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Mostrando entradas de marzo, 2013

¿Casual?

Pepi Soler había llegado a la edad en que la mujer luce espléndida: 45 años. El amor había intentado entrar en su vida varias veces, pero ella nunca lo había aceptado con decisión. Vivía si se quiere feliz, con seguridad, independencia y en soledad, concientemente sola. Esa mañana hubo de llegar al Banco Regional, no muy temprano. Hizo la fila como las reglas mandan y se quedó mirando sin ver, con sus pensamientos dormidos. La serpenteante multitud la emparejó con un apuesto joven de unos 30 años, calculó, Pepi.
"¡Qué apuesto es este mocoso!", se dijo y se ruborizó sin saber. De repente sus miradas se encontraron ante un avance de la columna de usuarios y el chisporroteo energético fue casi visible al ojo humano. Desde ese instante el nerviosismo se apoderó de Ella. "Pero qué tonta. ¿Qué me pasa?", se preguntó, en el ahora ruidoso mundo de su mente. El muchacho no le quitaba la vista de encima con educada cautela. La fila parecía, ahora, no avanzar. Tan ingenuamente i…

Monólogo

Ibas a entrar, estoy convencida, porque reconocí tu paso seguro direccionado hacia la puerta alta, de vidrios gruesos y biselados con adornos de bronce, bien pulidos en sus aldabas. Era la puerta del bar de calle Suipacha, ése, de los encuentros fugaces en tardes de invierno y más duraderos en siestas de verano. Ése, donde las mesas y sillas son de madera negra reluciente y los camareros lucen graciosamente camisa blanca impecable y moño rojo al cuello. Entrabas justamente a ese Café porteño donde el tango está ausente porque las voces de los LCD invaden el ambiente con noticias de futbol o política salvo, cuando de vez en cuando, si un monitor se apaga, puede escucharse a Shakira o a Charly en sus antiguas versiones de rock. Este bar, querido mío, ya no ostenta la media luz de hace veinte años atrás, sino que por el contrario, lasdicroicashieren la vista. Te vi esquivo, te sentí cobarde. Pero. . . ¿Qué estaba pensando? Aparté de mi mente ese pensamiento. Era casi soberbio. ¡Hacía ta…

El ritual

Este Cuento ha resultado finalista en el I Concurso Internacional de Cuento Breve: “Cada loco con su tema” organizado por el GrupoEditorial Benma S.A. de CV, de la ciudad de México. DF (Junio 2012-Febrero 2013) habiéndose extendido la constancia respectiva.
En cada estertor que la vieja y crónica tos catarral le provocaba, acababan asomando a sus cansados ojos grises,  sendas lágrimas vidriosas, que cuidadosamente secaba con un pañuelo de fina batista. Se calaba entonces las gafas, y continuaba la acostumbrada lectura. Durante su permanencia mensual en la casona, Angélica se apostaba en el marco de la habitación todas las tardes,  casi a la misma hora, para cumplir con su diaria tarea, preguntando: “¿Quiere que le sirva el té, abuela?” Por respuesta, Mercedes siempre formulaba idéntica pregunta: “¿ya es hora?” disponiéndose a beber la taza de humeante Earl Grey que su nieta le acercaba. Disfrutaba la ocasión con soltura y gratitud. A su memoria llegaban repetidos recuerdos vinculados c…

En la Librería

El joven que atendía la fotocopiadora, tenía los ojos más tiernos que Elena, jamás había visto. Hacía dos meses, desde que se había mudado al barrio, concurría casi diariamente al lugar. Conforme con sus escasos recursos, se acomodaba para disponer de las fotocopias que le permitirían, salir del paso en el estudio. Era un cotidiano placer reflejarse en la mirada de Juan. Comenzaron hablando de sus pueblos de origen y terminaron entonando juntos un canción rockera y popular, alentados por una cerveza escondida. Sin embargo, un mostrador siempre los separaba. Aquel sábado al mediodía, sin clientes en la librería, Elena asistió igualmente por sus copias. Esperó que se fuera el personal, pagó a Juan el trabajo y comenzó la conversación, esta vez sobre los árboles frutales de la quinta del abuelo del joven. Entre risas y relatos, un movimiento oportuno, motivó la cadenciosa caída de las fotocopias. Se apresuraron a recogerlas y, a pocos centímetros del suelo, sus alientos y miradas se encon…