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La joven mujer estaba parada con los brazos en jarra, mirando desde el ventanal de su Oficina, un horizonte no pensado, un futuro incierto, un camino insospechado. Su cuerpo robusto pero esbelto se perfilaba, de espaldas, alentador. Su falda  a la rodilla tenía un tajo que mostraba parte de sus sensuales piernas. Corrió suavemente el vidrio enmarcado en aluminio y el aire húmedo y frío de junio entró en sus pulmones en un suspiro profundo, tajante como un cuchillo. Unos papeles blancos que se apoyaban en su escritorio cayeron al suelo movidos por la brisa. Se agachó a recogerlos presurosa, cuando un compañero de trabajo le anunció la hora de salida. Agradeció el aviso, se puso su chaqueta y colgó de su hombro izquierdo la cartera, no sin antes guardar en ella los papeles recogidos que lentamente metió en un sobre. Sus ojos verdes estaban enrojecidos, una lágrima resbaló de uno de ellos, mojando el sobre, justo cerca del membrete donde podía leerse: "Laboratorio". Ese día, Laura Vilchez, no compartió el ascensor con sus colaboradores. Bajó por la escalera.

2011

Comentarios

  1. Una historia triste...que merece continuación....besoooss

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  2. Se avecina enfrentarse a una enfermedad.Para Laura.
    abrazo

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