Si supieras

Esa mañana, como tantas, mientras tomabas el café humeante, te miraba. Yo estaba del otro lado de la barra, secando tazas y pocillos de buena porcelana. De tanto en tanto, alzaba la vista para contemplarte,   para deleitarme en ver cómo sorbías, cómo te rascabas la cabeza, tal vez por el calor de los radiadores o retirabas la bufanda gris del cuello. La calefacción estaba alta. Un cortado fuerte con una medialuna me desplazó de la contemplación. La puerta vaivén con gruesos herrajes de bronce adheridos a los vidrios fuertes de sus hojas, dejó entrar el frío húmedo de junio. Me estremecí. Una mujer rubia, delgada y  esbelta, entró, sentándose a tu lado. Abrió un maletín de cuero negro, colgó su cartera valiosa, también de cuero en la silla e inició una conversación  inaudita parte, mientras tú le regalabas la más hermosa expresión de credulidad. Se levantaron y tú la tomaste por la cintura, un poco desdibujada por el grueso sacón que el invierno imponía. Ya en la vereda humedecida por la neblina matinal, la besaste y no pude ver más. Restregándome las manos dejé encerrada mi fantasía en la máquina de café Express hasta el otro día.


2011

Comentarios

  1. Lo había leído pero vale la pena releer.
    abrazo.

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  2. Hola, Zunilda:

    Qué bonitos son los sueños de amores, amores platónicos llenos de fantasía. Mañana sera otro día.

    Muchas gracias por visitarme y por tus generosos comentaros.

    Un abrazo.

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    1. Gracias, Rafael. Un abrazo perfumado con aroma de lavandas frescas.

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  3. ¡A ver si tengo suerte con el comentario! Zuni me encanto este microrelato y tu inmenso poder de síntesis. Es estupendo. Un abrazo!!!

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    1. Kummel: Gracias por estar, Gus. me alegra que estemos en contacto nuevamente. Un abrazo amigo y si puedes escríbeme para ver si ingreso al Directorio Arjo.

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Mi agradecimiento por tu conexión.

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