El balcón




Entre nubes tenues de color rosa,  Magdalena se movía lentamente sin poder acelerar su marcha. Los pies le pesaban, las piernas no le respondían y ya casi se resignaba a no llegar  hasta el amplio balcón con macetones de florecillas azules y petunias rojas, donde su abuela tejía al atardecer.  De repente,  una brisa fresca onduló sobre su cara y se sintió mejor, a tal punto que logró asirse de la baranda de madera de su destino final. Cuando se asomó al vacío, divisó el mar azul, ése que tanto amaba y que le engullera su esperanza adolescente.  Volaría hasta él.  Pero un zamarreo en su hombro la hizo reaccionar. Cuando despertó, su abuela había abierto el ventanal y regañándola, la invitaba a levantarse.

2012


Las pinturas que acompañan cada cuento pertenecen a Vladimir Volegov, pintor ruso contemporáneo

www.volegov.com

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