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Mostrando entradas de 2015

Dudas

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Dudas


Sara tenía plena confianza en su perro, guardián y compañero. Sabía que la defendería a cualquier precio, ya que si algo lo caracterizaba era su valentía y fiereza. Convencida estaba en que jamás la abandonaría. Antes de irse a la cama, Sara  gustaba de dar una vuelta a la casa para aspirar el ambiente perfumado del campo.  No era miedosa, sin embargo nunca se aventuraba en irse lejos. Los cuentos de la luz mala, propios de la época de tormentas, que había escuchado de boca de los mayores en  reuniones familiares de antaño, venían desagradablemente a su memoria en ocasiones como las de esa noche. Esta vez, su perro, inquieto daba vueltas a su alrededor olfateando el aire. Asombrada, lo vio salir de su lado corriendo, ladrando como un loco. En el horizonte se perfilaban nubes amenazadoras cargadas de viboritas mutantes, azules, plateadas, algunas rojas, todas destellantes.  Su fiel amigo no respondía a sus órdenes ni requerimientos, cada vez se alejaba más de la casa en una inusual…

Ángela

Orgullosa, la cabeza en alto, la mirada firme, el torso esbelto desafiante en su andar, caminaba apurada por la acera repleta de gente que se desplazaba en uno y otro sentido, apretando bajo su brazo varios folios que contenían escritos judiciales. El intento de bajar el cordón de la vereda para cruzar la calle  se frustró con el encontronazo de los hombros de ambos. Un revuelo de papeles la sorprendió y,  rápida sin comprender mucho la situación atinó a recogerlos de inmediato. El causante del choque humano hizo lo mismo y entre ambos juntaron presurosos los escritos que escaparon de su contenedor. Sin palabras, un simple cruce de miradas a pocos centímetros del suelo con la complicidad de la muchedumbre desplazante, bastó para que esos ojos dulces y tristes a la vez, negros o color café, daba igual,  no se borraran de sus recuerdos juveniles jamás. Un punzón latente se incrustó en su pecho, en el alto corazón dónde aquellas emociones imborrables se guardan y se duermen. Por esas cosas…

Peregrino

Pasaba de paso casi todos los días, por ese lugar distinto, único, donde los aromas embriagaban y los sutiles sonidos adormecían. Nunca se había detenido a contemplar la belleza de las pinturas colgadas al descuido en la pared ni los colores de los tapetes púrpuras y malvas, ni menos los tapices reproduciendo sagradas figuras. Nunca había imaginado la presencia celestial del Maestro que todo justificaba. Ese día se detuvo en el doyo y escuchó su palabra. Entró en el salón y se sentó sobre la alfombra tupida. Aprendió a escuchar y a observar el Mundo. Se enamoró de la vida.
2013

Observadora

Los veía moverse constantemente. Algunos saltaban, otros gritaban, todos festejaban algo. No advertí motivo especial. Me convencí: festejaban la vida. Mis ojos no lograban distraerse de la escena. Sus actitudes podían pertenecer al aquí y ahora o representar ritos del pasado. Gesticulaban exacerbadamente. Se comunicaban a través del lenguaje oral, pero a tal volumen que las palabras vibraban en el ambiente de modo no inteligible. Sus atuendos, muy coloridos, sugerían una especie de arcoiris en ostensible combinación con el entorno vital. Casi todos tenían las mismas dimensiones. De pronto, se incorporó al grupo, un integrante que llegaba retrasado. Por mi parte, intentaba concentrarme en la lectura del último libro de Haruki Murakami que acababa de comprar y que me había propuesto revisar, mientras bebía un juvenil vaso de café mocha. El resultado: “Negativo”. El recién arribado fue recibido con sonidos eufóricos. Brincaban, se abrazaban, uno se subía sobre la espalda del otro, dejand…

Café Express

Esa mañana, como tantas, mientras tomabas el café humeante, te miraba. Yo estaba del otro lado de la barra, secando tazas y pocillos de loza blanca con el logo del bar. De tanto en tanto, alzaba la vista para contemplarte,   para deleitarme en ver cómo sorbías la espuma, cómo te rascabas la cabeza, tal vez por el calor de los radiadores o retirabas la bufanda gris, o la a cuadros rojos y negro del cuello. La calefacción estaba alta. Un cortado fuerte con una medialuna me desplazó de la contemplación. La puerta vaivén con gruesos herrajes de bronce adheridos a los vidrios fuertes de sus hojas, dejó entrar el frío húmedo de junio. Me estremecí, y no por la  humedad gélida que se acababa de colar en el salón. Una mujer rubia, delgada y  esbelta, entró, sentándose a tu lado, luego de darte un beso fugaz en la mejilla. Abrió un maletín de cuero marrón, colgó su cartera original, también de cuero, en la silla e inició una conversación  inaudita parte, por largo tiempo, por lo menos eso me par…

Una noche

Una noche 
El campo clamaba por un poco de agua. El Pancho, apurado, estaba arreando las vacas ya que pronto llegaría la noche. Cuando terminó de encerrarlas en el corral parecía que el cielo se venía abajo. Rumbeó para el rancho y en mitad del camino casi quedó ciego por el refucilo que iluminó todo. “Mala noche”, reflexionó. “A ver si entoavía anda por ahí la luz mala", se dijo.  Unas nubes negras que avanzaban a gran velocidad, le daban la sensación de venírseles encima. “Y falta un trecho pa´ llegar a las casas”, pensó. Viendo una de aquéllas, muy espesa y amenazante, parada justo enfrente suyo, se imaginó que habría que librar batalla. Según su entender, tenía forma de diablo. El Pancho no se achicó, se quedó quieto, como helado, ante el monstruo y en ademán de tomar el facón de su cintura, metió la mano en el bolsillo trasero de su bombacha, sacó una crucecita de madera que llevaba siempre consigo y se la presentó a la nube diabólica, semejante ahora, a esas gárgolas de los…

Descubriéndose

Esa mañana, pasaba caminando rápidamente por el frente de aquella librería,  cuando alcanzó a escuchar una voz femenina que lo llamaba Se detuvo. Era una empleada del local comercial, quien le informó: “Señor, ayer estuvo Usted comprando un libro de Metafísica y olvidó su billetera, aquí la tiene” dijo, extendiendo su mano, para entregársela. “Que distraído soy”, comentó y agradeciendo su gesto, continuó viaje. Llegó al Bar donde debía encontrarse con un amigo. Luego de la charla, cuando se dispuso a pagar, notó con sorpresa que tenía dos billeteras. Abrió la que no le pertenecía y vio su fotografía asomando de uno de sus compartimentos. Seguramente, esa foto habría inducido a la empleada a pensar que el comprador distraído había sido él. Hurgó ansioso en su interior, y descubrió una tarjeta con nombre, apellido, domicilio y teléfono. Desde su celular llamó al número indicado y concertó una cita con el dueño de la billetera, quien accidentalmente había estado, al igual que él, el mism…

Bellas y sabrosas

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Una galería inolvidable de Bodegones de frutas del Siglo XIX-XX-XXI

Las frutas, maravillosas y al alcance de la mano, nos fueron provistas por la Naturaleza para nutrir nuestro cuerpo. 

El artista, las ha admirado plasmándolas en sus obras como una visualización de la riqueza natural que nos rodea. Ese interés por la pintura de frutas continúa vigente en pleno siglo XXI .

De la mano del pincel sensible de aquellos pintores que han reparado especialmente en ellas, las frutas, asistimos a esta exposición como parte del colofón al tema del género del Bodegón o Naturaleza muerta y sus composiciones apasionantes.

Pintores invitados del Siglo XIX-XX:


Eugene Henri Cauchois



Gustave Caillebotte
Salvador Dalí  Alejandro Alonso Rochi

Andy Warhol



Pintores invitados del Siglo XX-XXI:

Fernando Botero 
Gioacchino Passini

Nikolai Shurygin




Alexander Saidoff
María Illeva



Eugene Henri Cauchois