Sin soñar un Poema. Sin conocer un lugar. Sin admirar una pintura

Del Poema "Alma venturosa"

“Al promediar la tarde de aquel día,

cuando iba mi habitual adiós a darte,

fue una vaga congoja de dejarte

lo que me hizo saber que te quería.”

De Leopoldo Lugones (1874-1938)

Poeta argentino

Aviso de "Un Cambio"

A partir de 2017, los Microrrelatos o Mini cuentos dejarán de ser una expresión en este Blog y, junto con los poemas brevísimos, también hijos de mi pluma, formarán parte de otro proyecto. Espero poder concretarlo.

Como hojas al viento

Las entradas de este Blog se publican en 2017, cada martes a la medianoche, desde la República Argentina.

Coordenadas 31°4000S 64°2600O

lunes, agosto 29, 2016

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Muchas miradas zigzagueaban en el Tortoni recorriendo distintos trayectos desde las pinturas y fotografías colgadas sobre la pared hasta las mesas, casi todas ocupadas o, hasta los ojos de algún “mozo” para pedir la cuenta u ordenar alguna de las exquisiteces del lugar. Un murmullo  multinacional no permitía que nadie se sintiera solo, aunque bebiese un solitario café.

El recuerdo del tiempo transcurrido le hizo sentir la reiterada angustia de la espera. Trajo a su memoria la primera cita en el mismo Café. Los ojos grises, las manos cálidas y el reloj en su muñeca, retaceando su presencia.

Las mesas redondas con tapa de un mármol gastado  descollaban por su estilo Siglo XIX, simpáticas, con su típica pata central de madera oscura que se abre en cuatro soportes. Acompañadas por sus sillones de madera y cuero también gastado le daban un aire señorial al salón. Las arañas de cinco luces le recordaban la única que existía en el comedor de la casa de su abuela.

Se preguntaba si había sido acertada su decisión de volver al célebre Tortoni, después de tanta incredulidad y desesperanza cosechadas por más de diez años. El extranjero próximo podía resultar muy lejano si la distancia se acompañaba del silencio. Sus cavilaciones dejaron enfriar el café.



Los cinco  espejos de bordes biselados devolvían la figura del que espía pero no quiere ser visto, aunque no hubiese en esa devolución, el mínimo atisbo de deformidad o de distorsión. Los pisos caminados pero resistentes luciendo orgullosos el paso del tiempo, también captaban las miradas de los visitantes. La vieja caja registradora como narradora principal de mil historias permanecía vigilante en la barra concurrida.

Otra vez, después de muchas otras, las manecillas del reloj le parecían correr una carrera interminable saltando de un número a otro. Sabía que su templanza la abandonaría a la brevedad si su celular no sonaba, anunciando el retraso. Su corazón comenzaba a agitarse, el dolor en la boca de su estómago era incipiente; el aire le parecía más denso.

El techo de vitraux propio de la época de su esplendor, filtraba el sol de las mañanas porteñas dejando ingresar desde muy temprano, la sutil claridad del día. Sus trece columnas gruesas y fuertes, rematadas en firuletes dorados, sosteniendo la estructura del famoso Bar desde finales del 1800, resultaban arquitectónicamente imponentes.

Ninguno de ambos había faltado nunca a la cita en el Café Tortoni, un discreto testigo de palabras bajas y miradas profundas. Los juramentos y solicitudes quedaron guardados en los aromas esfumados del pasado. Y la promesa de superar lo imposible parecía que se agotaba en los pocos minutos que restaban.

La mesa del fondo ocupada por las letras y la música, atrapaba los versos tristes de Alfonsina Storni; recordaba que entre las paredes del recinto, los tangos de Gardel embelesaron  a los parroquianos de principios del siglo XX; y sugería también que Borges, tal vez iniciara algunos de sus textos al compás de los humeantes cafés que los camareros le sirvieron.

La hora se acercaba y la duda sobre la presencia del otro abrasaba su pensamiento. Un desenlace que pondría fin al sufrimiento que provoca la falta de certeza se aproximaba. A veces, resulta difícil cumplir con la palabra empeñada porque hay miles de situaciones que traban la acción. Sin embargo, nada hacía pensar que la cita peligraba.

Desde la mirada del observador, el mundo mágico generado en el espacio del Café Tortoni sólo se desvanece, cuando el retumbar de los bombos de la protesta ciudadana llama a espiar su paso por la Avda. de Mayo rumbo a la Casa Rosada.

En esta ocasión, el particular ambiente del Tortoni se desvaneció sin alboroto alguno, sólo fue suficiente la mirada dulce y penetrante de quien llega sin más argumento que el amor, enfocada en los ojos sorprendidos y emocionados de quien ha esperado sin reclamo.

2016


Las pinturas de este mes que acompañan cada cuento pertenecen a Vladimir Volegov, pintor ruso contemporáneo

www.volegov.com






lunes, agosto 22, 2016

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La Patagonia argentina, es una de las regiones geográficas de mi país que reúne varias provincias y aspectos naturales únicos en el mundo.
La Patagonia argentina por sí sola mide en tierras emergidas más de 800 000 km² y al añadírsele la Antártida Argentina que forma un departamento de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida Argentina e Islas del Atlántico Sur, el área emergida ronda los 1 700 000 km².








Rumbo a Río Colorado
La primera barda volcánica se extiende majestuosa en el extenso y perfecto horizonte. La ruta asfáltica parece treparla en el efecto que la distancia provoca y el cielo azul ostenta una claridad propia de una pincelada maestra del mejor pintor. La suave ondulación patagónica distrae la visión tan abarcativa a ambos lados de la ruta. Alguno que otro médano tapizado de una suave paja amarilla resulta agradable en la monotonía del camino. Los caldenes poco a poco desparecen y la carretera, con su interminable señal blanca en el medio, termina ocupando toda la atención. En este lugar, en pleno portal de la Patagonia argentina sin que ningún signo humano pueda desviar la observación por largos períodos, es necesario agudizar los sentidos durante el trayecto.
De vez en cuando un cartel pintado de verde resalta con sus letras claras kilómetros interminables por recorrer. Y, cuando la soledad se esfuma tras dos o tres vehículos que viajan en convoy, todo vuelve a la normalidad. Entonces, una inusitada alegría se apodera del viajero de la mano del espejismo de una inmensa laguna blanca que brilla con el sol. El acercamiento del desplazarse demuestra, esta vez, que el agua se ha esfumado y que el blanco de la sal se apodera del paisaje. Es enero y todo tiene otro color aún en esta región reverdecida por una escasa, pero benefactora lluvia.
Una inimaginable curva de la ruta, luego de tanta rectitud, promueve una leve zozobra. Ningún cartel señala una rastrillada, pero seguro la tierra tiene su memoria y sabe que por estos lares, sus amos y señores de antaño, las marcaron cabalgando a pelo, en magníficos malones que el hombre blanco no supo o no pudo comprender.
Los ojos traicionan y se entrecierran, el sobresalto sucede y el río Colorado, turbulento después de la crecida que revuelve su lecho bermejo, está cada vez más cerca.

2015
















Lugares que inspiran     Letras que nacen

lunes, agosto 15, 2016

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Si no estás conmigo,
Mi corazón llora
Las emociones rotas
Que se deslizan
En genuina ronda,
Por el insospechado laberinto
Del silencio y la sombra.

Si no estás conmigo,
La soledad me abrasa,
Me nubla la vista,
Ahoga mi calma.
Me duelen las lágrimas,
Que en torrente mezquino
Me roban el alma.

Si no estás conmigo,
Para qué sufrir
El clamor de las horas
Que mi fuerza arrebata,
Y mi razón obnubila.
Por qué acudir a tamaño artificio
Para conjurar lo dicho.

Si no estás conmigo,
Será porque ya es basta,
Me quedo a la zaga
De tu amor y destino.
Y, en solapada disculpa,
Mi mente denuncia,
El sabor de la culpa.



Enero 2015



lunes, agosto 08, 2016

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Albert Williams, un extraordinario pintor de estilo clásico, realista, que logró pintar las flores con un realismo muy sutil. 
Williams inicia su obra bajo la influencia del estilo pictórico del Romanticismo, en sus primeros años, recibió el influjo de la Escuela holandesa de pintura de flores del siglo XVII, luego recepta los principios estéticos del impresionismo realistay muchas de sus pinturas incursionan en el Fotorrealismo.





Albert Williams nació en el Condado de Sussex, al sur de Inglaterra, el 20 de marzo 1922. Estudió pintura con su padre y abuelo, ambos destacados pintores. Más tarde, asistió a escuelas de arte en Londres y París. Sus obras han participado en numerosas exposiciones, en la Real Academia, la Real Sociedad de Acuarela, la Real Sociedad de Artistas Británicos, el Salón de París, el Festival de Edimburgo, entre otras y en numerosas y prestigiosas galerías artísticas de Londres.














Artista consumado, su pintura emana de su sentimiento, experiencia e imaginación. Ha recibido encargos de muchos diseñadores de interiores para decorar casas y oficinas de muchas personas ricas y famosas en toda Europa, Oriente Medio y los Estados Unidos de América.
Visitante regular del teatro, ballet y ópera, Albert Williams estuvo involucrado activamente con el movimiento por la paz mundial y diversas organizaciones ecologistas y medio-ambientalistas.
Falleció en el año 2010.


(Continuará)

Algunas Fuentes de esta entrada:

http://www.reprodart.com/a/williams-2.html
http://www.easyart.com/art-prints/artists/Albert-Williams-93.html
http://www.magnoliabox.com/artist/2646/Albert_Williams
http://www.arcadja.com/auctions/en/williams_albert/artist/96786/
http://www.globalgallery.com/knowledgecenter/artist_biography/albert+williams
http://www.bbc.co.uk/news/uk-england-sussex-13380152




lunes, agosto 01, 2016

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“Luna, luna, dónde estás, por qué no apareces este atardecer” se preguntaba en voz alta la jovencita apoyada en la baranda del balcón florido. La casa de sus abuelos en el campo guardaba muchos secretos. Sabía que si había luna, la noche estaría más clara y ella podría quedarse un rato después de cenar, y jugaría naipes con el hijo del administrador en la galería que daba al parque.  
Había abandonado sobre la cama sus maletas y aún no se había dado una ducha, después del agotador viaje en tren desde la Capital; se disponía a hacerlo cuando su abuela entró en la habitación invitándola a una charla íntima.

Luego de tomar un baño reconfortante, se acomodó en el balcón orientado hacia la casa prohibida.  Desde allí, y con congoja por lo que le había contado su abuela se quedó mirando la hilera de eucaliptos que se perdían en las sombras del ocaso.

Durante la cena estuvo callada y comió poco. Ante el reclamo de su abuelo, acudió al argumento del cansancio para justificarse y a las miradas cariñosas para convencerlo.

La recién llegada acababa de cumplir dieciseis años. Había crecido al amparo de una tía soltera quien se ocupó de ella cuando sus padres se separaron. Desde los cinco años de edad no volvió a ver a su padre. Su madre se dedicó de lleno a su carrera de médica y la dejó al cuidado de su hermana de crianza. Trabajaba en ayudas humanitarias en el extranjero y poco pudo intervenir en la educación de su hija.

Era bonita y no se parecía a ninguno de sus padres. Sus ojos oscuros resaltaban en su rostro ingenuo enmarcado por su cabello rubio ensortijado.
Cada verano, en la casa de sus abuelos, su compañero de juegos resultaba ser siempre Ernesto, el hijo del Administrador y ahora, le habían prohibido visitar su casa y debería esquivarlo, hacer como que no lo veía, según la recomendación de su abuela.

Con ocasión de su llegada, estuvieron invitados unos parientes lejanos cuya hija era algunos meses menor que Dorotea.
Con ella, salieron a la galería de baldosones de ladrillo, perfumada por los jazmines de la tremenda enredadera que prestaba su sombra en las siestas de verano. La conversación con su medio prima sobre la prohibición establecida, no disipó su curiosidad.

Una noche interminable sin luna le sirvió de consuelo. A la mañana siguiente era otra persona. Había resuelto hablar con Ernesto o con Braulio, su padre, a como diese lugar.
Aprovechando que su abuela estaba en la huerta con la cocinera y que su abuelo, menos comprometido con la situación, tenía que vacunar las vacas, corrió hasta el escritorio de Braulio y luego de saludarlo indagó dónde estaba su amigo de la niñez.
Ernesto andaba a caballo por el campo. Era esbelto y le llevaba tres años a Dorotea. Su mayor deseo era recibirse de veterinario, pero recién en el año que finalizaría en pocos días, había comenzado sus estudios universitarios.
Se alegró de verla, vino al trote a su encuentro y la saludó con un beso en la mejilla. La joven se emocionó y abrazó al muchacho. “Tenemos que hablar Ernesto, por favor”
Un papel de cuaderno amarillento sirvió de emisario del lugar y hora en que se encontrarían.

Se cubrió con una manta tejida por su abuela para protegerse de la brisa fresca que anunciaba una lejana tormenta y sentada en uno de los sillones de estilo barroco heredados por su abuelo diseminados por la galería, esperó a que todos se durmieran y esperó.
Ya casi amanecía cuando Ernesto y ella volvieron a sus habitaciones.
Como en un ritual extraño, continuó parada en el balcón de su dormitorio observando la oscura muralla de eucaliptos que parecían tocar el cielo, todavía poco iluminado.
El joven tampoco sabía nada, pero se prometieron investigar la situación.

Llegó la fiesta de año nuevo y todo fue revuelo en la casona. Mucha gente del pueblo, invitada al festejo, llegó en automóvil y el más deslumbrante fue el del Escribano medio pariente de Braulio, un Kaiser Carabela rojo, modelo 1959 de fabricación nacional, de gran porte y confort. “Una joya” para la época.
Ernesto y sus padres fueron invitados como todos los años, esta vez, bajo las recomendaciones a su nieta por parte de la señora de la casa.
Dorotea había hecho caso omiso a la prohibición de intimar con Ernesto y a escondidas o a la luz del día, mantenía una relación de amistad cada vez más íntima con el joven.
Después de medianoche, Ernesto aprovechó la alegría y distensión del momento y pidió prestado al Escribano su auto nuevo, para dar una vueltita y probarlo. Invitó públicamente a Dorotea y su abuelo dio el ok, ante la mirada nerviosa de su esposa.
“Hasta la tranquera nomás”, atinó a balbucear, ésta.
Lo predecible ocurrió, el primer beso, apasionado, dulce, mucho tiempo contenido, explotó entre ambos jóvenes, apenas Ernesto apagó el motor del auto y acomodó su brazo sobre la espalda de Dorotea. El verano fue testigo del romance inevitable.
Pero, siempre están esos oídos que escuchan tras las puertas, y la relación pasó a ser conocida por la abuela casi cuando preparaban el regreso de su nieta a la Capital.
El día llegó lleno de una romántica tristeza reflejada en el rostro de la joven y en el ceño fruncido de Ernesto.
“No le gustan las despedidas”, se disculpó Braulio y abrazó a la jovencita como si fuera una hija.
Ernesto había salido temprano, de prisa en su moto Puma cuarta serie, rumbo al pueblo. En abril comenzaría a estudiar en la Universidad de La Plata y tenía que reunirse con otros muchachos que también lo harían, argumentó cuando se encontró con la abuela en el parque que separaba y unía la casona de sus patrones con la suya propia.
Su abuelo primero, y su abuela después, se fundieron en un largo abrazo. Mientras el hombre marchó hacia el galpón, que servía de garaje para la familia, en busca de su última adquisición, una pick-up Chevrolet, modelo 1956 que hacía furor entre los utilitarios de la época en el país, la abuela invitó a Dorotea a caminar hasta la sombra de un nogal corpulento.
Tomándola de las manos y con una insinuada sonrisa que morigeraba la dureza de su mirada, pausadamente le reveló que sabía “todo” y que estaba molesta por su acto de desobediencia. Compungida, Dorotea trató de explicarle en vano.
Había llegado el momento de la revelación.

Dorotea se marchó sin sonrisa y con la mente perdida en dudas, especulaciones y muchas preguntas sin respuesta. Le escribiría a su madre.

Su abuela falleció cinco años más tarde en plena lucidez de su vida.
Dorotea nunca envió carta alguna al extranjero.

En el funeral, Ernesto y la joven volvieron a encontrarse; prometieron tomar un café para hablar sobre sus sentimientos, alimentados por el contacto escrito al que no nunca renunciaron. 

Cuando los días de luto y llanto pasaron, su abuelo resignado con la muerte de su mujer, viajó a la Capital para ver a su nieta y en un acto casi ceremonial le hizo entrega de una caja celosamente guardada, primero por su hija y después por su esposa.
Cuando el anciano se despidió, luego de una breve estada en casa de Dorotea, murmuró a su oído: “yo nunca creí lo que pensaba tu abuela”.

Contra toda adversidad aquel amor nacido en el puro ambiente del campo argentino, no se deshizo nunca.

Una mañana de sol, luminosa y primaveral del año 1999, sirvió de marco al matrimonio de Dorotea y Ernesto, con muy pocos presentes  y en un Registro Civil modesto. Los resultados de la prueba de ADN para verificar la paternidad de ambos, les fueron favorables: No eran hermanos. “Lástima que la abuela no viviera para saberlo”, pensó Dorotea mientras firmaba el acta de su casamiento; pero, se consoló, “tal vez no lo hubiese entendido nunca”.
2016




Cuando el avance científico resuelve dudas y descubre verdades


No te duermas sin un cuento. . .by Zuni Moreno. Con la tecnología de Blogger.

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La vida nos reúne en cualquier lugar y nos cuenta historias cotidianas.

Yo las he interpretado a través de los cuentos breves y los microrrelatos.

Y, a los sentimientos que fluyen de aquéllas, los he expresado en simples poemas.

Aquí, mi trabajo, para ustedes.

Zuni Moreno

Reconocimiento II


Todas las pinturas que acompañarán las entradas de "No te duermas sin un cuento", durante 2017 pertenecen a uno de los pintores argentinos más reconocido a nivel nacional e internacional, no sólo por la calidad de sus obras sino además por su particular temática: Benito Quinquela Martín (1890-1977)

Barcos de Quinquela Martín

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De QM

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Todas las pinturas que acompañan las entradas de "No te duermas sin un cuento" pertenecen a uno de los artistas rusos contemporáneos más admirado: Vladimir Volegov.

Este pintor nos acompañará durante el año 2016.

Mujeres de Volegov

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Capturando la vida

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Tres de mis poemas y un cuento obtuvieron el 17-11-2012, el 3er. Premio en el Concurso Internacional,"Elegidos 2012" organizado por El Instituto Cultural Latinoamericano, de Junín, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

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