Alejandra Dumont

Estaba parada en la esquina, con su traje gris y su cartera apretada bajo del brazo. Su otra mano sujetaba un portafolio reluciente. El trolebús se detuvo a pocos metros y la muchedumbre de adolescentes la envolvió. Sonó un estrepitoso timbre desatando en ella una taquicardia repentina. El día había llegado.


_ ¿No entra? Srta. Dumont. La sugerencia, más que la pregunta emitida por aquél hombre mayor de gruesas gafas oscuras, la volvió a la realidad.
_ Sí,  Profesor, contestó Alejandra con tono de disculpa.
 Resignó su título habilitante, mientras el susurro de su necesidad la acompañó hasta el aula. 

2011



Comentarios

Publicar un comentario

Mi agradecimiento por tu conexión.

Entradas populares de este blog

Rosas

Enamorándonos

Homenaje a las flores V