Esquela


La mujer no era joven, tampoco vieja, pero contaba unos cuantos años. Poco a poco dejó de hablar hasta que quedó muda. Llegó el día en que no pudo decir ni un sí ni un no. Su esposo comenzó a preocuparse y la llevó al médico. Se sintió defraudado por el profesional, ya que nada le encontró. Sin embargo la había derivado a un especialista y así comenzó el derrotero en busca de una solución a la mudez de su esposa. Los resultados se presentaban casi siempre con tintes negativos, hasta que siguiendo la última recomendación, terminaron en el consultorio de un psicoanalista. El prestigioso profesional de importantes honorarios que perturbaban aún más al hombre, comenzó a tratar a la mujer no permitiendo la participación de su marido durante las sesiones, hasta que él lo creyese conveniente y necesario. Luego, la paciente acudiría a la entrevista  semanal, sola, aunque su esposo, ofuscado la aguardase en el auto, a pocos metros de la Institución. Una de las veces se cansó y subió hasta la sala de esperas, ubicada en el tercer piso, confortable y de paredes pintadas de color celeste. Con nerviosa paciencia, la aguardaba y durante el viaje le refunfuñaba con hirientes palabras que aludían a su personalidad anterior, abierta, extrovertida y parlanchina. El hombre reconocía que su vida había cambiado radicalmente desde que su mujer dejó de hablar. Realmente la cotidianeidad, era un caos. En el fondo, extrañaba los comentarios, los relatos y hasta los chistes de su esposa. La intriga, la duda y hasta la desconfianza lo invadían en estos ocho meses de hablar solo en su casa. En la última sesión de ese jueves neblinoso y frío de agosto, tomó coraje y cuando el psicólogo se asomó a la puerta del consultorio para despedir a su paciente, lo interceptó, preguntándole sobre el tiempo que aún restaba para la recuperación de su esposa. “Ya casi está recuperada” aseveró el profesional, indicándole al hombre que pasara para poder expresarse en mejores condiciones. “Su esposa tenía bloqueada la función del habla”, explicó.
“Eso ya lo sabía”, pensó, pero le intrigaba conocer la causa de la mudez de su esposa por más de 10 meses. Eso, le había significado un tormento devenir.
“Cuando Ud. salga verá que algo le dirá”, acotó el psicoanalista. Contrariado, y a punto de entrar en cólera, el esposo, le reprochó: “Pero cómo no me dijo algo Doctor, durante todo este tiempo”. Resoplido disimulado mediante, el interlocutor palmeó al hombre alegando que sólo hablaba con sus pacientes y que su esposa estaba prácticamente recuperada queriendo poner fin a las demandas del hombre. Cuando ya parecía que la conversación había concluido,  el esposo volvió sobre sus pasos en un giro brusco y prepotente, y visiblemente nervioso,  re-preguntó:
_ ¿Pero habla, Dr., con Ud. habla?
_ Por supuesto, si no, cómo podría evaluar sus mejoras, respondió el profesional.
_ ¿Y por qué conmigo no lo hace? demandó el hombre visiblemente ya encolerizado.
_ Por precaución, señor y por consejo profesional, acotó.
_Bueno, bueno replicó el esposo sin llegar a entender redondamente el asunto, ¿Me puede explicar o siquiera insinuar la razón de su mudez?
_ ¡Claro! Contestó el psicólogo, Ud. se pasó la vida o los treinta años de su matrimonio reprochándole ante la familia y ante terceros que hablaba mucho, con diferentes tonos, desde la broma cursi, hasta la calificación desacreditante y bueno, la mente de su esposa  tuvo su reacción. . .
Con los ojos azorados, el hombre  salió del consultorio, sin poder balbucear palabra alguna. Fue al toilette y luego se detuvo ante el escritorio de la secretaria que se apuraba en recoger sus bártulos con ánimo de retirada. Más calmo, preguntó:
_ Srta. ¿Le dejó dicho algo mi esposa?
_ Sí,  respondió la joven, con su chaqueta en la mano y su cartera gris colgada del hombro, me dijo que le entregara esta esquela, extendiéndole un papel de color amarillo finamente doblado, cuyo texto decía solamente: “chau”. Mientras, el móvil de la empleada llenaba el lugar con un insistente ringtone.

2012

Comentarios

  1. ¡Qué bueno Millz! Un desenlace, aunque esperado en su giro, no tan dimensionado en su efecto. La brevedad del mismo con un "seco" chau, deja mucha tela para cortar. Felicitaciones!!!

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    1. Gracias, Eduardo. A veces ocurre. Ya casi no podemos pensar en ficciones. Un abrazo amigo.

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