Día de San Valentín


Ella lo veía pasar todas las tardes, con el nudo de la corbata desajustado, el cuello de la camisa desprendido, el pelo revuelto y su porta-notebook, colgado del hombro, denotando el cansancio propio del final de la jornada. Nunca lo advirtió de mañana, porque la tienda de chocolates abría seguramente más tarde que su horario de ingreso laboral.  Poco a poco, como gota que se sustrae muy lentamente de un pico mal cerrado, Emilia  lo fue incorporando a su quehacer diario. Él dejaba su automóvil en una cochera próxima, razón por la cual la muchacha lo reconocía cada día.
Desde semanas atrás, la vidriera del local rebasaba de carteles anunciando el "Día de San Valentín". 
Cuando llegó la fecha especialmente esperada por los enamorados y particularmente por los jóvenes, ya que por estos lares del mundo, los mayores no la habían festejado nunca, Emilia deseó fervientemente que el joven no entrara por ningún regalo. Si lo hacía, ello podría significar que su corazón pertenecía a alguien.
Sin embargo, arribado el 14 de Febrero,  Pablo Miranda se acercó al mostrador de la Bombonería.



Emilia sintió sus mejillas arreboladas y ese típico aceleramiento del corazón. Con voz casi  entrecortada preguntó que se le ofrecía. El joven le respondió con seguridad: "Asesóreme Ud. Señorita, quiero llevar unos bombones finos, de regalo a una mujer". En su apuro por atenderlo, la muchacha casi tropieza con unas cajas apiladas, pero, sorteado con fortuna el obstáculo, luego de ofrecerle distintas opciones y de comprobar que ya había elegido la caja roja con forma de corazón, con amabilidad, le ordenó. "Abra la caja, Señor" 
Pablo, la obedeció y al hacerlo, una nube etérea de mil corazones escapó de su interior, envolviendo a ambos. Fue un segundo.
“Bueno, va a quedar muy bien con este presente para su enamorada en el Día de San Valentín” concluyó la joven, jugándose su fantasía en sus palabras. Pablo la miró profundamente a los ojos y  respondió con cierta lentitud y con tono dulzón:

“Se equivoca Señorita, estos bombones son para mi madre que justamente hoy cumple sus 80 años”.
Versión 2016

Las pinturas que acompañan cada cuento pertenecen a Vladimir Volegov, pintor ruso contemporáneo
www.volegov.com

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