Entradas

La Luz

Una desolada y yerma elevación me permitía imaginar que a unos pocos kilómetros delante de mí estaba el mar. Ese mar azul de la península, calmo y majestuoso, distinto a otros mares. Me gustaba ver el espectáculo desde mi altura. Nunca lo había hecho desde el atalaya. Esta vez, decidí experimentar y fui subiendo lentamente los destartalados escalones bajo la luz de una luna llena plateada y redonda que no resignaba su espacio celestial. En la base superior del mangrullo, reinstalado una y otra vez desde el tiempo de los fortines, me senté con las piernas cruzadas en posición de buda. Realmente me sentía distinta, ubicada sobre la perimida atracción turística. Una brisa suave acariciaba mi piel. Cerré los ojos para disfrutar aún más la sensación de la espera. Cuando los abrí, una luz hiriente desde el horizonte marítimo me alertó.
A poco de darme cuenta, me fui impregnando con el aura infinita que emitía la bola roja. En ese momento yo fui luz. Etérea y brillante como una sutil energía…

La invitación

¡Otra vez, juntos!

Mensaje y salutación

La Navidad en el Arte

Totoralillo, IV Región, Chile

La carta

Anuncio estelar

Tongoy, IV Región, Chile

Primer beso

Imponderable

Pintores con ideales