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Mostrando entradas de marzo, 2015

Tres hijos

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Si los hubiese visto antes, tal vez no estarían  en el estado en  que los descubrí. Una madre sola, poco puede hacer. El señor padre, un ejemplar de alta sociedad, bien distinguido, sin penurias de ningún tipo, recorriendo las calles de Lagoa, orondo, con su traje impecable de color canela. La madre, delgada, de grandes ojos verdes, sencillamente ataviada, hacía lo que podía por criar a sus pequeños hijos, dos de ojos celestes por herencia paterna. Los miré con amor y creo que lo advirtieron. No entendieron mi lengua. Ellos eran brasileños. Pedí permiso a su madre y les tomé una foto. Nada más.

 2012

Tormentas

Una tormentasin igual, propia del verano, se desató en la ciudad. Ignacio se refugió en una Librería y compró un libro para pasar el tiempo. Casualmente, una joven que había entrado empapada después de él adquirió el mismo. Cuando el vendedor lo advirtió, ya fue tarde: Ambos se sonreían ante la coincidencia. Esperaron que la lluvia amainara y Cissa fue la primera en partir presurosa rumbo a la estación del Ferrocarril. Debía tomar el tren de las 7 de la tarde si quería llegar a casa con luz solar y así poder admirar el atardecer desde la costanera que bordeaba el ancho río, a unos quinientos metros de su destino. El viaje en tren era su forma predilecta de viajar. La lectura de cuentos de amor, también. Las huellas de la tormentade horas atrás se dibujaban en el campo luminoso. Mirándolas, se durmió. El libro que acababa de comprar se resbaló de su falda. Nunca más lo encontró.  El ronronear de los truenos y la sorpresa de los relámpagos, junto con la bocina del tren anunciando su próxi…

Ojos azules

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Parecíamos embelesados, perplejos, atónitos, deslumbrados, cuando nuestras miradas se cruzaron encontrándose, en esa tibia tarde de primavera. Valían la pena esos ojos, azules y seductores como pocos, que me recorrían de arriba abajo, dominándome.  No pude dar un paso.  Como clavada a la acera,  esperaba. Daba la impresión que ninguno de los dos sabría qué hacer cuando recíprocamente dejásemos de mirarnos. Ya me había dicho Clara que era atento, servicial y cariñoso y además, para rematar, complaciente. Sin embargo, inmediatamente recordé que también me dijo, que solía ser un poco testarudo, algo orgulloso y bastante independiente. No me preocuparon las opiniones. El feed-back entre los dos permaneció indemne en los escasos segundos que duró. Debo haber parecido una pobre tonta al punto que,  no fui capaz de escuchar a la empleada que me decía: “Pase, pase por favor señorita, es un Husky siberiano, no le va a hacer …

Otra mirada

_ ¿Te parece? preguntó Rogelio con voz cansada. Es una oportunidad que no vale la pena desaprovechar. El abogado dijo que no me cobra la consulta. _Cierto, contestó ella, mientras continuaba leyendo el diario de la mañana en aquel bar. Una conversación lacónica hablaba, valga la redundancia, de un desinterés mutuo aparentemente reconocido por ambos. _ ¿Me voy, entonces? Preguntó el esposo. _ Claro,  afirmó la mujer. Un frío helado, hiriente, corrió por su cuerpo al irse el hombre. El tiempo transcurría sin medida. La jarra de loza que aún contenía un poco de café, saltó por el aire a causa del respingo que le produjo un fuerte ruido proveniente de la calle que se asemejaba bastante a una explosión. _ ¡Dios Mío! Se dijo. Rápidamente tomó el teléfono móvil y marcó un número, secándose el líquido oscuro derramado en su impermeable claro. El camarero se acercó, comentándole que algo había ocurrido en la calle, pero ella no lo escuchó. _ Hola, contestaron del otro lado. _ Hola, soy yo, la Sra. de. . …

Lucero

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Lo vi desplazarse altivo, me gustó su pelo claro como canela molida, su mirada buena. Elena no permitía que nadie se le acercase, era suyo, injuriosamente suyo. “Nadie puede disponer así”, pensé. Mi amiga, entraba en cólera si me animaba a decir cuánta admiración me causaba. Realmente la soberbia desmedida la dominaba. Sentadas frente al jugo de naranja fresco, podía percibir su satisfacción en seguir sus acompasados movimientos. “¿Irás a la exposición?” Pregunté débilmente. “Seguro”, acotó, “para eso estamos listos los dos”, dijo con un exceso de suntuosidad en sus palabras. Muy probablemente “Lucero” habría de obtener el primer puesto; era un alazán hermoso.

2015

Elección

La joven de pelo negro y corto estaba parada a la orilla del camino junto con otros compañeros. Esperaban a alguien, un retrasado. Ellos iban en automóvil y el retrasado en moto. Todos estaban alegres comentando sobre los días que pasarían en el campamento. Llevaban dos carpas inmensas donde dormirían muy cerca de un río caudaloso que corría entre cerros verdes y húmedos. La atmósfera, se impregnaba de murmullos juveniles, de risas y planes. Un integrante se apartó del grupo y desde el medio de la carretera de ripio, gritó: “Ya llega, lo veo.” El que arribaba era una pieza clave para el grupo ya que sería quien habría de indicar el lugar justo donde acamparían. Cuando detuvo su moto y quitó su casco, un mechón de pelo casi rubio flotó en el viento de enero. Erguido sobre su alta estatura, alejó sus antiparras de sus ojos y el verde intenso se reflejó en ellos. La jovencita de pelo corto experimentó una emoción desconocida, un fuerte calor le subió desde su estómago y se alojó en su gar…

Dos destinos

Sobre el escenario, tenuemente iluminado de aquel club nocturno, un hombre alto, pelirrojo y de encantador porte se contorneaba al compás de los acordes de jazz arrancados a su saxofón. Era un artista del instrumento, además de compositor. Desde hacía algunos años llevaba una vida bohemia. Un pequeño apartamento en el último piso de un edificio de seis, antiguo, propio de la arquitectura romántica de comienzos del siglo XX era su accogliente refugio. Los primeros veinticinco años de su vida los había pasado en Italia, cerca de Firenze, trabajando junto a su padre en el cultivo de olivares El artista era fruto de una unión casi inexplicable entre una inglesa de Newcastle, acostumbrada a deleitarse por las tardes con la bruma azul-grisácea del Canal de la Mancha y un alto, moreno y fuerte italiano de la región de Toscana, propietario de una fértil campiña donde los olivos crecían con placidez. Un deseo propio de la edad habría de trasladar a Robert Rossetti hasta un mundo ignoto para él…