Sin soñar un Poema. Sin conocer un lugar. Sin admirar una pintura

Del Poema "Alma venturosa"

“Al promediar la tarde de aquel día,

cuando iba mi habitual adiós a darte,

fue una vaga congoja de dejarte

lo que me hizo saber que te quería.”

De Leopoldo Lugones (1874-1938)

Poeta argentino

Aviso de "Un Cambio"

A partir de 2017, los Microrrelatos o Mini cuentos dejarán de ser una expresión en este Blog y, junto con los poemas brevísimos, también hijos de mi pluma, formarán parte de otro proyecto. Espero poder concretarlo.

Como hojas al viento

Las entradas de este Blog se publican en 2017, cada martes a la medianoche, desde la República Argentina.

Coordenadas 31°4000S 64°2600O

sábado, agosto 25, 2012

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Lucila Gutiérrez, era callada y frágil de aspecto. Si bien se manifestaba estudiosa y cumplidora, la mayoría de las veces permanecía aislada del grupo. En el nuevo Sistema Educativo, el año próximo, ingresaría al primer año del secundario y su conducta hostil y reservada preocupaba a sus maestras, en cuanto a su desenvolvimiento posterior. Ahora, con sus frescos doce años, su falta de comunicación, alarmaba al equipo psicopedagógico del establecimiento escolar. Si bien, su rendimiento tendía hacia un excelente resultado, sus pruebas escritas calificaban mucho mejor que las orales. Un día, la llamaron a la dirección y muy gentilmente la Directora inició un casi monólogo ante la niña, en presencia de las profesionales del equipo asistente. Lucila contestó las pocas preguntas de su superior con monosílabos o silencios. Volvió al curso sin mayor cambio en su semblante.
“Algo oculta” había observado la psicóloga, “evidentemente no quiere hablar” completó la profesional bajo el asentimiento de la Directora.
La primera medida que se adoptó fue citar a la madre, pero para desilusión del Equipo, aquélla, no arrojó ningún resultado alentador.
La progenitora se había presentado estrafalariamente vestida y contestó a las preguntas con evasivas: “Es así, ella es así, profesora”. La segunda estrategia del Gabinete multidisciplinario fue enviar a la trabajadora social para que realizara un informe sobre las características del hogar de la niña. La Asistente, practicaría una encuesta  ambiental en un horario prudente para poder apreciar la situación en la que vivía la menor y mientras ella no estuviese en su hogar. Llegó a las 11 de la mañana a la dirección indicada y luego de golpear varias veces a la puerta de la vieja casa, observó que el desvencijado picaporte de bronce se movía lentamente. Abrió, una chiquilina  despeinada y rubia, con marcadas ojeras, mezcla de la ausencia de descanso con el rimel de sus pestañas no retirado la noche anterior. Después de la presentación, la visitante ingresó al domicilio. El cuadro no ofrecía ningún aspecto halagador para la vista, por el contrario. En el centro de la oscura cocina, una mesa con mantel de hule y sobre ella, restos de pan viejo y una taza con un poco de leche, denotaban que Lucila había desayunado. Sentada a la mesa, mientras escribía, la asistente, esperaba a la madre que aún no se levantaba. Al tiempo, la progenitora se presentó envuelta en una “robe” de satén rojo.
_  Me interesa recorrer la casa, Sra. Gutiérrez, y, especialmente ver la habitación de Lucila, comunicó la profesional, con gesto serio.
_ Lucila no tiene “pieza”* propia, la comparte con su hermana, respondió agriamente la mujer, e inició el recorrido por un pasillo de distribución que comunicaba las habitaciones con el comedor y el baño, y la Asistente Social por detrás. De los tres cuartos, uno le llamó su atención: Sólo había una cama de dos plazas en el centro con las sábanas revueltas y una única mesa de noche, bajo la cual un balde y una toalla completaban el mobiliario. Era “el cuarto de las visitas”, alegó la madre, separada del segundo concubino* quien había reconocido a Lucila como su hija legítima encontrándose literalmente desaparecido. El otro, era de las hermanas, con dos camitas, una mesa de noche en el medio y un ropero grande y antiguo sin puertas, ni espejo. La tercera habitación, correspondía a la mujer. Luego, llegaron hasta el baño sin azulejos, con estucado en las paredes, sorprendentemente limpio.
_ ¿Su hija mayor terminó el secundario? preguntó la Trabajadora Social.
_ No, pero lo está haciendo en “la nocturna”, respondió, ya con voz altiva, cansada de los muchos interrogantes  que le habían planteado.
“No hay para más”, pensó la encuestadora, y se marchó presurosa de aquella casa oscura, ya que su estancia en ella le había despertado inquietud y no soportaba el impregnante olor a humo que  la asfixiaba.
Intentó averiguar discretamente entre los vecinos, explicándoles que no mencionaría sus nombres y que no se trataba de una orden judicial, sino que había sido enviada por la Escuela  del barrio. Llamó a tres puertas y las tres personas que la recibieron se disculparon, no ofreciendo ninguna información. Pero en sus rostros se dibujaba una expresión como de desagrado cuando se mencionaba a la familia en cuestión. La cuarta puerta se abrió tras el saludo amigable de una anciana que escuchó atentamente a la Asistente Social* y se desbordó en un palabrerío atropellado:
_ ¡Sí!, sí, las conozco. Son todas unas  prostitutas, ella y las hijas, pero la peor es la madre, ésa es una grosera, sucia, delincuente. . . La locuaz enumeración fue callada, ante el estupor  de la profesional, cuando una potente voz varonil resonó en el zaguán de la casa, preguntando:
_ ¿Quién es, mamá?
_Una señorita que. . .respondió con tono tembloroso la mujer.
_Buen día,  interrumpió el hijo cincuentón con cara de recién levantado y pocos amigos.
_Buen día señor, contestó la visita, tratando de sintetizar en cuatro palabras el motivo de sus preguntas.
_No, señora, no sabemos nada y lo que le dijo mi madre, bórrelo porque  ella se pierde ¿vio? Entonces,  inventa historias. . .
El círculo se cerraba.  El desquiciado entorno familiar con el que interactuaba la pequeña Lucila quedó plasmado en el informe de la Trabajadora Social*.
La Directora, ordenó una entrevista psicológica para la alumna, ya que la responsabilidad del caso pesaba sobre su conciencia y sobre el establecimiento escolar a su cargo.
Poco a poco Lucila se fue soltando en sucesivas reuniones con la Psicóloga, hasta que un día rompió en llanto y contó su historia, su miedo anulante. “Un señor que visitaba a su madre había pretendido tocarla en sus zonas sexuales, mientras esperaba su turno, pero ella no sólo se había negado sino que lograría escapar por la puerta de la cocina y saltando una tapia baja, refugiándose en un gallinero abandonado, que la vecina aún conservaba, habría de quedarse hasta que amaneciera y pudiera volver a su casa, porque a esa hora,  los hombres ya se iban y su madre y hermana se iban a dormir.”
Detectado el peligro inminente en el que se encontraba la niña, la Directora informó el caso ante la Asesoría Letrada de los Tribunales locales, iniciándose las correspondientes actuaciones judiciales.
Prontamente, Lucila fue entregada en guarda a un hogar sustituto, puesto que los pocos parientes con los que contaba, no reunían las condiciones materiales ni morales para tal cargo.
En su nueva casa y en el seno de su nueva familia, su vida dio un importante giro. Sin embargo, el daño en Lucila Gutiérrez se había consumado. El Juez de Menores trataría de atenuarlo ordenando una terapia psicológica para la niña. El Asesor Letrado que hubo de llevar el caso en representación de la menor, archivaba los informes originales y los repetidos por su orden, cuando, girando su cabeza en silencio, de un lado hacia el otro en señal de disconformismo, anotó una reflexión final en su cuaderno personal:

 “¿Qué emoción extraña e irracional, qué pensamiento y decisión oscuros, llevaría a algunos hombres a buscar placer en lugares como la casa de Lucila Gutiérrez?”
“La biología no necesariamente determina y justifica el rol de madre”
“¡Cuán importante es que en una sociedad sus instituciones se interrelacionen!”

2010



sábado, agosto 18, 2012

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Homenaje al aniversario de la muerte del Gral. Don José de San Martín (17 de Agosto de 1850)

Corría el año 1810.
Después del 25 de Mayo de 1810, la Revolución, habría de probar su suerte, extendiéndose por el inmenso territorio del Virreinato del Río de la Plata. El campo de batalla sería el interior y principalmente, las provincias del Norte y el Alto Perú, hoy Bolivia, ya que la reacción española más fuerte habría de llegar, sin dudas, desde el Virreinato del Perú, el que por entonces constituía, el más importante centro de poder de la dominación hispana. No se equivocaron los idearios de la Revolución: En esas extensiones se librarían las batallas más crueles, contrarrevoluciones de por medio, de quienes como en Córdoba, se resistían a las ideas porteñas, lo que costó también, derramamiento de sangre en pos de su sofocación.

Corría el año 1811.
Radicado en España, José Francisco de San Martín, nacido en las coloradas tierras del NE argentino, patrimonio de las Misiones jesuíticas, hoy provincia de Corrientes, toma conocimiento que en su Patria se ha producido la Revolución de Mayo y un nuevo gobierno, surgido del pueblo, propone cambios profundos. Decide entonces, regresar para unirse a la causa. Así, solicita y logra el retiro del ejército español, en el que se había destacado como un excepcional militar. Viaja a Londres para reunirse con algunos amigos, embarcándose desde allí, rumbo a las lejanas tierras del Sur.

Corría el  año 1812.
San Martín, llega a Buenos Aires junto con otros 17 militares americanos que habían pertenecido al ejército español. El 16 de marzo del mismo año, el gobierno patrio, a la sazón, un Triunvirato, le concede el grado de Teniente Coronel de Caballería. A partir de la designación, crea y  se dedica a enseñar y preparar el Regimiento de Granaderos a Caballo, con el que un año después obtendría, su primera victoria contra los realistas, en la recordada batalla de San Lorenzo,  sobre las barrancas del majestuoso río Paraná. (3-02-1813)

José de San Martín hubo de casarse, apenas a los seis meses de su llegada, con Remedios de Escalada de la Quintana, joven dama, perteneciente a una importante y rica familia, de las principales de Buenos Aires, condición necesaria en la época para alcanzar notoriedad en los círculos de poder porteño. Paralelamente, el gobierno había enviado al admirable Manuel Belgrano, hombre de leyes, creador de nuestra insignia patria, sin conocimientos estrategas militares, al mando del llamado Ejército del Norte.

Corría el año 1813.
Sin embargo, para su desgracia, las derrotas de Vilcapugio (1-10-1813) y Ayohuma (14-11-1813) determinaron su relevo, noticia que Belgrano no dejó de recibir con cierta alegría. El gobierno de las Provincias Unidas lo reemplazaría, el 3 de diciembre de 1813 por el Coronel San Martín, jefatura que, si bien no era de su agrado, éste asume obedeciendo las órdenes de sus superiores. Se reúne con Belgrano en la Posta de Yatasto (Salta) y se hace cargo del Ejército del Norte. Concentra las tropas en Tucumán donde se encuentra con los restos de  un ejército desmoralizado, cuyos oficiales no respondían a sus enseñanzas militares, no obstante el apoyo, que con abnegación recibe de Belgrano.

El elogio y admiración que San Martín expresara acerca del General Belgrano, en una carta dirigida al gobierno de Buenos Aires, destacando la inconveniencia de su separación del Ejército del Norte, ya que lo considera “. . .el más metódico y capaz de los generales de Sudamérica, lleno de integridad y talento natural y no hay - agrega - ningún jefe que pueda reemplazarlo” determina que se acepte su petición.

Corría el año 1814.
Más tarde, Belgrano pasaría a la gloria con su triunfo en la batalla de Salta (20-02-1814).
En mayo de ese año, San Martín ve deteriorarse su salud a costa de una afección pulmonar, posiblemente asma, traída de Europa, sumada a una probable aguda gastritis. Aprovecha la invitación de su amigo,  Eduardo Pérez Bulnes, célebre político cordobés, diputado por Córdoba en el Congreso de Tucumán que, en 1816, proclamaría la independencia de las Provincias Unidas de Río de La Plata y se retira a Córdoba con el fin de recuperarse.

Al fin, este guapo militar, de estatura más que regular (1,70m) demasiado, para la época en que los hombres de origen español no eran tan altos, de piel cetrina, tostada por las intemperies que frecuentaba y unos hermosos ojos negros, de mirada penetrante, vivísimos, que siempre estaban expectantes y su posición erguida, conservando siempre su porte militar, encontró, en la calma de la estancia de Saldán, una bella villa serrana, el lugar milagroso para recuperar su salud. Sus pensamientos de liberar a la América del Sur, deambulaban en el entorno del viejo nogal, bajo cuya sombra se sentaba a respirar aire puro y a pensar.
_ ¿Manda un matecito, General? Preguntó la mestiza flaquita de unos veinte años con notable ascendencia sanavirona, una de las etnias más importantes de Córdoba.
_ Sí, hoy mi estómago está mucho mejor, a fuerza de tanta leche de vaca, de cabra y no sé de qué otro bicho  que me ha dado tu patrón,  y aceptó el mate que Josefa le acercaba, con miedo de estirar mucho la mano.
_ Che, ¿Cuál es tu nombre? Preguntó el soldado de repente.
_ Josefa, respondió la morenita simpática y agregó en un desborde de palabras, porque nací el día de San José y,  en el afán de agradar al General prosiguió con su discurso sin darse cuenta que el invitado, no tenía ganas de charlar. Lo que menos quería en ese momento era que le hablaran. La finca de Saldán cubriría sus expectativas de soledad, lejos del asedio de los discursos banales de muchos, y daría paso a la reflexión, para ordenar sus ideas. Lo acompañaban sus pocos libros y algunas de sus armas, además de su amigo Tomás Guido  y su subalterno Del Río, un chileno que se había unido a sus granaderos y a quien le dispensaba un particular aprecio.
_Bueno, bueno, está bien con la cháchara, yo quería preguntarte Josefa, sin han andado las langostas por acá.
_ ¡Sí, mi General! el año pasado se comieron toda la cosecha del maíz. Le contestó la muchacha.
_Me imaginaba, porque he visto los campos devastados, en esta Córdoba tan linda. . . y ahora, andatedejame solo.
Josefa se marchó lo más rápido que pudo con el mate a cuestas y desde ese momento supo, que jamás olvidaría  los hermosos y vivaces “ojos negros” del General.
La estancia de Saldán era el lugar ideal por su clima, tranquilidad y entorno, para que José Francisco reflexionara sobre sus ideales, sus proyectos y su propia vida. Solía caminar, junto a Tomás, recorriendo el huerto, los jardines, escuchando a los zorzales brillantes en su plumaje negro, cómo cantaban a la orilla de las aguas cristalinas del hilo de agua que atravesaba la finca. Emponchado hasta los huesos, sólo salía en horas de la siesta. Lo acompañaba un rato Josefa, quien siempre lo asistía en sus necesidades.
Bajo el nogal añoso y sobre una mesa que pusieron a su disposición, redactó sus planes secretos. Sus locas ideas. Ésas, de las que no quería que nadie lo desilusionase. En ese lugar, respirando el puro y diáfano aire de las serranías cordobesas, que tanto bien le hacía a sus pulmones, pudo definir los pasos a seguir para terminar con la dominación de los godos y llegar al epicentro colonial, Lima, en el Perú, por una ruta que la lógica no podría explicar.

Había recorrido  a caballo junto a sus amigos, en el riguroso invierno cordobés, las extensiones cercanas a la estancia, dejándole surcos en el rostro, el sol potente de las primeras horas después del mediodía. Cruzando pajonales secos y sorteando las jaurías hambrientas de la pampa, vio cuanta humanidad se desperdiciaba en las puertas de los ranchos y se los imaginó con uniformes, marchando con el fusil al hombro, mejor que en esa vagancia propia del abandono, lejos de la mano de un Dios ausente. Comprendió entonces, que necesitaba guerreros fieles y disciplinados, uniformes, armas, cañones, comida y una bandera que los precediera e identificara.
Su objetivo sería concentrarse en Mendoza, luego que estos aires de las sierras cordobesas obraran el milagro de su recuperación. La guerra no la ganarían las Provincias Unidas por el Norte, pensaba el General, para eso contaba con “los infernales” como se apodaban los gauchos salteños a las órdenes del General, Don Martín Miguel de Güemes  “. . .Un ejército pequeño y bien disciplinado en Mendoza, para pasar a Chile y acabar con los godos, apoyando un gobierno de amigos sólidos, para acabar también con los anarquistas que reinan. Aliando las fuerzas, pasaremos por el mar a tomar Lima; ese es el camino y no éste, mi amigo. Convénzase usted que hasta que no estemos sobre Lima, la guerra no se acabará." había escrito unos meses antes, en la carta fechada el 22 de abril de 1814, dirigida a su amigo Rodríguez Peña. Más adelante,  le comentaba que se encontraba bastante enfermo y quebrantado y agregaba: "lo que yo quisiera que ustedes me dieran cuando me restablezca, es el gobierno de Cuyo. Allí podría organizar una pequeña fuerza de Caballería para reforzar a Balcarce en Chile, cosa que juzgo de grande necesidad, si hemos de hacer algo de provecho, y confieso que me gustaría pasar mandando ese cuerpo."

Después de tres meses en Saldán, ya su cuerpo le respondía mejor. Una noche de agosto, no lograba dormir y para superarlo salió de su habitación a dar una vuelta. Se sintió lejos de su esposa con quien, bien poco tiempo había convivido y la recordó, junto al clavicordio, mirándolo dulcemente en esas tardes de verano de Buenos Aires, impregnadas con el perfume de los azahares atravesando la florida reja.
Se sentó en uno de los bancos de algarrobo de la galería y miró las estrellas. Perdido estaba, en el juego cósmico de sus pensamientos, cuando una mano delgada se posó sobre la suya.
_ Mi General, no quiere que vayamos pa´la pieza, está fresca la noche y el rocío puede hacerle muy mal a su pecho. Le voy a traer un té de melisa y menta pa´que se duerma. Descolocado,  por la presencia de Josefa, contestó:
_ ¿Qué haces acá, sinvergüenza? Y aceptando la propuesta, enfiló para las habitaciones. Esa noche, Josefa conoció la pasión de un hombre solo, tristemente solo, al que le faltaban las palabras románticas y a quien nada más le importaba satisfacer su necesidad masculina, sin poder pensar, como ella, en el amor y la ternura, ya que en su mente solamente cabían sus planes de libertad.
Efectivamente, su amado “Ojos negros”, como ella lo llamaba en confidencia con  sus compinches de la cocina, esbozaría en la Estancia de Saldán, el proyecto de su colosal obra, el cruce de Los Andes para liberar a Chile y Perú.

A los pocos días, San Martín,  recibió  la muy grata noticia de haber sido nombrado Intendente Gobernador de Cuyo. Cuando llegó a Mendoza el 7 de septiembre de 1814, tenía 36 años. Su figura marcial y trato amable y querendón pronto habría de conquistar la simpatía de los mendocinos.
El primer peldaño para concretar su triunfo.
Mientras tanto, en la estancia de Saldán, bajo el nogal añoso, otros ojos negros, quizá no tan bellos ni vivaces, derramaban una lágrima a la hora de la siesta.
2011
Cuento de ficción basado en datos y hechos históricos
Ver fuentes

sábado, agosto 04, 2012

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Orgullosa, la cabeza en alto, la mirada firme, el torso esbelto, desafiante en su andar, caminaba apurada por la acera repleta de gente que se desplazaba en uno y otro sentido, apretando bajo su brazo varios folios que contenían escritos jurídicos. El intento de bajar el cordón de la vereda para cruzar la calle se frustró con el encontronazo de los hombros de ambos. Un revuelo de papeles la sorprendió y, rápida sin comprender mucho la situación, atinó a recogerlos de inmediato.
El causante del choque humano hizo lo mismo y entre ambos juntaron presurosos los escritos que escaparon de su contenedor. Sin palabras, un simple cruce de miradas a pocos centímetros del suelo, con la complicidad de la muchedumbre desplazante, bastó para que esos ojos dulces y tristes a la vez, negros o color café, diera igual, no se borraran de sus recuerdos juveniles jamás. Un punzón latente se incrustó en su pecho, en el alto corazón, dónde aquellas emociones imborrables se guardan y se duermen.
Por esas cosas de las asociaciones que nuestro cerebro cognitivamente hace, cada vez que Ángela escuchaba un tema de los Beatles, recordaba aquellos ojos, o mejor aún, esa forma de mirar, esa mirada única e irrepetible, totalmente accidental.
Ya en la época de la telefonía móvil, el estruendo de un ring-tone, la sobresaltó. A una nieta no se le falla en los horarios comprometidos, más si se trata de una actuación personal.
Salió de su departamento en pocos minutos, tomó el turno semanal de la peluquería y en dos horas estuvo lista.
Ignacia tocaba el violín a pesar de la dura resistencia de su padre que la había soñado licenciada en Ciencias Económicas.
Era una función de gala, en la que todos estaban presentes, desde autoridades hasta parientes y amistades, pasando por los que no sabían porque habían sido invitados.
Ángela se ubicó en una de las primeras filas del teatrino barroco de la Facultad de Artes y con la mirada buscó a su hija o a su yerno, pero ellos no pudieron acompañarla ya que ese día había personajes de renombre y debían prodigarles todo tipo de atenciones protocolares.
Abrumada por las distintas emociones que la obra musical y la visión de su nieta le producían, no advirtió que su cartera se fue deslizando hasta el suelo yendo a parar justo a los pies del caballero que sentado delante suyo había llegado casi tarde. El escenario ocupaba toda su atención.
Mientras el Director de la Orquesta Juvenil agradecía con gentil ademán la ovación del público que aplaudía de pie, en medio del estruendo de los aplausos, Ángela alcanzó a escuchar la voz de un hombre que preguntaba si la cartera que había recogido le pertenecía. Ambos salieron de la fila de asientos tapizados en rojo aterciopelado y se encontraron en el pasillo, él portando la cartera. Pero el desplazamiento de la gente, alguna que continuaba aplaudiendo y otra que iba y venía, provocó entre Ángela y el desconocido un suave roce que hizo que la cartera cayera nuevamente. Al unísono los dos se agacharon a recogerla. Fue en ese instante, con un entorno también apabullante, que ella encontró los mismos ojos negros o color café, seguía dando igual. Y nuevamente el punzón en el pecho. Después del agradecimiento tímido replicado por un gesto cortés, la obertura que comenzaba a ejecutarse volvió a ambos a sus butacas.
Otra mixtura de sensaciones y sentimientos se adueñó de Ángela. Al finalizar la función ella lo miraba insistentemente. Él la saludó con amabilidad y se fue presuroso ante el reclamo afable de un directivo. Su loca esperanza de recuerdo o reconocimiento por parte de aquel hombre entrado en años, pero apuesto se desvaneció como por arte de magia dejando, por quien sabe cuál razón, un amargo sabor en su boca.
En su sillón hamaca, se mecía suavemente mientras sus pensamientos danzaban de a ratos al compás de “Yesterday” en un apretado baile o se detenían expectantes ante los acordes del Concierto para dos violines de Bach. El tiempo para Ángela no era una dimensión. El tiempo es el ahora en cualquier lugar.


2010


No te duermas sin un cuento. . .by Zuni Moreno. Con la tecnología de Blogger.

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La vida nos reúne en cualquier lugar y nos cuenta historias cotidianas.

Yo las he interpretado a través de los cuentos breves y los microrrelatos.

Y, a los sentimientos que fluyen de aquéllas, los he expresado en simples poemas.

Aquí, mi trabajo, para ustedes.

Zuni Moreno

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Todas las pinturas que acompañarán las entradas de "No te duermas sin un cuento", durante 2017 pertenecen a uno de los pintores argentinos más reconocido a nivel nacional e internacional, no sólo por la calidad de sus obras sino además por su particular temática: Benito Quinquela Martín (1890-1977)

Barcos de Quinquela Martín

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Mujeres de Volegov

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