Juego


Jugábamos en la vereda de tu casa con esas bolitas de vidrio de muchos colores que a mí me fascinaban. Yo no entendía muy bien el juego porque eran los varones quienes participaban de él y mis hermanos no quisieron enseñarme. Pero, esa siesta de primavera, tú estabas solo y yo estaba sola. Tú querías ganar con tus canicas y me invitaste, con tan mala suerte que terminé triunfadora de la partida. Estallaste en llanto. Bueno, tenías un año menos que yo. Fue suficiente ver a tu madre con gesto adusto y empuñando la escoba, venir en mi dirección, para que saliera corriendo como una liebre asustada y, de paso, dirigiéndome hasta ti te extendiera  mi mano sucia conteniendo tus canicas.


2015




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