Vigía


Egidio Cerrito, pintor de raíz italiana, pero argentino y cordobés desde los 3 años. Siempre vivió en Córdoba (1918-1999)


Muy cerca del cielo deambulaba como nutriéndose de las corrientes de aire y del sol. Era lugareño y conocía a la perfección el entorno que lo rodeaba. Podía reconocer cada recoveco del río y las sendas de las cabras que recorrían la montaña. Sabía perfectamente cuando había extraños y entonces se volvía loco. No dejaba de vigilar.
La tarde avanzaba sobre los cerros reverdecidos con la lluvia. Las formaciones geológicas propias del terciario parecían vigías de altura, sobresaliendo en la extensa pampa serrana a cientos de metros de altitud. El automóvil de los desconocidos se detuvo prácticamente en medio de la ruta de ripio poco transitada. El lugareño revisó la escena con su aguda mirada.
Las penumbras avanzaban y el sol apenas se veía, recortando con sus tenues rayos, el perfil de las Sierras Grandes, pintando de rosa el filo de las mismas.
En el silencio del atardecer, uno de los pasajeros que acababa de descender para estirar sus cansadas piernas, gritó: ¡Un cóndor!


2017
Remake

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