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Mostrando entradas de julio, 2012

El invisible

Golpearon mi espalda las primeras brisas del sur. Anunciaban la probabilidad de un cambio en el clima que le hiciera frente al brumoso polvo marrón, que la sequía se había obstinado en depositar en el ambiente. Busqué refugio en un pañuelo que colgaba del picaporte de la puerta y que el quehacer del jardín me obligara a quitarme y proseguí mi tarea. Amanecer y atardecer pintaban el mismo panorama. Eran los últimos  días de un invierno tenue, más parecido a un otoño invernal. De esos Mundos invisibles que nos rodean, que comparten nuestro entorno, llegó. Se instaló en algún lugar muy próximo a mí. No lo percibí hasta más tarde. Hacía tiempo que los canteros de caléndulas requerían la presencia humana, así fue que continué hasta el anochecer. Transpirada y cansada me dí una ducha y sólo tomé un té, ya que raramente no tenía apetito. Me fui derechito a la cama. Un pijama limpio y de color rosa me esperaba. Las sábanas níveas me recibieron como para que durmiera toda la noche, sin embargo…