Las cuentas

Mientras Pedro afeitaba hábilmente la barba de un cliente, Clara, su nieta mayor, controlaba el cuaderno de contabilidad de la Peluquería, tal como lo hacía cada fin de mes por encargo exclusivo de su madre. Revisaba una a una las entradas y salidas, el Debe y el Haber del negocio.
Con su calculadora en la mano y mientras formulaba las cuentas, recordaba que con mucho esfuerzo, su madre y su tío le habían instalado la peluquería al abuelo en el garaje de su humilde casita, para que se entretuviese nomás.




La viudez lo había golpeado primero, y unos años más tarde, la jubilación. La soledad dura de la última etapa del camino, lo agobiaba sin resignación.
La Peluquería había sido la solución más acertada para combatirla medianamente.
En su recuento, a Clara los números no le daban; salía más que entraba. Ese día, por fin, la joven habría de encontrar la prueba respaldatoria del déficit.
Tamaña fue su sorpresa al ver que aquel hombrecito, bien afeitado y con un perfecto corte militar se retiraba sin pagar. Clara esperó que llegara la hora de cerrar y luego de ayudar a su abuelo a colocar trabas y cerrar cerrojos, ya a solas, se le acercó tomándolo del brazo en gesto cariñoso y con la mejor manera comentó la reciente situación. El peluquero, se quitó los anteojos, se restregó los ojos cansados y mirándola con desconcierto, le contestó con una pregunta: ¿Quién se fue sin pagar?

2016


Las pinturas que acompañan cada cuento pertenecen a Vladimir Volegov, pintor ruso contemporáneo
www.volegov.com

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