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Mostrando entradas de agosto, 2012

Lucila Gutiérrez

Lucila Gutiérrez, era callada y frágil de aspecto. Si bien se manifestaba estudiosa y cumplidora, la mayoría de las veces permanecía aislada del grupo. En el nuevo Sistema Educativo, el año próximo, ingresaría al primer año del secundario y su conducta hostil y reservada preocupaba a sus maestras, en cuanto a su desenvolvimiento posterior. Ahora, con sus frescos doce años, su falta de comunicación, alarmaba al equipo psicopedagógico del establecimiento escolar. Si bien, su rendimiento tendía hacia un excelente resultado, sus pruebas escritas calificaban mucho mejor que las orales. Un día, la llamaron a la dirección y muy gentilmente la Directora inició un casi monólogo ante la niña, en presencia de las profesionales del equipo asistente. Lucila contestó las pocas preguntas de su superior con monosílabos o silencios. Volvió al curso sin mayor cambio en su semblante. “Algo oculta” había observado la psicóloga, “evidentemente no quiere hablar” completó la profesional bajo el asentimiento …

Ojos Negros

Homenaje al aniversario de la muerte del Gral. Don José de San Martín (17 de Agosto de 1850)
Corría el año 1810. Después del 25 de Mayo de 1810, la Revolución, habría de probar su suerte, extendiéndose por el inmenso territorio del Virreinato del Río de la Plata. El campo de batalla sería el interior y principalmente, las provincias del Norte y el Alto Perú, hoy Bolivia, ya que la reacción española más fuerte habría de llegar, sin dudas, desde el Virreinato del Perú, el que por entonces constituía, el más importante centro de poder de la dominación hispana. No se equivocaron los idearios de la Revolución: En esas extensiones se librarían las batallas más crueles, contrarrevoluciones de por medio, de quienes como en Córdoba, se resistían a las ideas porteñas, lo que costó también, derramamiento de sangre en pos de su sofocación.
Corría el año 1811. Radicado en España, José Francisco de San Martín, nacido en las coloradas tierras del NE argentino, patrimonio de las Misiones jesuíticas, hoy …

Ángela

Orgullosa, la cabeza en alto, la mirada firme, el torso esbelto, desafiante en su andar, caminaba apurada por la acera repleta de gente que se desplazaba en uno y otro sentido, apretando bajo su brazo varios folios que contenían escritos jurídicos. El intento de bajar el cordón de la vereda para cruzar la calle se frustró con el encontronazo de los hombros de ambos. Un revuelo de papeles la sorprendió y, rápida sin comprender mucho la situación, atinó a recogerlos de inmediato. El causante del choque humano hizo lo mismo y entre ambos juntaron presurosos los escritos que escaparon de su contenedor. Sin palabras, un simple cruce de miradas a pocos centímetros del suelo, con la complicidad de la muchedumbre desplazante, bastó para que esos ojos dulces y tristes a la vez, negros o color café, diera igual, no se borraran de sus recuerdos juveniles jamás. Un punzón latente se incrustó en su pecho, en el alto corazón, dónde aquellas emociones imborrables se guardan y se duermen. Por esas cosa…