Recuerdos con aroma

Javier Brigabajo

La casa era propia una casa de campo. Con árboles altos al frente, que frenaban los vientos del sur; las galerías con macetones cerámicos, ostentosos de tanto geranio de colores rojos, rosados, blancos.

Leandro me hizo pasar a la sala, pero yo elegí quedarme en el comedor cuyos ventanales iluminaban el lugar. Una puerta interior antigua, y de color verde se entreabrió lentamente. Al fondo de la cocina sobre una mesa larga, justo en una de sus cabeceras, un reciente y humeante pan me dejaba ver a una mujer de la casa en sus tareas, preparando una masa y controlando la que estaba en el horno. El aroma me invadió. Recordé los panecillos crujientes que solía hacer los domingos de visita, mi tía Eugenia, y a los que con mis primos devorábamos, untándolos con miel pura. La evocación me arrancó una sonrisa. Ese esbozo, se colgó en mi cara, a tal punto que su mirada me lo advirtió. “Ya llegan mis padres” susurró a mi oído. El estómago se me oprimió. Tomé su mano y casi tiesa, permanecí a su lado. Lo amé. El aroma a pan recién horneado y los recuerdos me habían embriagado. El amor también.

2018




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