías y el Shopping de la ciudad, pero …