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Mostrando entradas de abril, 2016

Mentiras

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Aquella mujer, ubicada frente al gran ventanal del lobby del hotel miraba indiferente las palmeras y la gran piscina de aguas termales. Un vaso alto de Fernet con Coca-Cola, la acompañaba. De vez en cuando observaba su reloj con gesto nervioso. Pronto llamarían a cenar y sin embargo ella no tenía apetito. En cambio, un nudo emocional, que recordaba historias repetidas cerraba su estómago. El sol de la tarde se había perdido tras nubes negras y encrespadas. Quedó sola. Los que estaban próximos a ella, marcharon al comedor. Pronto, optó por retirarse a su habitación para desplomarse sobre la confortable cama matrimonial. Consultó por última vez la hora. Una lágrima, la convenció: Otra vez, él le había mentido.
2011


Las pinturas que acompañan cada cuento pertenecen a Vladimir Volegov, pintor ruso contemporáneo
www.volegov.com

Nostalgia

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Apoyada en el muro de la costanera, miraba el ancho río marrón. Sus ojos oscuros se perdían en la lejanía de pequeñas olas que dejaba la estela de un lanchón. Su canoa de madera, pintada de rojo no se divisaba. Ésa, donde tantas noches, a la luz de la luna, recogieron juntos los espineles plateados de tanto pescado. Ahora estaba sola: sin él, sin su canoa y la saudade había cobrado vigencia.
2011

Las pinturas que acompañan cada cuento pertenecen a Vladimir Volegov, pintor ruso contemporáneo


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El balcón

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Entre nubes tenues de color rosa,  Magdalena se movía lentamente sin poder acelerar su marcha. Los pies le pesaban, las piernas no le respondían y ya casi se resignaba a no llegar  hasta el amplio balcón con macetones de florecillas azules y petunias rojas, donde su abuela tejía al atardecer.  De repente,  una brisa fresca onduló sobre su cara y se sintió mejor, a tal punto que logró asirse de la baranda de madera de su destino final. Cuando se asomó al vacío, divisó el mar azul, ése que tanto amaba y que le engullera su esperanza adolescente.  Volaría hasta él.  Pero un zamarreo en su hombro la hizo reaccionar. Cuando despertó, su abuela había abierto el ventanal y regañándola, la invitaba a levantarse.
2012


Las pinturas que acompañan cada cuento pertenecen a Vladimir Volegov, pintor ruso contemporáneo
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Respuesta

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Él, esperaba paciente en aquel Bar donde se servía el verdadero café colombiano que cada mañanalo hacía sentir tan bien. El diario a un costado y su agenda abierta lo acompañaban. Una música instrumental de fondo, recordaba a Piazzola y el aroma especial del lugar, mezcla de distintos olores, ofrecía un ambiente acogedor para la espera.
Le había enviado un e-mail en el que le confesaba su amor, después de largos meses de conquista tácita y virtual. Tras ello,había llegado el día propuesto y aceptado para recibir la respuesta. Ella, se insinuaba como mujer difícil para establecer una relación con el sexo opuesto. La separación cruel que la abatiera durante mucho tiempo, seguida de un fulminante divorcio le jugaba en contra. Afortunadamente, de esaunión no quedaba descendencia. Él, tuvo sus amoríos pero nunca se había enamorado. Ahora era distinto. No podía explicarse el embrujo que lo mantenía pendiente de cada palabra, acción o propuesta suya. Sus encuentros reales motivados siempre p…

Nuestro contacto

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Todos los días, cuando la tarde declinaba, lo veía pasar apurado, desde mi oscura posición en la acera. Ahora, debería esconderme más. Las luces y brillos de las fiestas del Carnaval que se avecinaba, me jugarían en contra si no aceleraba mi plan. Casi a la misma hora, y siempre desde las penumbras del viejo zaguán, lo observaba regresar de su trabajo y marchar rumbo a su hogar unipersonal, en el tercer piso del moderno edificio. El clima caluroso de febrero en el hemisferio Sur, devenía en obstáculo para mi estrategia. El sol se ponía más tarde y las oportunidades flaqueaban. Sin embargo, y dado el avance de mi información sobre el apuesto joven que me atraía desmesuradamente, ya era hora del contacto. La paciencia me acompañaba y estaba segura que el tan ansiado momento llegaría pronto. En vísperas del lunes de Carnaval, los aprestos de los corsos y comparsas ya se habían cumplido. A la medianoche, nadie quedaría en las calles. Desde mi oscuridad interior supe que lo vería en esa soled…