Elección

La joven de pelo negro y corto estaba parada a la orilla del camino junto con otros compañeros. Esperaban a alguien, un retrasado. Ellos iban en automóvil y el retrasado en moto. Todos estaban alegres comentando sobre los días que pasarían en el campamento. Llevaban dos carpas inmensas donde dormirían muy cerca de un río caudaloso que corría entre cerros verdes y húmedos. La atmósfera, se impregnaba de murmullos juveniles, de risas y planes. Un integrante se apartó del grupo y desde el medio de la carretera de ripio, gritó: “Ya llega, lo veo.”
El que arribaba era una pieza clave para el grupo ya que sería quien habría de indicar el lugar justo donde acamparían.
Cuando detuvo su moto y quitó su casco, un mechón de pelo casi rubio flotó en el viento de enero. Erguido sobre su alta estatura, alejó sus antiparras de sus ojos y el verde intenso se reflejó en ellos. La jovencita de pelo corto experimentó una emoción desconocida, un fuerte calor le subió desde su estómago y se alojó en su garganta presionando sus mejillas.
El recién llegado saludó a chicas y chicos con un beso. Cuando ella lo recibió, se incomodó y mirando su entorno, todo le dio vueltas y contestó con indiferencia.
El que parecía el jefe del grupo, compró unas gaseosas en un almacén de campo cercano que hacía las veces de parador del caminante y convidándolos a todos, dijo: “Bueno, ya debemos irnos porque si no, nos va a ganar la noche”.
Dirigiéndose al joven de la moto, le consultó:
_ ¿Podrás llevar a alguien, así vamos más cómodos en el auto?
_ Por supuesto, que venga cualquiera, contestó.
El líder miró a la joven de pelo corto y negro, señalándola para que fuese ella la acompañante, pero entre su intención y los hechos se cruzó más rápidamente una exclamación desaforada de una de las mujeres del grupo.
“Voy yo”, gritó una exuberante rubia, que no caía muy bien a varios, especialmente a la joven elegida.
El muchacho de la moto aceptó a la compañera y cargó con la rubia que se apretó fuerte a su espalda, iniciando su rol de guía.
Ella se quedó mirando cómo la moto casi se esfumaba en el camino.
Subidos y apretujados en el auto, el resto marchó detrás a toda velocidad.
Él no la había elegido esta vez.
Ella, en cambio, sí, y para siempre.
2010
Con alguna corrección en 2013


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